5 de abril de 2023, 4:00 AM
5 de abril de 2023, 4:00 AM

El Movimiento Al Socialismo luce dividido. Eso es lo que proyecta ante la opinión pública y, aunque hay señales profundas, aún quedan dudas en varios analistas acerca de si las últimas escaramuzas entre Evo Morales y Álvaro García Linera son auténticas o una puesta en escena conveniente. Lo que queda claro es que la fisura de la fuerza política gobernante está causando un fuerte impacto en la realidad de los bolivianos.

El episodio más grave, que va más allá del ida y vuelta de los dirigentes, es que se amenace, nada más y nada menos que al vicepresidente del Estado, David Choquehuanca, si se atreve a ir a Chapare sin permiso de la dirigencia. “No somos responsables de las acciones que tomen las centrales y los sindicatos de base”, sentencia el comunicado de los dirigentes interculturales del trópico de Cochabamba, que es el feudo de Evo Morales, el único lugar del territorio nacional donde es amo y señor. Quiere decir que la segunda autoridad más importante del país no tiene libre circulación en esa porción del territorio nacional, lo cual es delictivo e inconstitucional.

La lucha escaló también a que Evo Morales decida desmarcarse del Gobierno, al asegurar que los que gobiernan no son de su partido y, aunque no sea cierto, le plantea un escenario complicado al presidente Arce, quien necesita votos en la Asamblea Legislativa para aprobar normas que darán oxígeno a la economía, como la Ley del Oro. Habrá que preguntarse si la sentencia del expresidente también significa una declaratoria de guerra en las calles, vía protestas sociales, para poner en apuros, cuando no desestabilizar a la actual administración.

En medio de este escenario aparece un Álvaro García Linera, que haciendo gala de oportunismo, pretende pescar en río revuelto. Se sabe que ha coqueteado con el vicepresidente, David Choquehuanca, y que también buscó a su pupilo Eduardo del Castillo para recuperar los hilos que mueven el poder. El alejamiento con Evo Morales parece tener larga data, desde que ambos estuvieron en Argentina -tras escapar del país en 2019-, ya que no se los vio operar juntos.

¿Hay alguna ganancia para los bolivianos en esta pugna? Se podría decir que es la exposición de muchos hechos de corrupción que, si estuvieran unidos, quedarían debajo de la alfombra del poder. No obstante, con la justicia funcional que hay en Bolivia, las acusaciones de grueso calibre quedan en los titulares del periodismo, porque el Ministerio Público se lava las manos y no se mete, quizás calculando estar bien con Dios y con el Diablo.

La pérdida más grande tiene que ver con la falta de gestión a todo nivel. Los actores del poder están tan entretenidos afinando su puntería que tienen al país en malas condiciones. Algunos ejemplos: la inseguridad ciudadana está en aumento con tiroteos y muertes que quedan en la impunidad; la exportación de droga boliviana se pone en evidencia en sendos operativos en los que se encuentran estupefacientes que salen de este país, mientras que en Bolivia se evita hablar de narcotráfico y a los presuntos narcos se los investiga por legitimación de ganancias ilícitas antes que por la compra y venta de sustancias prohibidas. Hay más, el contrabando perfecciona sus formas y llena los mercados de toda clase de productos ilegales, desde autos hasta alimentos. La economía está complicada y el Gobierno lo niega sistemáticamente, subiendo el volumen a la pugna interna, como si eso resolviera el problema de la falta de dinero en los hogares.

Es cierto que el MAS es el partido más grande de Bolivia, pero sus fisuras internas están causando un grave perjuicio al país, sin que el presidente ponga orden y con el jefe de la sigla como el líder de la oposición política nacional.

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