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10 de enero de 2024, 3:00 AM
10 de enero de 2024, 3:00 AM

El presidente de Ecuador ha declarado la guerra armada a las mafias del crimen organizado internacional que siembran terror en su país. Son 22 organizaciones criminales identificadas por el Gobierno. Las fuerzas militares y policiales están en las calles, mientras la ciudadanía vive en un estado de excepción y toque de queda. La zozobra parece ser el estado habitual, especialmente en Guayaquil, que es el epicentro de la violencia desde hace más de un año.​

La última crisis se desató tras la fuga de uno de los mafiosos más poderosos y peligrosos, líder de Los Choneros, organización delictiva dedicada al sicariato, extorsión, contrabando y tráfico de drogas. Un hombre que controla las cárceles, donde se ha vivido el peor de los infiernos desde 2022. Informes de Ecuador señalan que el escape se dio porque alguien alertó al delincuente de que lo iban a trasladar a un penal de máxima seguridad. Tras ello, hubo más amotinamientos y violencia. Hasta ese momento, el presidente Daniel Noboa había declarado estado de excepción.

Sin embargo, ayer al mediodía, un grupo de hombres armados irrumpió en el canal TC de Guayaquil, el canal estatal. De manera despreocupada, se mostraron con armas de grueso calibre y tomaron como rehenes a los periodistas y trabajadores. Nunca se había llegado a semejante extremo, ni siquiera en el tiempo del terrorismo en Perú. Si bien, las fuerzas del orden detuvieron a 13 personas, el primer mandatario declaró estado de conflicto interno armado en su país y autorizó la salida combinada de fuerzas policiales y militares. La situación ahora mismo es de incertidumbre en el otrora país pujante y pacífico, que se ha convertido en centro de la violencia ocasionada por las organizaciones criminales.

¿Qué desata esto? Es importante entender para no repetir los mismos patrones. Ecuador es uno de los países sudamericanos con mayor índice de asesinatos. Hace años, el expresidente Rafael Correa otorgó personería jurídica y legalizó a las pandillas, pero la medida no fue sostenible. Expertos consideran que el actual estado de situación responde a al menos tres factores. Uno de los principales es la llegada de los cárteles mexicanos a los principales puertos ecuatorianos en Guayaquil, Manta y Esmeralda, utilizados para traficar la droga peruana y colombiana (Ecuador está junto a ambos países).

Además, han proliferado las organizaciones criminales ecuatorianas (más de 20 identificadas por el Gobierno) que trabajan en sociedad con los cárteles transnacionales. A lo anterior se suma la falta de equipamiento oportuno de la Policía y el Ejército, así como el hacinamiento en los penales. Todo esto generó un cóctel molotov, que es el que estalla en las manos del presidente Noboa, llegado al poder hace apenas dos meses y que ahora enfrenta quizás el mayor reto de su gobierno.

Declarar la guerra al crimen organizado no es poca cosa y el continente lo sabe. Se espera una respuesta violenta con resultados insospechados. Ya asesinaron a un candidato a alcalde, a un candidato presidencial e irrumpieron en el canal estatal de televisión. La mafia está dispuesta a todo y aún no se sabe qué es lo que pretende cuando le dice al presidente: Dialoguemos.

Ecuador no vio señales que mostraban esta realidad. Que en Bolivia no pase lo mismo. El narcotráfico está en su auge y tiene vínculos transnacionales. Los contrabandistas no dudan en atacar a los militares. Los avasalladores de tierras ya conforman grupos irregulares armados. La soga se está estirando demasiado y en cualquier momento puede romperse. Es tiempo de imponer el orden para que Bolivia no repita la experiencia del hermano país que está en el centro del mundo.

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