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8 de agosto de 2022, 4:00 AM
8 de agosto de 2022, 4:00 AM

Los diecisiete objetivos de desarrollo sostenible (ODS) de la ONU al 2030 constituyen el norte de las políticas de desarrollo económico y social aplicadas por los 193 Estados miembros de la organización, para lograr el fin supremo que constituye el bienestar de la población mundial con equidad y en equilibrio con la naturaleza.

El Informe de Desarrollo Sostenible 2022 (Sustainable Development Report 2022) de la Universidad de Cambridge publicado recientemente, señala que en un contexto de múltiples crisis los países confrontan cada vez mayores dificultades para alcanzar la sostenibilidad de su desarrollo, en particular los países menos avanzados, que debido a sus problemas financieros y fiscales se ven impedidos de incrementar inversiones públicas en infraestructura y en el bienestar de las personas. Desde el año 2019 el índice de medición de logro de los ODS se ha estancado en 66 puntos a nivel global, lo que marca aun el largo camino por recorrer, más aun, teniendo en cuenta que la mayoría de los países con menores recursos califican entre 50 y 55 puntos sobre 100 posibles.

El referido Reporte en la evaluación concerniente a Bolivia señala avances importantes en algunos ODS como reducción de la pobreza, eliminación del hambre, acceso a la educación, reducción de emisiones de CO2, sin embargo, se observa un estancamiento y reducción en indicadores de salud, industrialización e innovación, acceso a la justicia, institucionalidad, equidad, trabajo decente, crecimiento económico y otros. La calificación del país fue de 68 puntos mientras que el promedio de América Latina y Caribe es de 69,5 puntos.

Nuestro país es una economía abierta con un comercio exterior equivalente al 50% del PIB que sumado a la balanza de servicios alcanza un índice de apertura económica cercano al 55%. Nuestro superávit en la balanza comercial de mercancías fue de 1.471 millones de dólares en 2021 y el déficit comercial en la balanza comercial de servicios arrojó un déficit de 1.584 millones de dólares, haciendo un déficit comercial neto de 113 millones de dólares el pasado año. La recaudación de tributos aduaneros el 2021 fue de poco más de 2.000 millones de dólares equivalentes a cerca del 20% del total de las importaciones, de los cuales solo el 2% corresponde a gravámenes arancelarios, situación que muestra una baja protección de mercado.

Siendo Bolivia una economía abierta cuya producción excedentaria en los sectores agroindustrial, minero e hidrocarburos se destinan a los mercados externos, resulta lógico deducir que el relacionamiento económico externo es la base del desarrollo sostenible del país y fundamental en el cumplimiento de los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) de la ONU. Es en este ámbito donde el actual Modelo de Desarrollo Económico Social y Productivo encuentra su talón de Aquiles (haciendo referencia a la mitología griega, su lado más débil), toda vez que en los últimos 17 años no hemos negociado con ningún país o grupo de países, ningún acuerdo comercial o de integración, más allá de los acuerdos sanitarios para la exportación de carne bovina a China.

Otro reciente análisis del Banco de Desarrollo de América Latina – CAF (ex Corporación Andina de Fomento) en su Reporte Anual de Economía y Desarrollo 2022, señala que la participación de la Región en las exportaciones globales solo alcanza al 5%, siendo esta participación desproporcional al tamaño de nuestras economías en territorio, recursos naturales e inclusive población. Aun a pesar de los acuerdos en América Latina y el Caribe (Mercosur, CAN, Alianza del Pacifico, MCCA y CARICOM), el comercio intrarregional parece estancado al igual que las exportaciones hacia otros mercados, con excepción de las exportaciones mexicanas a Estados Unidos y Canadá, gracias al renegociado T-MEC.

El incremento del comercio exterior de un país es el resultado de un aumento en sus niveles de desarrollo económico, en particular del valor y la tasa de crecimiento del producto interno bruto, pues a mayor producción es previsible un aumento de la demanda externa (importaciones) como de las exportaciones y consecuentemente un mayor nivel de demanda interna asociada al consumo de las familias. En el Reporte de la CAF se analiza el Índice de Facilitación al Comercio (IFC) de la OCDE que evalúa 11 indicadores de desempeño de los países en esta materia, entre los que destacan la transparencia de la información, la participación de los operadores, las resoluciones anticipadas, los gastos y comisiones aplicadas al comercio, la automatización y otros. El indicador establece, un índice de 1,25 en promedio para América Latina y un índice de 0.85 en promedio para Bolivia. 

Como indica la CAF en parte de su Informe Anual, la infraestructura logística y la integración de las cadenas globales de valor son claves en los acuerdos de integración, al permitir orientar la inversión pública en infraestructura y energía de forma complementaria, además de promover la inversión privada nacional y extranjera en sectores con mayor potencial productivo exportador competitivo, identificando los eslabones de la cadena de valor que nos puedan dejar más empleo, divisas y tecnología. Esta es la integración que requiere el país para insertarnos en la economía global.

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