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La lección de volver al futuro

Pablo Mendieta 21/1/2021 05:00

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Una de las primeras enseñanzas en un curso de economía es la definición de equilibrio: una situación que, una vez alcanzada, tiende a ser mantenida.

Para ilustrar, si usted se para con los ojos cerrados, pero con un solo pie, parece difícil que pueda mantenerse por más de algunos minutos, por no decir segundos. En cambio, parado con los dos pies y los ojos cerrados podría estar varios minutos.

Menciono esta definición porque en estos años se han acumulado diversos desequilibrios económicos que cada vez hacen que figurativamente nos paremos en un pie en lugar de dos. Poco a poco estamos quitando nuestra conexión a la tierra e incluso pareciera que queremos quitar ambos y flotar.

Enumero algunos de estos desequilibrios para llamar la atención al respecto.

El primero y más evidente es el tipo de cambio fijo por casi 10 años. No habría ningún problema con esta política si es que tendríamos reservas internacionales crecientes en el tiempo, así como niveles de gasto total, público y privado, congruentes con nuestros ingresos. Sin embargo, esa nos es la situación porque las reservas han caído y el déficit público ha sido alto desde 2014.

El segundo se relaciona con el sistema financiero, pues la Ley 393 se centró en fijar tanto precios (tasas de interés) como cantidades (metas de crédito), a lo cual se sumaron altas tasas impositivas para el sector y, desde 2019, el impedimento de recibir ingresos por los diferimientos.

El tercero está en el sector público, puesto que ha crecido de forma importante (descontando los efectos de la nacionalización), pero sus ingresos no lo han hecho en similar magnitud, en especial en los rubros en los cuales el Estado ha incursionado. Los proyectos públicos no están generando los réditos a la velocidad que se supondría. Además, que no se cuenta con información clara de las empresas públicas, una deficiencia que no se resolvió ni siquiera en la transición de 2020.

El cuarto descansa en un sector externo que no tiene los incentivos para diversificar mercados y productos. En lo que va del siglo los productos que enviamos al resto del mundo son los mismos y, en algunos casos, nuestra capacidad se ha visto menguada como es los hidrocarburos.

El quinto y relacionado con el anterior descansa en las regulaciones sectoriales que, en vez de promover mayor actividad y productividad, impiden niveles más altos de empleo y recursos. Entre ellos destacan las barreras al comercio exterior y las fijaciones de precios en diversos mercados, además de falta de apoyo efectivo para su continuidad en la pandemia.

No soy el primero, ni tampoco el último que escribe sobre estos aspectos, tanto así que varios de ellos parecen obviedades del tamaño de una catedral. Sin embargo, en lo particular me preocupa que poco a poco estemos empezando a quitar, figurativamente, nuestros pies de la tierra.

En lo particular no me considero agorero o alguien que espera y predica eventos desafortunados. Esa no es mi intención, sino más bien señalar en conjunto los crecientes desequilibrios y la necesidad de un rebalanceo para volver al equilibrio. El creciente desequilibrio debe ser controlado y ajustado; no es un destino insalvable.

Como en la película Volver al futuro 3, el profesor Emmet Brown (o Doc) le dice a Marty McFly y su novia: “El futuro no se ha escrito todavía… el futuro es lo que tú hagas. Así que creen un futuro bueno.” Espero lo propio para nuestro caso sin importar los réditos y los protagonistas favorecidos.

Recuerdo claramente a un profesor conocido en Chile que tenía la peculiaridad de decir año tras año que un periodo de inestabilidad se avecinaba. Y cuando apareció la crisis de 1999 y posteriores repetía qué él las había anticipado, lo que no era cierto. En realidad, jugaba a la estrategia del reloj de pared averiado que dos veces al día muestra la hora correcta.

Espero que la inacción frente a un urgente y adecuado rebalanceo no dé la razón a quienes predican crisis año tras año, por el bien de todos, en especial los más vulnerables.

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