Opinión

La guerra anunciada

12 de julio de 2021, 5:10 AM
12 de julio de 2021, 5:10 AM

Mientras el cocalero Morales usa al Estado para vengar su derrota de 2019, en que perdió la oportunidad de seguir siendo dictador, su estrategia para expandir los cultivos de coca cubre cada vez más espacios del departamento de Santa Cruz.

Su deseo de hacer tronar el escarmiento entre quienes lo derrotaron antes de que llegara la pésima gestión de Jeanine Áñez, usando el relato del “golpe de Estado”, se hunde cuando han surgido testimonios de militares y diplomáticos que actuaron en aquellos días.

Alguien dijo en las redes sociales que también el relato del golpe terminó siendo un fraude, como toda la trampa que hizo su partido en octubre de 2019.

La represión que aplican sus fiscales y jueces se ha hecho despiadada, pero él sigue diciendo que las detenciones y las sentencias sumarias se deben a que “el pueblo quiere justicia”.

Ese tema es un juego de damas para los asesores del cocalero, más interesados en el ajedrez del avance de los cultivos de coca y la consolidación del plan para garantizar que Bolivia sea el principal productor de cocaína en la región, el Afganistán de los Andes.

Los adelantados de la coca avanzan ahora por la provincia Chiquitos de Santa Cruz protegidos por las milicias armadas que el cocalero Morales había anunciado que crearía en enero de 2020.

Los chiquitanos y las autoridades de Santa Cruz han sido sobrepasados por la actitud de las autoridades del INRA mientras los grupos de choque garantizan que los “interculturales” se asienten en las tierras que pronto se convertirán en cocales.

De nada sirve alegar que el territorio cruceño está sujeto a la ley de las autonomías, porque el INRA ha decidido cumplir las órdenes de garantizar el avance de los cocales.

Los cultivos abarcan ya los parques nacionales de Amboró, Choré, el Tipnis y también el valle del Tucabaca. Y la ONU informa que los cultivos de coca de La Paz avanzan hacia el norte y están a punto de juntarse con los cocales del Perú.

Esto daría lugar a que se junten también los grupos armados del ejército de la droga de Bolivia y Perú y quizá comiencen a actuar de manera coordinada, como desearían los estrategas del “eje de las autocracias”, que según el presidente Joe Biden de EEUU conforman China-Rusia-Irán-Cuba-Venezuela-Nicaragua-Bolivia y Argentina.

La rápida reacción del gobierno argentino para ayudar al relato del golpe de Estado en Bolivia, diciendo que el gobierno de Mauricio Macri envió municiones a Bolivia para derrocar al gobierno de Morales quedó desarmada con la aclaración de Patricia Bulrich, ministra del interior y del embajador de Argentina entonces, Normando Álvarez.

La guerra, que tiene sus primeras escaramuzas en Chiquitos, es lo que querían los furiosos masistas en 2019 y lo que desean los estrategas del eje de las autocracias. Bolivia es el teatro de operaciones de una guerra planificada desde muy lejos.

Humberto Vacaflor Ganam es Periodista

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