El Deber logo
19 de febrero de 2024, 4:00 AM
19 de febrero de 2024, 4:00 AM

Por Claudia Vaca / Educadora y escritora

En Bolivia, el censo en educación es más que un recuento de estudiantes, escuelas, institutos y universidades; de alfabetizados y escolarizados, de profesionales técnicos, universitarios, magister, doctores, etc.

El censo para la educación (y en educación) es un pilar fundamental para entender las necesidades educativas (pedagógicas, didácticas, curriculares, culturales, etc.) de la población en sus distintas etapas de desarrollo, desde nivel parvulario hasta nivel posgrado, que permita diseñar políticas que impulsen un sistema educativo inclusivo y de calidad, medible anualmente, en cada uno de los grados, para tener información actualizada de las diversas necesidades, brechas, fortalezas, etc. de la población en sus distintas etapas de desarrollo humano, porque solo responsabilizándonos por la educación de la población, asegurando oportunidades de trabajo basadas en datos actualizados, medibles, podremos asegurar un desarrollo humano sostenible a lo largo del tiempo y en alguna medida, disminuir la tasa de migración de profesionales y jóvenes en etapa de formación, que migran buscando lo que su país no es capaz de darle, porque no hay políticas educativas que prioricen el desarrollo humano y de las habilidades educativas que esta época de la historia nos exige.

A lo largo de los años, el país ha enfrentado desafíos significativos en materia de educación, desde la falta de acceso a la educación básica hasta la calidad dispar entre las distintas regiones, en especial en materia de distribución de competencias y recursos en el área de desarrollo humano, las competencias administrativas de la educación siguen centralizadas, lo cual entorpece y dilata la toma de decisiones en las distintas regiones del país.

El censo en educación, para Bolivia ofrecería una radiografía precisa de la situación actual del sistema educativo, identificando brechas de acceso, desigualdades socioeconómicas, y deficiencias en infraestructura, capital humano, recursos didácticos, tecnológicos, pedagógicos, etc. Esto no solo permite una asignación más eficiente de los recursos gubernamentales, sino que también facilita la implementación de programas específicos dirigidos a las comunidades más vulnerables y acorde a las necesidades de cada región, que varían según densidad demográfica, grado de profesionalización y de acceso a distintas oportunidades formativas o laborales.

Además, el censo en educación es fundamental para evaluar el progreso hacia metas educativas nacionales e internacionales, como los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU o establecer nuestra propia agenda educativa, con base en un diagnóstico sin sesgos políticos, ni fines ideológicos, una agenda educativa que ofrezca oportunidades al ciudadano de Bolivia, para el alcance de sus metas, y de una vida plena, con estabilidad laboral, salarial, donde el ejercicio de su profesión no dependa del hilo político, conocidos, amigocracia, etc. sino de su preparación y valores como la honradez, dedicación, etc.

Sin datos precisos, es difícil medir el impacto de las políticas educativas y ajustarlas según sea necesario para garantizar resultados tangibles y favorables para la población boliviana. En los últimos 15 años la educación de Bolivia ha estado sujeta a programas ideológicos y de aislamiento con las habilidades educativas para el siglo XXI emanadas desde las distintas reuniones y congresos, cumbres de educación en Latinoamérica y el mundo.

Así mismo han estado ausente los programas censales de medición del desarrollo educativo y actualización curricular acorde a lo que el mundo exige, para que el boliviano que sale bachiller o profesional se inserte en Bolivia y en el mundo sin mayores brechas curriculares, ni de aprendizaje, más aún después de la pandemia, esta realidad de brechas en varios ámbitos se ha agudizado.

En un país tan diverso como Bolivia, con una variedad de culturas, idiomas y realidades socioeconómicas, riqueza en su patrimonio cultural y natural, el censo en educación adquiere una relevancia aún mayor, para desarrollar ciudadanos que valoren y protejan este capital natural, cultural, para desarrollar ciudadanos que cuenten con los conocimientos actualizados para visibilizar al mundo esta riqueza.

Es urgente un censo educativo, además del censo de población y vivienda que se hará este año, con un retraso de 2 años, que no es menor.

El censo educativo para Bolivia permitiría a las autoridades educativas adaptar las estrategias de enseñanza y aprendizaje para satisfacer las necesidades específicas de cada región del país. Sin embargo, el éxito del censo en educación depende no solo de su realización, sino también de la utilización efectiva de los datos recopilados. Es crucial que los resultados se traduzcan en políticas concretas y acciones tangibles, y que se involucre a todos los actores relevantes, desde el gobierno hasta la sociedad civil y las comunidades locales.

El censo en educación no es simplemente un ejercicio burocrático, sino una herramienta poderosa para impulsar el desarrollo integral de Bolivia. Al comprender y abordar las necesidades educativas de manera holística y basada en datos, el país puede construir un futuro más próspero y equitativo para todos sus ciudadanos.