7 de julio de 2022, 4:00 AM
7 de julio de 2022, 4:00 AM


Mi proposición: nuestra región debe salir de su zona de confort y reinventarse.

Permítame explicarlo a la luz de una vivencia reciente. La semana pasada participé en el XIV Foro Urbano para la Planificación Estratégica de Santa Cruz de la Sierra organizado por el Centro de Estudios para el Desarrollo Urbano y Regional (CEDURE).

El evento contó con el concurso de decenas de especialistas de diversos campos, así como el área de planificación del Gobierno Autónomo Municipal de Santa Cruz de la Sierra.

En todos ellos se planteó las múltiples necesidades de la metrópoli cruceña: saneamiento básico, educación, salud, gobernanza y desarrollo económico.

Todos estos requerimientos necesitan un factor común: plata o dinero. Y, por tanto, debemos crearlo para ser una metrópoli productiva y agradable.

Para eso debemos partir conociendo cuál es el tamaño de la economía urbana cruceña. Existen esfuerzos académicos y profesionales previos que se basan sobre todo en la extrapolación de los datos del Censo de Población y Vivienda de 2012 con la producción de dicho año.

En mi caso, usé la compilación del Atlas Municipal de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de Bolivia producido por la Red de Apoyo al Desarrollos Sostenible (SDSN por sus iniciales en inglés), que tiene información de consumo per cápita de energía eléctrica para 2016, a lo cual sumo las proyecciones de población del Instituto Nacional de Estadística (INE), entre otros datos de interés, para similar año.

Sobre esa base estimé cuánto sería la producción por habitante en 2016 para los municipios del país. Los resultados señalan que el PIB urbano habría sido de USD28.600 millones.

De ese total, 18% se generaría en pequeños poblados, 6% en ciudades intermedias, 12% en las ciudades capitales fuera del Eje central, mientras que en Santa Cruz, La Paz y Cochabamba se concentraría 64% del total producido en el país.

De esta forma, el área rural tendría un ingreso anual de USD1.350, las ciudades intermedias de USD1.900, las ciudades capitales fuera del eje USD2.500 y las del Eje USD3.700.

Al interior de éste, la región metropolitana de Santa Cruz tendría un ingreso de USD4.400, por encima de las correspondientes de Cochabamba (USD3.300) y La Paz (USD3.200).

Esta estimación resalta que la mayor producción de ingreso se genera en la urbe cruceña, donde también existiría dispersión entre el ingreso del municipio más rico (Porongo con USD6.200) y de El Trono (USD2.000), pasando por el de Santa Cruz de la Sierra (USD5.100), que, dicho sea de paso, tendría un ingreso inferior al del municipio de La Paz (USD5.400).

Sin embargo, este panorama cambia cuando usamos información del portal Metroverse, del Centro de Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard, donde se infiere que la región metropolitana cruceña sólo supera, además de las otras regiones bolivianas, a Huancayo (en Perú), pero está detrás de otras ciudades como Cuiabá (Brasil), Iquique (Chile) o Salta (Argentina) y apenas el 40% de los correspondientes de Buenos Aires (Argentina), Santiago (Chile) o Sao Paolo (Brasil), corrigiendo por la diferencia en costos de vida.

Menciono esto porque creo que es hora de apuntar a un crecimiento y desarrollo más altos para Santa Cruz y, obviamente, para el país en su conjunto. No es suficiente crecer a un promedio algo superior a 6%, sino apuntar a más.

Para ello creo que tenemos que dejar atrás la noción de locomotora, como lo mencionó bien la cabeza de un importante centro académico regional en otro evento al que también asistí.

Si bien tiene un componente histórico importante por la lucha de “Ferrocarril o nada” de hace más de un siglo, convengamos en que la palabra locomotora se asocia al desarrollo del siglo XIX o inicios del siglo XX.

En su lugar, tal vez es útil pensar en el Tesla electrónico, el ferrocarril Maglev chino o incluso el pasado supersónico Concorde.

Debemos reforzar la agenda de desarrollo regional y nacional y así transitar por las fibras ópticas del desarrollo en el siglo XXI.

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