8 de marzo de 2022, 4:00 AM
8 de marzo de 2022, 4:00 AM


La Cruz Roja Internacional denunció que una ruta de evacuación de ciudadanos civiles que huían de los ataques rusos en Ucrania está minada; eso ocurre en Mariúpol, un puerto asediado por la agresión de Rusia ubicado en el sureste ucraniano.

La noticia da cuenta de apenas uno de los muchos casos de violaciones de los derechos humanos que comete Rusia en su guerra contra Ucrania. No podría hablarse de ataques de ida y vuelta porque en este caso la rutina es que Rusia ataca por cielo y tierra, mientras Ucrania solo se defiende, y en muchos casos lo hace con ciudadanos desarmados que no tienen más armas que sus brazos en alto para intentar frenar el avance de tanques de guerra.

Los militares rusos anunciaron supuestas aperturas de varios corredores humanitarios y la instauración de altos el fuego locales para que puedan evacuar civiles de las ciudades de Jarkov, Kiev, Mariúpol y Sumy, pero resulta que tampoco era una opción viable para Ucrania, ya que los rusos pretenden que los civiles se vayan al territorio de Rusia y de Bielorrusia, lo cual los ucranianos consideran absurdo e inaceptable.

La viceprimera ministra y ministra para la Reintegración de los Territorios Temporalmente Ocupados, Iryna Vereshchuk, pidió al mundo ejercer presión sobre Rusia ya que Ucrania necesita con urgencia los corredores humanitarios para sacar a la población civil que está siendo atacada en varias ciudades por los misiles y la artillería de Moscú.

Las imágenes no engañan: en ellas se ve edificios de vivienda destruidos por las bombas, personas de la tercera edad que yacen muertas en medio de los escombros, mujeres entregando desesperadamente a sus hijos pequeños a periodistas extranjeros con un ruego común “llévese a mi hijo, sálvelo de morir junto a nosotros”.

Según estadísticas de la Organización de Naciones Unidas, al menos 406 civiles registrados han perdido la vida en Ucrania desde el primer día del ataque ruso, pero la ONU reconoce que la cifra puede ser bastante mayor, ya que precisamente por las condiciones en que vive un país que sufre los embates rusos es muy difícil obtener datos actualizados de quienes pierden la vida sin tener un arma en las manos.

Mientras tanto, el Ejército ruso avanza implacable, imparable -porque no hay resistencia equivalente a su descomunal despliegue- y ha bombardeado el puerto de Mikolaiv y otros lugares del sur de Ucrania, en su ruta hacia Odesa, adonde ahora se dirige.

Ante tantas evidencias de asesinatos de civiles inocentes que mueren en medio de los cobardes bombardeos rusos, llama poderosamente la atención la cuasi indiferencia del mundo, que mira pasivo por las redes sociales y los medios de comunicación las barbaridades del criminal ataque ruso contra niños, mujeres y ancianos indefensos que ven llegar la muerte desde el cielo en misiles que en la guerra se utilizan para destruir puntos militares y no residencias particulares.

En medio de ese panorama, Bolivia vuelve a dar la nota desagradable para el país cuando por segunda vez votó por la abstención en Ginebra cuando una comisión del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas decidía crear una comisión que investigue los crímenes de guerra en Ucrania.

A estas alturas, y pese a las ambivalencias del discurso oficial, ha quedado claro que el gobierno de Luis Arce es aliado de Moscú en esta guerra; es decir, está de lado del agresor que invadió un país vecino y que ahora bombardea de manera inclemente posiciones civiles que han cobrado oficialmente más de 400 vidas inocentes.

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