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La desinformación se ha profesionalizado

Javier Medrano 22/1/2021 05:00

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Una vez que tuvieron la certidumbre de que Donald Trump había perdido las elecciones, Twitter, Facebook e Instagram desterraron de sus plataformas al presidente de uno de los países más poderosos del mundo. Algo completamente inusual y que hasta los detractores más acérrimos de Trump, calificaron como una medida peligrosa por atentar contra la libertad de expresión y discriminatoria porque otros dictadores continúan escupiendo su veneno en todas las redes sociales, como es el caso de Erdogan, Maduro, Bolsonaro, Putin, entre otros.

El peligro radica en el poder de las plataformas digitales para amplificar mensajes falsos, erróneos o campañas homofóbicas, racistas, teorías conspirativas y otras taras que generan adhesiones fanáticas, las mismas que provocan divisiones y enfrentamientos de las sociedades.

Las redes sociales, de hecho, se han convertido en un caldo de cultivo agresivo para la propagación de ideas extremistas, sin ningún límite que pueda frenar su dispersión. Desde reclutamientos de jóvenes para ISIS hasta la defensa obtusa de teorías descabelladas como los terraplanistas.
Entre el primer mensaje y el último que tuiteó Trump (4 de mayo de 2009 y 8 de enero de 2021, respectivamente) pasaron 46.919 tuits originales, impactando a 88 millones de seguidores, logró 390 millones de retuits recibidos y tuvo el respaldo de 1.659 millones de likes en total. Su poder radicó en su capacidad de amplificar una retórica, casi en su totalidad, falsa y mentirosa a través de las plataformas digitales.

Toda esta situación degenera el diálogo político. Banaliza a los políticos, trivializa la gestión pública y el manejo del poder en un show muy peligroso, que obliga a replantear el escenario digital y redefinir la responsabilidad de cada actor en nuestras democracias.

Pero también deja en evidencia la amenazadora incapacidad de los gigantes tecnológicos para controlar lo que se vomita en sus redes. Twitter eliminó, además, alrededor de 70.000 cuentas relacionadas a la agrupación conspiranoica QAnon que defiende que EEUU está amenazado por una élite pedófila mundial en la que participarían Hillary Clinton, el papa y hasta Lady Gaga. Toda una soberana chifladura mental, pero que arrastra miles de seguidores.

Para los especialista, detrás de Trump, las redes deberían cerrar las cuentas de casi todos los Gobiernos del mundo, porque todos mienten, de hecho, de acuerdo a estudios de veracidad y control de hechos, son los grandes proveedores de bulos en la actualidad.

Según un estudio del Oxford Internet Institute, las campañas organizadas de desinformación en internet operan ya en 81 países, 11 más que en 2019, y son los Gobiernos y los partidos políticos sus principales productores. Su informe revela que hay empresas privadas de intoxicación y propaganda trabajando para Gobiernos de 48 países y solo el año pasado se gastaron 60 millones de dólares en bots y estrategias de amplificación para manipular la conversación en las redes sociales.

La desinformación se ha profesionalizado y ahora se produce a escala industrial y global.

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