Por Eve Gomez Ferrufino, diplomada en Neuroliderazgo y Neuromanagement
Vivimos tiempos de incertidumbre, de riesgo y ambigüedad, tiempos de cambios disruptivos. Son tiempos en los que la educación juega un rol fundamental, el de formar líderes que estén listos para enfrentarse a lo desconocido, con capacidad para la resolución de problemas, con estrategia e innovación, agentes de cambio que busquen en sus equipos creatividad, que piensen diferente. Por ello, el desafío que tenemos es cuestionar el statu quo y aprender del entorno.
Los líderes eficientes usan la creatividad de manera intencional, no accidental. La primera habilidad de un innovador es el cuestionamiento, la observación y la escucha sin sesgos, sin prejuicios para obtener datos del contexto. El liderazgo impacta en los equipos, crea nuevos hábitos, lo que demanda nuevas destrezas en un contexto desafiante y sobre todo cambiante.
En este contexto ¿cómo lideramos el cambio? ¿cómo nos dirigimos hacia el futuro? Hay dos maneras para hacerlo, la primera es el análisis antes de la acción –cuando se tiene data– o acción antes de análisis, cuando se requiere crear información que no se dispone para la resolución de problemas.
Los líderes requieren de destreza para identificar los puntos positivos y brillantes que permitan generar desarrollo económico y social, innovaciones que involucran cambio y sencillez para observar, escuchar e identificar.
El secreto está en la educación, así lo demuestran países como Finlandia y Singapur, que tienen un IDH que los ubica en los puestos 11 y 12, y un 85 de CPI, que demuestra que no se equivocaron en la apuesta por la educación como principal puntal para el desarrollo, porque promueve un cambio de paradigmas, generación de conocimiento, avances científicos y mejoramiento de la calidad de vida.
Es vital trabajar modelos educativos que nos lleven a desarrollar líderes que estén formados para la resolución de problemas, que entiendan sus componentes, desde la definición del problema mismo y la definición de su solución. Entender el problema se trata de quién, dónde y por qué; la solución, de qué, cómo y cuándo.
El líder es el que impacta en el cambio con pocos recursos. Para conocer cuál es la naturaleza de los problemas a resolver, es necesario identificar lo positivo, los puntos brillantes a partir de un abordaje empático, de escucha, observación y de identificación de las necesidades en el contexto.
El líder inicia por lo simple, por las pequeñas actividades, barrio por barrio, distrito por distrito, con el fin de lograr un cambio, una mejora en hábitos, destrezas y conocimientos. Es vital generar desde su formación la interacción con programas innovadores y de impacto que logren transformaciones y bienestar social.
En su formación el líder debe estar en escenarios de mejora, de prevención en salud física y emocional, apoyo al emprendimiento y enseñanza de lenguas, en particular el inglés.
Conocer el entorno es vital para la generación de líderes que serán agentes de cambio porque conectan externa e internamente con los ecosistemas, identifican sus necesidades y aprenden haciendo.
Las alianzas para sumar esfuerzos logran alcances mayores, no es sencillo trabajar con quien se encuentra en la base de la pirámide motivacional porque están cubriendo sus necesidades básicas. Su concentración está focalizada en lograr su sustento diario y el de su familia.
La única manera de tener éxito en la transformación social, organizacional o educativa, como misión del líder, es entender y conocer la cultura; entender la realidad de los conciudadanos nos hace más sencillo el proyectar acciones y emprendimientos.
Nuestra misión como educadores es aportar a la sociedad con profesionales que sean verdaderos líderes llamados a gestionar soluciones para lograr el bienestar social.