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DANIEL CHIN. FOTO

Llama la atención por su piel nívea, por su pelo rubio claro y las cejas y pestañas de la misma tonalidad. La gente la mira en la calle y no falta quien le pregunta porqué es así. Pero Nashmi Daguer Cortez no se inmuta ante los curiosos y ya perdió la cuenta de las veces que tuvo que explicar que es albina y qué significa esta condición.

Tiene 18 años, nació en Trinidad, pero creció en San Borja (Beni) y desde hace un tiempo vive en Santa Cruz de la Sierra, donde estudia Ingeniería Comercial.

Albinismo

Nashmi habla con naturalidad sobre el albinismo ya que, obviamente, investigó y leyó mucho sobre él. Detalla, casi como una enciclopedia, que es “un transtorno genético que produce la reducción o ausencia del pigmento en la piel, ojos, cabello, cejas y pestañas y hace que tenga ausencia de color en su cuerpo”. Dice que es la explicación que repite una y otra vez.

A causa del albinismo, necesita cuidados especiales en su día a día. Se debe proteger mucho del sol, exponer el menor tiempo posible y usar bloqueadores potentes en todo el cuerpo.

De igual manera, las gorras, sombreros y ropa que cubren las áreas de piel más delicada conforman su vestimenta obligatoria.

“Los cuidados se han vuelto una rutina. Con ellos puedo ir a la piscina y vestirme a la moda, como me gusta, sin necesidad de cubrirme enterita”, explica.

Y tan normal es su juventud, que en el colegio practicaba atletismo y ahora entrena en el gimnasio o al aire libre cuando puede. “Mi familia y mis profesores no querían que pase Educación Física, pero yo me ponía short y me iba a la cancha, porque jamás me gustó limitarme”, cuenta.

Recuerda que muchas veces sintió que los adultos la sobreprotegían y la trataban como si estuviera enferma. Entonces, se propuso demostrarles que estaba sana y así fue ganando más espacio e independencia en sus actividades.

Única

Confiesa que cuando era chica le molestaba un poco que la gente la mire tanto, pero, con el tiempo, comprendió que es normal que las personas sientan curiosidad por lo diferente.

Revela que entre las preguntas insólitas y muchas miradas desconcertadas, hubo un comentario que le provocó un ataque de risa, y fue el de una niña que le dijo que se parecía a Elsa, la princesa del frío en la película Frozen.

Aunque le gustaría hacerlo, hasta ahora no conoce a otra persona, fuera de su familia, que tenga su condición. Su hermano Tiago, de 11 años, también la tiene y ella es su guía sobre los cuidados y, principalmente, para que se sienta seguro y orgulloso de ser único.

Nashmi está convencida de eso, cada persona es especial, con características y virtudes diferentes. “La belleza única es la que más impacta y la que trasciende”, afirma.

Frente a las cámaras

Es la primera vez que realiza una sesión profesional. El fotógrafo Daniel Chin la conoció y de inmediato le propuso capturar su belleza. Al principio dudó, pero no puso resistirse a la tentación de ver cómo quedaría.

La productora y maquilladora Sofía Gala estuvo a cargo de su imagen y de su arreglo. Le explicó que el rostro de las modelos es como el lienzo sobre el que pinta un artista. Y así trabajó sobre ella, y siente que logró reflejar la esencia de su ser. Le encantó que no disimule, sino resalte lo que es Nashmie.

Y del trabajo del fotógrafo ni qué hablar, ahora está convencida de que estos profesionales crean arte explorando los cuerpos, la luz y los ángulos. “Si antes me sentía bonita, ahora creo que soy bella y, sobre todo, especial”, exclama.

Modelaje

Hace algunos años fue azafata en ferias y eventos en su departamento natal, Beni. Ahora, que siente que pasó una prueba de fuego con los nervios para las cámaras, se animaría a posar nuevamente y hasta aceptaría realizar campañas publicitarias. Sus 1,69 metros de estatura la favorecen.

Fotografías sí, pasarelas no, eso lo tiene claro.

Expresa que admira a las magníficas Andrea Herrera y Verónica Larrieu, y también a la miss Bolivia Lenka Nemer. Algún día le gustaría ser tan segura e imponentes como ellas, pero también inspirar a otras mujeres a serlo.

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