20 de agosto de 2021, 5:00 AM
20 de agosto de 2021, 5:00 AM


Jamás en la historia democrática de Bolivia se vio un maltrato tan injusto, insensible e inhumano contra un exmandatario del país como lo hace el Gobierno de Luis Arce Catacora contra la expresidenta Jeanine Áñez.

Ya lo dicen los comentarios de quienes vivieron en persona la historia de las últimas cinco décadas: ni al dictador militar Luis García Meza se humilló como se lo hace contra una mujer como Áñez que tuvo la desdicha de estar como segunda vicepresidenta del Senado cuando Evo Morales renunció y huyó en medio de la noche dejando un peligroso vacío de poder en un país tomado por la violencia en 2019.

Sin ella buscarlo ni pretenderlo, a Áñez le tocó asumir la Presidencia de Bolivia por sucesión constitucional porque así mandan las leyes, como luego avaló el Tribunal Constitucional Plurinacional que ahora se hace al desentendido porque sus miembros repusieron su lealtad hacia el Gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS).

Su encarcelamiento arbitrario por orden del Gobierno, la negación sistemática de una justicia servil que no le concede el derecho a defenderse en libertad, ni siquiera bajo detención domiciliaria, el escarnio que se hace con ella prohibiéndole recibir visitas, ni que tenga un televisor en su celda y el abuso permanente cuando se le niega atención médica especializada son apenas unas pocas señales de la venganza política que casi con seguridad viene de Evo Morales y que operan desde el Poder Ejecutivo los colaboradores a su servicio.

¿Puede el odio personal de Morales llegar al extremo de no importarle la salud de una mujer mayor tras las rejas y el sufrimiento de sus hijos, solo por mostrar al país un trofeo político de quien dice: “Vean, si a una expresidenta, siendo mujer, y sin culpa de haber llegado al poder le hacemos esto, ¿imaginen lo que podemos con las demás personas que nos incomoden?”. Pues sí, en el caso de Evo Morales sí, eso y cosas peores también.

Por orden del Ministerio de Gobierno, a la expresidenta los policías la sacan de su celda sin avisar ni a su defensa ni a sus familiares, la llevan desde la cárcel ubicada en la zona de Miraflores de La Paz hasta un hospital a una supuesta revisión médica, nada menos que a El Alto.

La zona de Miraflores está llena de hospitales y clínicas públicas, pero el Gobierno la manda hasta El Alto.
Después de la supuesta revisión, le recetan paracetamol y clonazepam, un ansiolítico que en opinión de los médicos mantiene dopado a un paciente.

Las imágenes que se conocieron de sus traslados con un aparatoso operativo policial cual se tratara de un peligroso delincuente mostraron el drama humano de una mujer que perdió muchos kilos de peso, que se observa visiblemente débil y que apenas alcanza a extender un brazo al escuchar el grito de “Mami, ¡qué te hicieron mami!?” de su hija Carolina, a quien los policías impiden que se acerque a su madre.

Todo esto ocurrió mientras la secretaria ejecutiva de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), Tania Reneaum, se encontraba en La Paz, la misma que no tuvo el detalle de recibir una carta de la hija de la expresidenta ni mucho menos de manifestar su opinión para cuestionar el procedimiento del Gobierno contra una mujer o exigir que se cumpla el debido proceso.

Jeanine Áñez ya fue trofeo político de Evo Morales, Luis Arce y el MAS. ¿Qué más se pretende con ella ahora? ¿La idea es que se muera en prisión como parece que podría ocurrir por el delicado estado de la señora? No se puede ser tan canalla en la vida.

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