14 de abril de 2023, 4:00 AM
14 de abril de 2023, 4:00 AM

Desde febrero los movimientos por un puñado de dólares registraban preocupación y largas filas en Bolivia. Las alarmas comenzaron a sonar cuando las casas de remesas cambiaban la divisa extranjera por bolivianos; es decir, no entregaban dólares. El precio referencial a los exportadores fue otro síntoma. Los retiros de la moneda estadounidense comenzaron a restringirse en los bancos privados y la ola de especulación se mezclaba con preocupación ante la mustia mirada de las autoridades del sector negando todo.

Conseguir el billete a su valor oficial es un trámite que lleva esfuerzo y tiempo de espera en el lugar correcto. La demanda supera con creces a la oferta. Prácticamente la única entidad financiera que está vendiendo dólares es Banco Unión, y lo está haciendo en cantidades limitadas. El resto de la banca boliviana se niega a vender la divisa estadounidense a su verdadero precio; sin embargo, compra al valor oficial.

Muchas personas duermen en la calle para ser las primeras en acceder al dólar oficial, que es muy inferior al del mercado libre. Las filas en el Banco Central de La Paz como en las centrales del Banco Unión en varias capitales del país son moneda corriente.

Esta fiebre por el dólar es otra de las evidencias de la crisis económica que vive Bolivia. La inflación que crece y la incertidumbre sobre el futuro han llevado a los bolivianos a refugiarse en la divisa estadounidense, apostando a ella como un “valor seguro” para mantener el poder adquisitivo de sus ahorros. En el sector importador se necesitan dólares para poder comprar insumos y productos en el exterior a fin de mantener sus negocios. A medida que transcurren las semanas la escasez es mayor y las dificultades se profundizan poniendo en riesgo la producción, incluso en la industria alimenticia del país. Sin embargo, las autoridades gubernamentales dicen que es temporal, a pesar que no se ven mejoras ni perspectivas de alguna solución de fondo. El futuro económico de Bolivia se juega en esta carrera por adquirir los billetes verdes. Y afecta a la economía desde varios flancos. Incide en las reservas internacionales que el Gobierno utiliza para cubrir demandas, reduciendo sus ahorros, aumentando el riesgo país y su propia imagen ante las crisis externas.

Por su parte, existe un desacople en el mercado producto de un dólar oficial distinto al del mercado negro debilitando la política cambiaria y malgastando recursos. Además, los productos bolivianos pierden competitividad en los mercados internacionales golpeando a las exportaciones, que, si encima se les colocan restricciones, asfixian a uno de los sectores principales de la economía nacional. Estos y otros elementos crean un espejismo económico que se agrava con la negación de los problemas estructurales entre la falsa bonanza y la eterna estabilidad económica.

Expertos sugieren medidas tan inmediatas como responsables: subir las tasas de interés, recortar el gasto público, gestionar nuevos créditos para captar recursos y sobre todo restablecer la confianza, algo que nunca se debió descuidar.

De no atenderse seriamente este problema podríamos estar en los próximos meses nadando en una crisis económica de mayores dimensiones con una fiebre difícil de contener.

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