Opinión

La lucha por la tierra y el territorio

8 de julio de 2021, 5:00 AM
8 de julio de 2021, 5:00 AM

Resistir y vencer no es nuevo en la historia de Santa Cruz, desde la colonia, las invasiones de los bandeirantes, las victorias sobre los realistas en la época de la independencia, la revolución federal e igualitaria de Andrés Ibáñez, la invasión de los ucureños durante el gobierno del MNR y el cerco a Santa Cruz durante el gobierno de Evo Morales, son algunos de los episodios donde el carácter rebelde y levantisco del cruceño, ha sido puesto a prueba y hemos salido victoriosos, porque siempre hemos luchado con la razón y blandiendo el cumplimiento de la ley como bandera.

Hoy nos enfrentamos a un nuevo embate contra Santa Cruz, el MAS se apresta a tomar y ahogar Santa Cruz hiriendo de muerte algo del cual Bolivia toda debería sentirse orgullosa.

La capacidad que ha tenido nuestro departamento de liderizar durante los últimos 50 anos el crecimiento económico a través de la creación de un sistema productivo agroindustrial inclusivo y que ha tenido la capacidad de asimilar tanto a originarios e indígenas, inmigrantes venidos de tierras altas y extranjeros que han invertido en nuestra tierra.

El objetivo del MAS de tomar tierras en Santa Cruz no tiene nada que ver con la noble lucha de sectores campesinos e indígenas por poseer un pedazo de tierra, no tiene nada que ver con una revolución agraria que democratice la producción y genere justicia a los sin tierra.

Los territorios que están ocupando y depredando en su mayoría son territorios ancestrales de los pueblos Chiquitanos quienes han reafirmado durante siglos su amor por la tierra y el territorio, esa selva que es nuestra cuna, de ahí venimos los cruceños, de ese territorio proviene nuestro mestizaje, esa tierra perteneció a sus padres, a sus abuelos y ancestros, desde la época jesuítica aprendieron técnicas de cultivo que han ido modernizándolas, aprendieron a convivir con la tierra, a cultivarla, a protegerla, a darle un uso adecuado, a amar los animales del monte, a hacer una caza y pesca equilibrada, siglos que conviven de manera armónica con la naturaleza.

Su objetivo es eminentemente político, quieren cercar a Santa Cruz desde el este, con el Chapare han conseguido impedir, cuando lo deciden políticamente, cortarnos la ruta de exportación hacia el Océano Pacífico, desde sus enclaves políticos de San Julián, nos cortan la carretera al Norte con el Departamento Beni y si consolidan sus asentamientos en la Chiquitania, podrán aislarnos de una reivindicación centenaria cruceña que viene desde el memorándum de 1904, que es nuestra salida soberana al Océano Atlántico vía el Río Paraguay.

¿Siempre me pregunté, porqué Evo nunca deja la dirigencia sindical del Chapare? Es ejecutivo de las 6 federaciones del trópico de Cochabamba desde la década de los 80 del siglo pasado.

Por una sencilla razón, el sindicato es el propietario de la tierra, si quieres tener tierra en el Chapare, tienes que ser miembro de alguno de los sindicatos, lo cual determina el apoyo al JEFAZO y define su poder político, en el fondo quieren replicar el sistema de tenencia de tierras del Chapare en la Chiquitania, lo cual sería lapidario para Santa Cruz y su exitoso modelo económico institucional que se basa, en lo elemental que han hecho las sociedades desarrolladas y exitosas del planeta, respeto a la propiedad privada, reglas claras de producción institucionalidad agropecuaria sectorial que defiende a sus asociados y consigue mercados para su ampliación y transferencia tecnológica que permite mayor productividad y competitividad con relación a nuestros vecinos que se vuelven competencia en los mercados internacionales.

Los pueblos indígenas del oriente boliviano vienen siendo sistemáticamente atacados, desde la construcción de la carretera del TIPNIS, construida dentro de un parque nacional y con el solo objetivo de ampliar las plantaciones de la coca excedentaria del Chapare, y ahora los pueblos Chiquitanos, tanto Evo en su gobierno como ahora Arce, están cometiendo el delito de ECOCIDIO. No pueden hablar de protección de los pueblos indígenas del oriente, sino garantizan su territorio, sus parques, su ecosistema porque eso inviabiliza su supervivencia física y cultural e inclusive su cosmovisión.

Hoy la lucha por la tierra es una batalla más que libraremos para preservar nuestra cultura, nuestra forma de ser, somos una sociedad que amamos la tierra, que nos sentimos orgullosos de ella, que hemos aprendido a hacerla producir, que hemos preservado nuestro medio ambiente y que somos tan abiertos que aceptamos a aquellos bolivianos que vienen a producir y a trabajar, pero somos implacables con los que quieren destruir una forma de vida que nos enorgullece y que le ha dado a Bolivia seguridad alimentaria. Seguiremos haciendo historia.

Guido Áñez Moscoso  / Exministro de Estado

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