5 de enero de 2023, 4:00 AM
5 de enero de 2023, 4:00 AM


Es natural que la ciudadanía -mayoritariamente católica en Bolivia- habrá leído u oído el comunicado de la Conferencia Episcopal Boliviana (CEB), que lamenta el “secuestro” del gobernador Luis Fernando Camacho, pero, además, nuevamente pone los puntos sobre las íes a propósito de las acusaciones amañadas contra el gobernador, que también fueron válidas para encarcelar a la expresidenta Jeanine Áñez y a varios civiles y militares.

La Iglesia católica conoce perfectamente cómo fue la transición entre la acefalía que dejó Evo Morales y la ascensión al mando de la senadora Áñez, y no porque se lo hubieran contado, sino porque el clero fue testigo de las reuniones que masistas, opositores y diplomáticos extranjeros llevaron a cabo en la Universidad Católica, de donde surgió la idea concertada de la conformación del nuevo Gobierno, que cínicamente el MAS dice no haberse enterado.

La Iglesia –y otras confesiones cristianas– sabe lo que aconteció y es por eso que, en el último comunicado de la CEB del viernes pasado, repite que “el golpe de Estado de 2019 nunca existió” y que fue “fruto de una falsa narrativa y de medias verdades”. ¿Le vamos a creer a lo que afirma la Iglesia católica o a lo que dicen los avezados charlatanes masistas que repiten el libreto del “golpe” que ellos mismos inventaron? Lo del golpe de Estado se les ocurrió a los masistas seis meses después que Jenine Áñez estaba como jefa de Estado, cuando se dieron cuenta de que la cobardía suprema de Evo Morales, al huir despavorido a México, lo había dejado fuera de la política. Entonces, quisieron desmentir que hubiera existido un fraude electoral y que todo se había debido a un golpe, cuyas cabezas eran Camacho, Mesa, Tuto Quiroga, Doria Medina y Jeanine Áñez, además de los militares.

¿Se le puede creer más a Evo Morales que a los obispos? ¿A los estrategas del MAS, más que a la CEB? ¿A Choquehuanca que anda queriendo convertirse en cóndor y volar? ¿A Castillo? ¿Lima? ¿Montaño? ¿Loza? ¿O a ese otro mocetón criollo malhablado e intruso de apellido Cuéllar? Cae por su base toda estupidez que se diga respecto a que no existió fraude. Ese es un tema que hace tiempo debimos dejar de discutir. Pero los llorones del MAS siguen con la cantaleta del “golpe”, de algo que describen como salvaje, sanguinario, terrible, de lo que el principal culpable sería Luis Fernando Camacho.

Quisieron vengarse de Camacho como se vengaron de Jeanine Áñez y quieren hacerlo con Calvo, Mesa y con Tuto. Y como Camacho les resultó respondón y cerril, además de desafiante, como reclamó por la insólita postergación del censo y proclamó la idea federalista, poniendo a Arce contra la pared, decidieron acabar con él, vivo o muerto. Es un hecho que, si Camacho hacía resistencia, lo ultimaban a tiros. Estaban dispuestos a hacerlo. Lo secuestraron en una operación comando perfectamente montada, tan bien hecha que muchos piensan que tuvo que intervenir la inteligencia venezolana y cubana. Sin embargo, el Gobierno está poblando Santa Cruz de contingentes policiales y se dice que también de nuevos cuadros militares. ¿Para qué?

Había que sentarles la mano a los cambas atrevidos, a los separatistas (les fascina llamarnos separatistas), y se tenía que empezar por su principal autoridad. Ya tenían al presidente del Comité Cívico en medio encierro, en su casa; pero el gobernador, la joyita principal, estaba suelta, y les seguía creando problemas. La Iglesia, que sabe mucho, que ha sido paño de lágrimas y bienhechora de ingratos extremistas zurdos durante las dictaduras, de masistas asustados, y de toda persona perseguida, ha dicho que Camacho fue “secuestrado”, que se actuó con “inaudita violencia y saña” en su captura, y que su detención se debe a “un ataque más entre otras afrentas, dirigidas a la población de Santa Cruz que lo ha elegido…”.

El Gobierno, al reprimir con violencia a las mujeres y a los hombres que viven en Santa Cruz, está creando un ambiente irrespirable, no solo por los gases lacrimógenos sino por el resentimiento. Si hace dos décadas las diferencias entre collas y cambas eran burlescas, casi de mofa mutua, ahora se están tornando peligrosas, porque los cruceños estamos viendo en la Policía a un verdadero ejército de ocupación, netamente andino, colonialista, abusivo, que responde a las órdenes de un Gobierno sin brújula, extraviado, mentiroso, que exhibe éxitos que solo se ven en la propaganda televisiva. No existe administración en el mundo que gobierne en base a propaganda, contando cuentos, embustero. Y eso es lo que tenemos hoy y no lo queremos más.

Si no se libera a Camacho –sabemos lo que han hecho con Jeanine Áñez– vamos a continuar reclamando por la injusticia y por las mentiras del “golpe” que nunca existió. La gente va a estar dispuesta en las calles, sin saber qué resultados obtendrá. Nuestra convivencia entre bolivianos será penosa, de desconfianza con quienes vienen a sobarnos el lomo cada vez, con la sonrisa del perro, y a decirnos que somos la gran locomotora del progreso. Eso lo sabemos y ya no importa que nos lo repitan. La locomotora no se va a detener más y seguirá abriéndose camino pase lo que pase.

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