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En las sociedades modernas prevalecen actores y sistemas que son de vieja data, necesarios para el funcionamiento de un Estado o Nación, pero en su accionar no se adaptan a la realidad de los nuevos tiempos y en la mayoría de los casos responden a su lógica individual, como sucede con los partidos políticos; necesarios para el funcionamiento de la política entendida como la búsqueda del bien común; sin embargo, esos mismos partidos que se valen del principio del bien común para obtener el poder político, se olvidan del bienestar de la nación y automáticamente buscan retener el poder ya obtenido.

Partiendo de lo antes mencionado, la finalidad oculta (pocos lo admiten públicamente) es obtener el poder, luego de obtenerlo es conservarlo a toda costa; en las democracias aun en sus deficiencias existe una competencia entre los partidos políticos que buscan el voto del ciudadano (usualmente mal llamado pueblo), ofreciendo un supuesto bienestar y descalificando al otro partido político. En las dictaduras la realidad de los partidos es otra, no existe una competencia por el voto porque sencillamente las elecciones son amañadas, a los partidos opositores se los anula, a sus dirigentes se los persigue destruyéndolos moral y físicamente, en ambos casos la finalidad es obtener y preservar el poder.

Así mismo, los partidos políticos necesitan de la democracia para su existencia y sobrevivencia, pero lamentablemente los mismos partidos son los que la destruyen por la manía de sus dirigentes que no quieren soltar el poder; y esos mismos dirigentes son los primeros que pueden hacer que su partido político fracase en el tiempo, por no permitir el renuevo de la dirigencia y creer que en el partido una persona concreta es indispensable.

Todo lo anterior mencionado, se evidencia en la mayoría de las naciones americanas, donde el partido que gobierna no busca el bienestar de la nación sino la permanencia en el poder, mientras que los líderes del partido de gobierno generan un caos nacional, por las luchas internas para mantener el poder en la dirigencia del partido y, por ende, en la conducción de toda la nación.

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