Opinión

La cultura como herramienta del desarrollo en Latinoamérica

18 de octubre de 2021, 5:00 AM
18 de octubre de 2021, 5:00 AM

“Por lo tanto: sobre esas bases no se puede construir una democracia genuina, instituciones que funcionen y no se pueden hacer reformas que dejen resultados productivos que deberían dar. En ese campo, por desgracia, no se hace casi nada. La cultura es la menor de las prioridades (…) en ese aspecto hay una falta de conciencia terrible en América latina”.

Dicha aseveración otorga un espacio suficiente para concluir que, en comparación a otras latitudes, Latinoamérica mantiene una brecha y falta de compromiso por avanzar responsablemente en su expansión y aprecio por la cultura desde una perspectiva que trasciende esa desacertada suposición de que, al hablar de cultura, solo se está refiriendo a lo meramente intelectual. Porque la cultura no solo confiere más sabiduría sino que, además, aporta las herramientas necesarias para que la sociedad esté mejor organizada para evaluar y fiscalizar el rol del Estado y el comportamiento de sus instituciones; resulta imperativo, además, desprenderse de la errónea, pero global interpretación, que lo cultural solo se refiere a una alta cultura elevada de carácter a un carácter estrictamente erudito y patrimonio de una élite herméticamente enclaustrada en torno a cuatro paredes. Cuando la verdad es que hacer cultura ya no puede ni debe ser monopolio de las minorías gracias, en parte, a la interacción y traspaso de información que hoy conceden los medios de comunicación.

Según el premio nobel de economía Joseph Stiglitz, el tomar decisiones en base a criterios ideológicos no resuelve los problemas, es más, estos se acrecientan porque solo representan los intereses de quienes ejercen el poder.

Son los miembros de las élites civiles latinoamericanas, en primer término, los que debiesen poseer el compromiso de catalizar ese debilitado vínculo social que nos caracteriza y que fermenta la iniciativa ciudadana dentro del espacio público. El cambio difícilmente provendrá de la clase política –a pesar de que también debiera promoverlo– debido a que los tiempos en política son vertiginosos y circunscritos a metas y prioridades que generalmente oscilan en torno a conservar el poder.

No basta con declarar, a los cuatro vientos, los mayores deseos de participación ciudadana, de más tolerancia, más libertad, más pluralidad, más diversidad (¿más democracia?), ya que aún debemos contrarrestar una serie de patologías sociales que han desencadenado pérdida de confianza, erosión de la moralidad pública y una reducción de la intervención de los civiles en el espacio de lo público.

Por lo tanto, así como se hace prioritaria la necesidad de mantener equidad entre poder gubernamental y la capacidad de respuesta del Gobierno, la importancia de una activa cultura cívica debe ser comprendida por la totalidad de las mentes latinoamericanas. Solo así las élites, tanto civiles como políticas, lograrán aprender a responder, canalizar y retroalimentar los deseos y las demandas de la ciudadanía. Tener claro el alcance de las instituciones cívicas (clubes, juntas de vecinos, iglesia, asociaciones de padres de familia, fundaciones, centros de estudios, colegios de profesionales, etc.) resulta fundamental, ya que desempeñan una serie de funciones para que la sociedad se desenvuelva y son el punto de partida para socializar a las personas y lograr convertirlos en adultos solidarios, respetables y confiables.

Sergio Arturo Alemán Menduiña es Presidente del Colegio de Politólogos de La Paz

Tags