19 de abril de 2023, 4:00 AM
19 de abril de 2023, 4:00 AM

Para nadie es desconocido que Santa Cruz de la Sierra ha venido registrando el mayor crecimiento poblacional de Bolivia desde hace ya varias décadas. Lo que tal vez resulta novedoso es que más de la mitad de los casi 2,6 millones de habitantes que tiene la ciudad y sus alrededores son menores de 30 años. Y, visto de otra manera, cerca de un 77% de toda la población se encuentra en edad de trabajar. Ambos datos dan una pauta muy clara del dinamismo bajo el cual se desarrolla la ciudad, que en los últimos años ha extendido sus límites hasta fusionarse con los municipios vecinos.

Por eso es que ahora corresponde encarar el crecimiento de esta urbe, ya no como un fenómeno de la ciudad capital ni como un boom inmobiliario en los municipios aledaños, sino como un asunto de carácter metropolitano. La dinámica de esa fuerza joven que ahora es mayoría se debe canalizar bajo criterios de sostenibilidad. Las presiones demográficas son muy grandes: esos jóvenes buscarán tener acceso a la educación y luego intentarán encontrar una fuente laboral de calidad, pero no muy lejos de donde también aspirarán a tener una vivienda. Por lo menos buscarán contar con vías y transporte que les permitan llegar con relativa facilidad a sus diversas actividades.

Aquellos efectos multiplicadores van a requerir que los siete municipios que conforman el área metropolitana miren más allá de su planificación local y se den cuenta de la total interdependencia que existe entre todos ellos. Ahora se debe hablar de una visión común para Santa Cruz de la Sierra, Porongo, Warnes, La Guardia, El Torno, Cotoca e incluso Montero.

Una buena noticia es que esta visión metropolitana ya viene siendo considerada por la institucionalidad cruceña. La Gobernación, los gobiernos municipales, los colegios profesionales, universidades y cooperativas de servicios ya han brindado su apoyo a la realización de talleres que buscan dar sustento y viabilidad a un plan metropolitano que sea capaz de atender las necesidades inherentes a su acelerado crecimiento. También han participado expertos de otros países que han compartido las experiencias de otras ciudades del mundo, algunas que sirven como ejemplos a seguir y otras no tanto.

Los retos son enormes e implican cambiar estructuras y conceptos de la planificación urbana actual. Para empezar, según sus recomendaciones, debe existir gobernanza para poder articular a los diferentes actores y llevar adelante los proyectos de manera conjunta. Las acciones que se toman en un municipio pueden traer beneficios para sus habitantes, pero también pueden generar efectos adversos al otro lado del río o del límite municipal.

También se habla de integrar la región metropolitana con una red vial de forma reticulada (líneas rectas) y ya no por anillos, los cuales tarde o temprano van a colapsar. Y no se trata de construir costosas autopistas por lugares alejados por donde todavía no hay una gran población, sino que implica ir desarrollando la red vial a la par de otras infraestructuras y servicios que se complementan entre sí. La idea es crear un círculo virtuoso, donde la plusvalía que generan las obras beneficie al conjunto de la población y no solo a la iniciativa privada.

Santa Cruz y sus alrededores tienen enormes perspectivas económicas que giran en torno al aeropuerto Viru Viru, a sus parques industriales y a las múltiples centralidades que se van tejiendo en toda la urbe. Los impactos medioambientales de las actividades humanas son otros de los aspectos que se deben tomar en cuenta dentro de la planificación metropolitana, según lo ya analizado. La adopción de este enfoque metropolitano integral será fundamental para que su población joven prospere y lleve una vida plena. 

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