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13 de agosto de 2023, 4:05 AM
13 de agosto de 2023, 4:05 AM

Por Ruth Limachi Guzmán

 Vivimos en una época de cambios constantes y la educación es uno de los ámbitos de mayor transformación, no solo por la forma de pensar, sino que representa un desafío para enseñar a una generación de características peculiares.

El denominativo de ‘generación de cristal’ fue acuñado por la filósofa española Montserrat Nebrera para definir a la generación de jóvenes nacidos entre 1995 y 2000. Sus padres son de la ‘generación X’, mucho más conscientes y que supieron dar lugar a la palabra de sus hijos.

Para Nebrera, este tipo de educación, más respetuosa, creó ‘jóvenes transparentes’, pero también frágiles como el cristal, cuya opinión no se cuestiona porque, además, están inmersos en plataformas tecnológicas que amplifican su voz.

La educación, en este tiempo, encara un gran desafío: identificar los escenarios de aprendizaje donde se desarrolle la parte emocional, sensible, y que cumplan una función primordial las dimensiones del saber, ser y hacer.

La actual generación de estudiantes requiere nuevas estrategias y acciones que permitan lograr un proceso de aprendizaje y enseñanza de calidad. Las actividades pueden ser diversas y variar según el contexto y el país; empero, hay algunas sugerencias:

Se tiene que adaptar a la tecnología, ya que la ‘generación de cristal’ ha crecido en un entorno altamente tecnológico y digital; es así que entre los desafíos está enseñar a los jóvenes el uso equilibrado y responsable de estas herramientas y desarrollar habilidades digitales.

Un horizonte de cambios en los métodos de aprendizaje es importante porque la educación tradicional, de aula, puede no ser tan efectiva para la ‘generación de cristal’. Se debe considerar la implementación de métodos más interactivos, colaborativos y prácticos, utilizando herramientas digitales y enfoques innovadores.

La ‘generación de cristal’ necesita desarrollar habilidades clave, del siglo XXI, para afrontar los próximos desafíos, como lo es el pensamiento crítico, resolución de problemas, creatividad, habilidades de comunicación, colaboración, adaptabilidad y aprendizaje continuo. La educación debe centrarse en cultivar esta gama de aptitudes.

La educación debe tomar en cuenta la salud mental y bienestar de los jóvenes de este tiempo, ya que han experimentado mayores niveles de estrés y ansiedad. Es necesario promover un tipo de apoyo emocional y el bienestar mental de los estudiantes.

La diversidad y la inclusión son parte cultural de la generación de cristal, que entre sus características está el activismo, es así que la educación debe promover además la empatía, fomentando un ambiente seguro y respetuoso para todos.

A pesar de la conectividad digital, algunas investigaciones sugieren que la ‘generación de cristal’ puede tener dificultades en el desarrollo de habilidades sociales y relaciones interpersonales y la educación debe centrarse en fomentar la comunicación cara a cara, el trabajo en equipo y todas las habilidades blandas, necesarias, para una integración efectiva en la sociedad.

Lo descrito es solo un puñado de retos que encara la educación para esta generación de estudiantes e hijos. Es importante que los educadores y las instituciones aborden estos desafíos de manera efectiva, relevante y con la garantía de allanar el camino al éxito para estos promisorios profesionales.

Es pertinente expresar un concepto que refuerza el criterio: ‘Nadie educa a nadie, y nadie se educa a sí mismo; los hombres se educan entre sí, con mediación del mundo’, lo dijo Paulo Freire, en el libro ‘Pedagogía del Oprimido’.