Opinión

La gloria o nada

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4 de enero de 2020, 3:00 AM
4 de enero de 2020, 3:00 AM

La modestia no es precisamente una de las pasiones bolivianas. Modestos son los grandes que atesoran almas superiores y prodigiosas. Y muchos de nosotros, los comunes, soñamos otras vidas, otros destinos diferentes a los reales y respetables que nos acompañan en este tránsito, siempre duro y espinoso. Al fin y al cabo, somos lo que supimos conseguir. Ya lo sé. Quizás merecimos mejor suerte, o mayor fortuna que no es lo mismo. Pero en general, hicimos lo posible con los que nos tocó y convengamos que, pasión por pasión, la nuestra es la desmesura.

En los últimos años, esa manía por una grandeza exaltada ha alcanzado el paroxismo místico. Como no nos alcanza esta riquísima vida que vivimos, simple acaso, pero única, nos fugamos a la reencarnación retroactiva, con lo disparatado que suena eso.

Ejemplos: “En otra vida, yo debo haber sido una fantástica arquitecta egipcia” o “Seguro que en el pasado yo fui un general de Napoleón”, o “Yo debo haber sido discípulo de Miguel Ángel”. Por menos de eso no sacamos el morro de la almohada. En las pirámides de Egipto se martirizaron miles y miles de obreros que son los verdaderos héroes de esa historia; en las trincheras que dejó Napoleón de ida y sobre todo, de vuelta, yacen inertes soldados que dieron su sangre para gloria de un zumbado que soñaba un imperio, tal como ocurrió con los forjadores del Renacimiento. Pero nadie quiere ser común. Somos la gloria o nada, aunque sea en el espejo inútil del pasado improbable. La mala gente llama a ello delirio de grandeza. Los más piadosos dicen que soñar no cuesta nada. No es verdad: los golpes contra las paredes siempre dejan huellas.

Evo Morales Ayma, es un caso psiquiátrico. Es imposible hacerle entender que hoy es apenas un mortal en desgracia. Que sus aires mesiánicos se hicieron trizas desde que se fugó estrepitosamente desde el trópico cochabambino, donde no tuvo tiempo ni siquiera para pedir perdón.

En el plano psicológico, tenemos que hablar del “eterno retorno”, teoría de los estoicos retomada por Nietzsche, según la cual, después de millares de años, recomenzaría sin fin una serie de acontecimientos idénticos a los precedentes. Es en síntesis “la retroacción o retroalimentación” o feed back, que denota o pertenece a un sistema en el cual parte de la energía que pasa de un circuito a otro, retorna al primero.



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