Claudia Vaca | ESCRITORA Y FILÓLOGA
Leer es un acto poético y político, es la tesis con la que abrí mis investigaciones en educación, cultura y política, basada en la experiencia de 15 años de gestión cultural, lecturas para la cohesión social en los barrios.
Es así, que a través del ethos lector, podemos asumir la lectura desde el análisis de la ética y filosofía política, generando una crítica literaria que comprende la capacidad política e histórica que subyace en una obra literaria y artística. De este modo, esa crítica y agencia política es enriquecida con perspectivas históricas, pedagógicas y sociológicas. Este enfoque que además de fortalecer nuestra comprensión literaria, promueve una ciudadanía activa mediante la mediación y pedagogía de la lectura, estableciendo pautas para forjar un profesorado cuyo capital didáctico se vuelve capital intelectual y emerge como figura transformadora de la realidad y modos de ejercicio ciudadano en las generaciones que está formando.
Estamos hablando de una sociología de la lectura y la educación, donde es esencial la investigación en políticas públicas educativas y culturales, para entender la escasez de perfiles políticos que vivimos, y a partir de ello generar agendas políticas y planes de gobierno que resuelvan las problemáticas estructurales, en lugar de preparar un menú electoral en base a las precariedades de la población, con estrategias de seducción electoral, con un caducado discurso de izquierdas, derechas, etc. que no caben en un mundo de ambidiestros y seres humanos con diversas cualidades y capacidades.
Ni siquiera el Estado Nación es real en el entramado social y formas en las que se está moviendo el mundo hoy en día, las transacciones políticas están por encima de este mapa de razonamiento, si no hay capacidad de gobernanza, y los países abundan en crisis fiscales, paros, marchas, devaluaciones monetarias, etc. está claro que esos países que dicen ser Estado Nación o Países como tal, no lo son, son de “pliquiploco”, un remedo de país, un “ente mal nacido”, que ha engendrado y reproducido pobreza, ha capitalizado la miseria y las necesidades de las personas más vulneradas sistemáticamente, para hacerse del poder y abusar de sus ciudadanos desde una práctica autoritaria de gobierno, que es impune y se pavea incuestionablemente ante los organismos internacionales.
En un mundo donde los autoritarismos y la violencia estructural se han normalizado, estos países están condenados a la extinción, a ser absorbidos, tal vez su existencia prevalezca en nombre, pero no en contenido, porque no hay capacidad de gobernanza, no hay capital, el endeudamiento internacional es de una escala tal, que le impide tener capacidad de negociación y lo más probable es que establecerán convenios para vender capital humano mercenario de las guerras vigentes y las que se vienen, como lo hicieron varios países que ya no figuran en el mapa mundi.
En contextos de tal oscuridad y brutalidad es crucial fomentar la agencia política ciudadana a través de la lectura, desde los hogares. Amartya Sen nos recuerda que la agencia política no se limita a las protestas y manifestaciones en masa, sino que se construye de manera consciente y cotidiana mediante hábitos de pensamiento, rutinas, entre ellas la lectura y reflexión en momentos de inflexión económica y sociopolítica global, y se hace desde los hogares, barrios. Esto implica la generación de diálogos autónomos desde una edad temprana, siguiendo la propuesta de Emilia Ferreiro de promover la autonomía del pensamiento desde los 8 años y profundizarla a partir de los 13; para que nuestros lectores se conviertan en ciudadanos plenos.
Por su parte, Teun Van Dijk nos recuerda que el texto no se limita a las palabras escritas, sino que abarca una amplia gama de medios que pueden ser interpretados por el lector-espectador y que están mediados por la condición política, económica, ética, étnica del lector y del autor, es decir hay un análisis de discurso implícito en todo acto de lectura y de interacción comunicativa. Esta perspectiva amplía nuestra comprensión de la lectura como un acto político, donde el e-lector se convierte en el actor principal, dialogando con la crisis política, comprendiendo que aunque tenga 8 años, 6, 40, 60 años, esta realidad impactará su vida, no hay distancia cognitiva cuando vivimos las crisis humanitarias, guerras, marchas, caos …todos estamos llamados a actuar y elegir de qué lado del río viviremos la experiencia, esto es la ética política entre lectores, escritores y el libro, más allá del soporte (impreso o digital).
Acompañado a esto está el muy de moda “pensamiento crítico” que no es posible sin conciencia histórica y social, aquí es clave la autoconciencia de mapas de razonamiento que orientan las lecturas y diálogos entre ciudadanos, aprender los procesos de interpretación desde la hermenéutica de Ricoeur, donde la conciencia de los 3 factores del acto lector son: el libro, el lector y el autor; este triángulo es esencial en el proceso de formación de lectores y pensamiento crítico, para potenciar así la capacidad de decisión del contenido a incorporar en el entramado argumentativo mental.
Este planteamiento es parte de la mediación de la lectura, como un proyecto educativo, cultural y político, tiene el potencial de mejorar la calidad ciudadana y aumentar la eficacia de la libertad de expresión en un mundo interconectado por redes sociales y medios digitales.
En conclusión, el ethos lector representa una forma de resistencia y transformación política a través de la lectura; no es solo un acto de consumo de información, sino una herramienta poderosa para la emancipación, para potenciar nuestra calidad como ciudadanos al momento de interpelar y proponer un proyecto político que apueste por la posibilidad de mover las estructuras mentales, y desde allí, podríamos vislumbrar respuestas que puedan derrumbar las estructuras políticas y económicas que nos están asfixiando como humanidad en las distintas latitudes del planeta tierra, con más brutalidad y cinismo en unos países que en otros.