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7 de noviembre de 2022, 7:00 AM
7 de noviembre de 2022, 7:00 AM

Las esperanzas de un diálogo técnico y constructivo para realizar un Censo de Población y Vivienda se centran desde el viernes en Beni, sin embargo, las posturas y las propuestas deben cernirse. A 17 días de un paro indefinido y con un apoyo ciudadano decidido, las miradas, los oídos y los corazones están puestos allí, en las mesas instaladas.

Mientras el clima de ansiedad sube como espuma, el pedido de un censo en 2023 es contundente, así como las propuestas de hacerlo bien y rápido.

Sin embargo, la discusión que debió haberse iniciado hace varias semanas hoy se da y a tropezones. No pocos intentos de diálogo han fracasado, al menos este será por tiempo y materia bajo la promesa de tecnicidad absoluta. Aunque desde el inicio se evidenció que no es así, la reunión continuará por unos días más.

Alrededor, el ambiente es tenso. El contexto nacional está sembrado de paros, marchas, huelgas y amenazas; parece que se estuvieran haciendo los esfuerzos para entenderse y por ende construir. Pero si en paralelo algunas autoridades salen a la prensa para ensuciar la cancha, el clima vuelve a enrarecerse. Eso es jugar con fuego, porque ni el Gobierno ni las regiones, sobre todo Santa Cruz, están para exabruptos, desatinos o especulaciones malintencionadas. No hay tiempo para el “me parece”. Nunca más sabio hoy el célebre “en boca cerrada no entran moscas”.

La poca comprensión y la falta de tino político sobre el tema le está costando al país centenares de millones de dólares, donde detrás de esa cifra hay hambre, decepción, desempleo, sufrimiento, historias humanas en carne viva y la imagen lamentable de un país que pierde aceite como un auto viejo.

Faltan criterios técnicos y profesionales para desactivar una situación que bordea un horizonte desfavorable. Sobran los personajes que con alto grado de complejo de figuración o protagonismo insisten en echar más gasolina al fuego y de contradecir el deseo de la gente que quiere censo y trabajar al mismo tiempo.

La labor de separar la paja del trigo es el comienzo de subir un peldaño a esta discusión absurda. Se necesitan más bomberos que incendiarios que ya están detectados, señalados y desgastados de credibilidad y confianza. Un equipo de destructores del diálogo se ha puesto el traje de salvador, en un conflicto difícil de explicar en los escenarios internacionales.

Quienes declaran que se enterró la posibilidad de un censo 2023, mientras los técnicos de Santa Cruz todavía no desglosaron su propuesta, no hacen otra cosa que poner palos en la rueda al proceso, sin tener la mínima sensibilidad de lo que estamos todos viviendo.

Si de las seis propuestas presentadas, cuatro piden censo en 2023 y las dos restantes están con final abierto y, si, además, aun no se conoce a fondo cuál es la propuesta del Instituto Nacional de Estadística, es que técnicamente nadie está en condiciones de bajar el martillo.

Disfrazarse de médico cirujano y querer operar sin anestesia y sin diagnóstico aprobado, es poco serio e inaceptable.

Las siguientes horas serán decisivas y se necesitará toda la lucidez que hasta el momento no se vio para, con criterio, avanzar en una propuesta limpia, clara, pronta y oportuna.

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