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9 de abril de 2023, 4:00 AM
9 de abril de 2023, 4:00 AM



Alberto Salamanca K.ć - Abogado y educador

El hecho que cada cerebro sea único y particular nos señala la necesidad de tener en cuenta la diversidad de estudiantes con los que a diario interactuamos, así como el hecho que los docentes seamos flexibles en los procesos de formación y evaluación. Las expectativas de los docentes hacia ellos han de ser siempre positivas aplicando estrategias que desarrollen lo emocional afectivo con lo racional, donde no deben condicionar actitudes o comportamientos pasados negativos.

Las emociones son reacciones inconscientes que la naturaleza ha ideado para garantizar supervivencia que, por nuestro propio beneficio, debemos aprender a gestionar, no erradicar. La neurociencia ha demostrado que las emociones mantienen la curiosidad y nos sirven para comunicarnos, siendo imprescindibles en los procesos de razonamiento, como en la toma de decisiones, es decir, los procesos emocionales y los cognitivos son inseparables.

Una revolución recorre el mundo, la revolución de las metodologías activas, aquellas metodologías o también conocidas estrategias del aula por medio de las cuáles, el proceso de enseñanza – aprendizaje ya no se centra en el “profesor o docente” sino en el “estudiante o docente”.

De esta aplicación metodológica resulta una doble enseñanza-aprendizaje, en primera instancia, que las competencias clave establecen la guía o el norte a donde se dirige el proceso formativo universitario, por lo que requiere una nueva forma de entender la educación superior, dejando la formación bancaria o mecanicista para ingresar en el aprendizaje significativo.

En segunda instancia, permitir que cada asignatura, sea una experiencia para los estudiantes con aproximación a la realidad, es decir aprender haciendo o generando en la práctica la teoría; en otras palabras constituir teoría luego de la práctica.

Esa experiencia práctica de la que se pueda “extraer” o “sacar” conocimiento. Mario Alonso Puig nos dice que la palabra educación en el fondo quiere decir “sacar de dentro”, es decir: “no somos cubos vacíos que hay que llenar sino fuegos internos que hay que encender”, de tal manera que para poder encender esos fuegos internos y generar una estela de fuegos artificiales, debemos aplicar las mejores estrategias en la didáctica del proceso de enseñanza y aprendizaje.

Las estrategias didácticas de metodologías activas de aprendizaje permiten fortalecer competencias y/o habilidades de los estudiantes, decía Paola Arias Isla, especialista de acompañamiento pedagógico. Como complementando la idea el pedagogo Daniel Vilugrón aseguraba que “una metodología activa busca provocar cambios en el aula, que permitan pasar de un aprendizaje memorístico a uno interactivo, de comunicación permanente, de profesor a estudiante y estudiante a estudiante”.

Las metodologías activas en la educación superior, son un conjunto de métodos, estrategias, técnicas y actividades tendientes a alcanzar aprendizajes significativos en la práctica, mediante la participación activa del estudiante durante su ejecución.

En todo ser humano hay potencial, en todo ser humano hay grandeza por lo que la tendencia debe ser tener disposición para crear espacios de oportunidad donde las personas puedan mostrar lo que en realidad siempre han tenido y siempre tendrán, pero que no todo el mundo podrá apreciar si es que no les damos la oportunidad de descubrir sus competencias, habilidades y capacidades.

Estas metodologías de enseñanza y aprendizaje deben asumirse en el contexto de problemas del mundo real o de la práctica profesional. Así mismo, son muy requeridas y utilizadas en un enfoque por competencias ya que son estrategias absolutamente dinámicas, enfocadas a la práctica desde lo conceptual, procedimental, actitudinal, así como también en la toma de decisiones.

Antoine de Saint-Exupéry en El Principito nos dice: “si queremos un mundo de paz y de justicia, debemos poner la inteligencia al servicio del amor”, las metodologías activas permiten desarrollar los procesos de enseñanza y aprendizaje con inteligencia y con pasión, entendida la pasión como el amor por lo que hacemos. Activar en los estudiantes el aprender haciendo permite generar seres con inteligencias y emocionalidades que comprendan mejor el mundo y así lo asumirán en su futuro mundo profesional.

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