6 de diciembre de 2022, 4:00 AM
6 de diciembre de 2022, 4:00 AM

Otra vez la ciudad es víctima del avasallamiento de los espacios públicos. De nuevo los llamados ‘mañaneros’ toman las calles, las aceras y las jardineras, y transforman en zafarrancho diferentes zonas de la ciudad. La primera pregunta es ¿quién permite a los vendedores ambulantes sus arbitrarios asentamientos sin permiso ni autorización?

Obviamente cuentan con algún respaldo y garantía para movilizarse y sentar precedentes de quién manda en esta ciudad. ¿Existe una dictadura municipal que esconde los verdaderos intereses de estos hechos o el acalde capitalino es víctima de una presión coercitiva de algunos dirigentes que cobran facturas por favores políticos?

Sin permiso, sin representación jurídica, sin pago de impuestos, indomables y exultantes. El agitado encuentro suscitado el pasado sábado comenzó a ser alentado por las redes sociales.

La convocatoria produjo desde la madrugada enfrentamientos entre ambulantes que querían asentarse y comerciantes fijos de la zona y personeros de la Alcaldía para supuestamente resguardar la seguridad de la zona. La Feria de Barrio Lindo se volvió una batalla casi campal por un pedazo de espacio de venta. Detrás de este acto surgen denuncias contra la Alcaldía capitalina de “vender” espacios.

Oficialmente se comunicó que en el operativo del sábado participaron 300 personas, un tercio pertenecían a la Guardia Municipal y el resto, funcionarios de diferentes secretarías.

Resguardar los camellones para evitar la ocupación de ambulantes era el objetivo.

Antes que despunte el sol, los ambulantes comenzaron a agredir con piedras y petardos a los vigías del orden. El desorden fue en aumento. La intervención de la Policía hizo que se despejara momentáneamente el sitio para luego dar lugar a que los vendedores se asienten en el lugar tan prohibido como deseado. Y así dos mil comerciantes ambulantes ya instalados vieron alejarse al personal municipal diezmado, sin apoyo policial y supuestamente derrotado.

Esta puesta en escena, nos revela una vez más un poder detrás de las apariencias que hace y deshace en una ciudad que ha perdido el orden y la cordura. El burgomaestre Jhonny Fernández argumentó que para dar solución a este problema establecerá en cuatro direcciones sitios específicos para que los comerciantes puedan vender sus productos. La ciudad mercado se seguirá extendiendo mientras no haya una planificación adecuada y un reordenamiento necesario en un momento ‘pico’ de movimiento y ventas de fin de año.

Bajo sospecha queda el argumento de que entre bambalinas estas operaciones esconden intereses políticos en detrimento del bienestar común, en una ciudad que aguanta, por ahora, diferentes modos de atropello.

Si bien los espacios públicos son de todos, sabemos que las aceras son para caminar, pasear, transitar, pero no para vender. Si no hay capacidad de las autoridades pertinentes, el ciudadano se deberá hacer cargo y hacer respetar estos espacios de todos, que en definitiva son para todos y no para algunos. Como la ilusión nos sostiene las ganas de seguir, volveremos a creer que mañana será posible y entonces viviremos convencidos que ya es hora de recuperar la ciudad, pero esa será tarea de todos.

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