.

17 de octubre de 2022, 6:00 AM
17 de octubre de 2022, 6:00 AM

Días difíciles. La semana anterior se vivieron hechos traumáticos que alteraron el orden en varios sentidos. La cotidianeidad se vio interrumpida por actos violentos cuyos efectos negativos predisponen mal al desarrollo normal del devenir rutinario.
Es moneda corriente en un país que acaba de cumplir 40 años de democracia revelar miserias aún no superadas, como la intolerancia. Esta conducta, esa falta de respeto a las creencias distintas de la propia, ese rechazo a las personas que consideramos diferentes con un alto grado de prejuicio, al desconocimiento y a la falta de instancias que no dejan desarrollar la idea o el proyecto que se propone.
En los ámbitos sociales se suelen derramar ejemplos de diferencias étnicas, creencias religiosas, orientaciones sexuales y políticas. El extremo fue ver que también en lo deportivo impera un grado de intolerancia que raya la incongruencia que no sabe vivir en democracia.
El aferrarse a las propias ideas de forma obsecuente impidiendo escuchar al otro es una práctica cotidiana que nos conduce a un callejón sin salida y a encerrarnos en un círculo cada vez más pequeño. Mas bien la capacidad de aceptar opiniones contrarias o diferentes es una práctica vital que sustenta la democracia.
Hasta no darnos cuenta que las taras del pasado nos jalan la camiseta de atrás y nos impiden lograr la velocidad necesaria hacia adelante, nos quita energías, nos reduce potencial, seguiremos en peligro, así como conducir por una carretera de alto tráfico mirando el espejo retrovisor.
¿Acaso necesitamos políticos que se muestren los dientes todos los días? Necesitamos líderes políticos que puedan hablar, que dialoguen y encuentren en sus diferencias las coincidencias necesarias para comenzar a solucionar los problemas al ciudadano, que los tiene y muchos. Aunque parezca imposible, siempre hay una posibilidad de ponerse de acuerdo. El ciudadano se ha cansado de ver discusiones y agresiones reiterativas que no causan ningún beneficio. Seguramente algunos quieran sacar ventaja de ello o les convenga hacerlo por oscuros intereses. Pero adelante está el país y los intereses de la gente, de todos.
A algunos les cuesta entender que en democracia no debe haber enemigos, sí rivales partidarios, ciudadanos con ideas diferentes, propuestas diversas, pero no por ello deshacer al otro, porque allí estamos cercenando el propio cuerpo, a nosotros mismos.
Bolivia está llena de leyes y está bien ocuparse de todos los sectores y cuidar al ciudadano, pero de nada sirve incumplirlas, eludirlas y socaparlas. Seremos capaces de entender que la ley no es solo una práctica que hay que cumplir y que no solo es una cuestión de jueces y fiscales, sino de los líderes políticos, de los empresarios, de los componentes de los circuitos del poder.
Muchas veces la terquedad, esa intolerancia que llevamos puesta, no nos deja ver que hay otras escalas de valores que no son las mismas que las nuestras. Es justamente ahora que hay que aprender a escuchar al otro y entender que hay que sumar y, entre todos, encontrar las mejores posibilidades. Es una oportunidad más para reconducir nuestro destino.

Tags