23 de septiembre de 2022, 4:00 AM
23 de septiembre de 2022, 4:00 AM

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, se embarcó en febrero en una mortal aventura de guerra al invadir Ucrania; ocho meses después no logró su objetivo de controlar el territorio ocupado y, por el contrario, las cosas le están saliendo muy mal por una eficaz contraofensiva de Kiev que está logrando recuperar territorios y hacer huir a los soldados rusos.

La respuesta desesperada de Putin fue ordenar que se movilice a 300.000 reservistas para que vayan a matar o morir al frente de guerra y amenazó con utilizar todos los medios a su alcance, incluido el armamento nuclear, en su ofensiva contra Ucrania. Putin se esforzó en recalcar que no se trata de un bluf ni de un chantaje nuclear, y recordó, otra vez amenazante, que algunos de sus medios de destrucción son más modernos que los de los países de la OTAN.

La reacción inmediata dentro de la propia Rusia fue el inicio de protestas callejeras de ciudadanos que se oponen a los nuevos reclutamientos, que ya dejaron más de 1.000 detenidos. La oficina fiscal rusa recordó, también en tono de amenaza, que las convocatorias en internet para unirse a esas protestas o participar en las movilizaciones pueden costarles hasta 15 años de prisión.

Ese mismo día, los billetes de avión desde ciudades rusas a destinos que no exigen visa se agotaron, pese a los precios astronómicos que alcanzaron porque la gente prefiere huir a continuar viviendo la pesadilla de una guerra que claramente no quieren y que se hace solo porque así se le ocurrió a Putin.

Decenas de miles de rusos huyen antes de que Moscú ordene el cierre de fronteras porque no quieren ir a una absurda guerra fratricida y sin sentido. Así lo declaran a los medios de comunicación escondiendo sus identidades por miedo a sufrir represalias del Gobierno de Putin.

El miércoles se agotaron los pasajes directos de Moscú a Estambul (Turquía), Ereván (Armenia) y Belgrado (Serbia), y los vuelos considerados ‘baratos’ a Dubái alcanzaron precios de 5.000 dólares.

Una imagen de la aplicación FlightRadar grafica de manera dramática la masiva huida de rusos en vuelos: desde un solo punto, que señala a Moscú, se ve como centenares de aviones parten a ciudades fuera de Rusia, bordeando el territorio en guerra de Ucrania, por donde no hay sobrevuelos comerciales por razones obvias.

Muchos otros ciudadanos buscaban cómo salir de Rusia por tierra antes de que los guardias fronterizos comenzaran a hacer control de la edad de las personas, porque si están en los años que contempla el llamado a nuevos reservistas, probablemente no podrían cruzar la frontera.

Los ciudadanos rusos tienen miedo, y es natural: a nadie le gusta ir al frente de guerra a morir, como está ocurriendo en estos días, y así lo reflejan los informes periodísticos que llegan desde Rusia, donde prevén que Putin no dará un paso atrás y continuará adelante con su guerra ‘hasta el último ciudadano ruso’.

Putin está desesperado. Por eso recurre a reclutar a nuevos reservistas y a amenazar con utilizar armas nucleares. En alguien con su mentalidad, que atacó Ucrania para conquistar nuevos territorios, que inventa falsos argumentos contra el Gobierno de Kiev al que llama ‘neonazi’, que controla la propaganda rusa sobre la guerra caracterizada por la mentira, todo es posible.

El mundo debe permanecer alerta. Cada época de la historia tiene su dictador capaz de cualquier locura. El de este tiempo se llama Vladimir Putin.

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