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En una entrevista brindada a este medio hace 12 años, José René Moreno enumeraba las cualidades que debe tener un buen compositor: sensibilidad, creatividad e inspiración. 

Sin duda, el hombre que está por cumplir 90 años, demostró a lo largo de su vida que cumplió a cabalidad con estas condiciones. Sin embargo, siempre le costó definirse como un compositor y prefiere decir que es creador, porque “creo música sin necesidad de sentarme a escribirla en el papel, porque la música aflora, fluye espontáneamente y, muchas veces, se genera en el subconsciente”.

Una velada artística, que nació como iniciativa de la Fundación Amor por la Cultura, permitió reunir la semana pasada a una decena de artistas locales, que rindieron homenaje a uno de los creadores más grandes de la música boliviana y una de las influencias más notorias en varias generaciones de cantantes, autores y compositores nacionales.





Recuerdos. Sus familiares guardan como tesoros las
medallas, plaquetas diplomas o nombramientos que José René
Moreno ha recibido a lo largo de su vida.



2. Hijo. Toño Moreno quiere digitalizar la música inédita
que grabó en casetes.

3. Cantante. Rosalía Peña, madre de Toño e intérprete de “El
aguilillo”.

Años de gloria

Antes de que Gladys uniera a Bolivia con su música, otro Moreno logró algo similar. José René Moreno Kreidler estudió en el colegio Alemán Franciscano de San Ignacio de Velasco, población en la que nació y vivió hasta sus 14 años.

Allí se acercó a la música y al canto. Luego estudió en el colegio La Salle, de Cochabamba, donde aprendió a tocar guitarra, lo que antes no tuvo oportunidad de hacer porque sus padres se lo prohibían. “Los padres siempre relacionaban la guitarra con el trago”, decía.

Comenzó sus estudios de guitarra en 1949 y, cuando se dio cuenta de que podía dedicarse a la música, las oportunidades no le faltaron. En 1955 integró el trío Los Pascaneros junto con Fito Zambrana y Godofredo Núñez. Luego viajó a La Paz para estudiar Ingeniería Industrial. Allí tuvo la oportunidad de cantar como solista en la radio, cuando se encontró con Juan Melazzini, que vivía en el popular Barrio de San Pedro.

 “Juancito era concertista de guitarra clásica igual que su padre. También cantaba música mexicana. A mí me gustaba lo mismo así que aprendí mucho de guitarra con la familia Melazzini. Poco a poco yo fui el que dirigía, así que comenzamos a intercambiar criterios lo que finalmente derivó en la creación del dúo Los Cambas, que, posteriormente, con la llegada de Miguel Butrón, se transformó en un trío”, afirma Moreno.

Previamente, había creado el conjunto Los Kory Kentis, integrado por Silvestre Oporto, José Zamora y Juan Melazzini. Este grupo acompañó al cantante chileno Pedro Telmo, cuando se estrenaba el vals canción Yo quiero un mar para Bolivia.

En agosto de 1958, integraba el Trío Bolivia, junto a los compositores Jaime Medinaceli y Godofredo Núñez, se presentó en el Gran Festival Mundial de la Juventud, realizado en Moscú, donde Bolivia obtuvo el segundo premio. Al retornar de la gira, reorganizó Los Cambas, al que se unió la voz de Arturo Sobenes.

El grupo llegó a tener un éxito tal en el país que, a la salida de los recitales en emisoras, como radio El Cóndor o Altiplano de La Paz, generalmente, los aguardaba una muchedumbre de fanáticas que los hacía huir, en una imagen similar a lo que por esos años ocurría en Estados Unidos con Elvis Presley o, poco después, con la ‘beatlemanía’.

Entre los éxitos más resonantes de Arturo Sobenes y Los Cambas se encontraban Pan de arroz, El cocoróco y El negrero, registrados en el disco Bolivia y su Música, que se editó en Brasil por el sello RGE. Fue uno de los discos más vendidos de la historia de la música boliviana.

Pero, como todo tiene un final, la historia de Arturo Sobenes y Los Cambas terminó. “Luego de grabar el disco Bolivia y su música, un empresario brasileño nos habló para llevarnos a Europa por seis meses. Yo estaba recién casado, mi hija de meses y ya había egresado de ingeniero industrial, así que les dije a mis compañeros: ‘lo lamento mucho, pero no puedo continuar’. Eso fue en 1958, hasta ahí llegaron Los Cambas. Desde entonces dejé la interpretación y me dediqué a la composición y a ejercer mi profesión”, recuerda Moreno.

De esa manera, la música se perdía de un grupo que reunía todas las condiciones para triunfar en grandes escenarios del mundo, pero Bolivia ganaba un creador, que no abandonó nunca el arte, a pesar de ser un profesional destacado del emergente y pujante sector industrial cruceño.



Producción

Pan de arroz, El carretero, Ame Tauná, Mi viejo Santa Cruz, El aguilillo, Ecos de mi guitarra, Me voy pa’l buri, Paica en Carnaval, Prenda amada Gaviota viajera fueron algunas de esas piezas que José René Moreno regaló al país, de la mano de grandes poetas, como Arturo Pinckert, Antonio Landívar Serrate, Luis Darío Vázquez y Hernando García Vespa, que lo acompañaron a lo largo de su vida y pusieron letras a esas inolvidables melodías.

Y su espíritu colaborativo no fue menos con los intérpretes, especialmente con las voces femeninas, a las que cedió algunas de sus mejores creaciones. Enriqueta Ulloa, Carmencita Justiniano, Sonia Barrientos y Alenir Echeverría son algunas de ellas.

Con otras, la colaboración artística llegó de la mano de la relación sentimental. Moreno Kreidler se casó con Rosalía Peña, que fue la primera en cantar Viva mi tierra linda, que quedó como la versión más conocida de la chobena, al igual que su interpretación del carnaval El aguilillo.

“Muchos tal vez no se acuerdan de ella como artista, pero cantó varias canciones de mi padre. Hay gente que la escucha y sigue confundiendo su voz con la de Arminda Alba, incluso, en varios videos de YouTube le colocan el nombre equivocado”, menciona su hijo José Antonio Moreno, ‘Toño’, que da continuidad a la tradición musical heredada de su padre, junto con su hermano menor Luis Fernando.




5. Folclore. Tanto en Los Kory Kentis, como en Los
Cambas, René Moreno exploró la música andina.

6. La voz. El disco de Arminda Alba, con canciones de José René Moreno, que hizo popular a la cantante cruceña.

7. Grabación. Bolivia y su música, de Arturo Sobenes y Los Cambas, fue grabado en Brasil. Vendió miles de copias en Bolivia

José René Moreno también se casó con la cantante Hilda Vargas, relación que marcó su incursión en la música vallegrandina, con una serie de kaluyos creados con su propio sello.

No obstante, fue la voz de Arminda Alba la que quedó registrada como la intérprete por excelencia de la música de Moreno en el disco editado en 1982, que incluía el clásico Mi viejo Santa Cruz.

Dentro de esa capacidad e ingenio artístico, creó el guitarrín, una adaptación del charango, pero con seis cuerdas simples.

El carretero es un tema emblemático de esta tierra y una muestra de la infinita inspiración de un maestro como el ingeniero José René Moreno. Yo he sido afortunada por haber mantenido una amistad con él, que, en su momento, desempolvó algunos temas para dármelos”, expresa Sonia Barrientos.

Toño también desempolvó una caja con una treintena de casetes que incluyen más de un centenar de piezas inéditas grabadas por su padre. Es parte de una herencia que pretende perpetuar a través de diversos proyectos que tiene en mente, con el fin de que la obra de José René Moreno perdure.

“Papá una vez nos dijo, a mí y a mi hermano: “Si quieren dedicarse a la música, tienen todo mi apoyo, pero no se olviden de que estamos en Bolivia. Siempre tuvo fama de caduco, porque, quizás, no quería desprenderse de algunas ideas, pero quién le iba a discutir a alguien con su conocimiento de la música. Yo le doy, totalmente, la razón cuando dice que, más que un compositor, es un creador. Para mí, José René Moreno es la música cruceña por excelencia”, asegura José Antonio.

4. Leyenda. Arturo Sobenes, Juan Melazzini, José René Moreno y Miguel Butrón. Los Cambas en una radio paceña.

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