9 de marzo de 2022, 4:00 AM
9 de marzo de 2022, 4:00 AM


Hoy quise escribir sobre Putin y su guerra mafiosa y gansteril; su visión nostálgica de la Unión Soviética de un sistema político totalitario, asesino y donde las libertades sociales y derechos humanos son absolutamente proscritos; donde el pensamiento diferente o la idea de construir una mínima oposición es condenado furibundamente. A todos ellos les espera la cárcel, la persecución o ser asesinados por el régimen. Putin, un enano mafioso, abrió las puertas del infierno y ahora es su principal anfitrión. Y, al encuentro, sin invitación alguna, oficiosos y gandules, los masistas cerraron filas y decidieron apoyar a este petiso encabronado con las democracias del occidente. 

Hoy - al ser seguidores de Putin -, se han convertido en putinianos; decidieron estar del lado guerrerista, invasor y mafioso de la historia, y arrastraron a Bolivia hacia esa parte del averno, desde donde se defienden las autocracias y se detestan las democracias liberales. Serán recordados como los masistas putines.

Hoy quise escribir sobre la guerra auspiciada por un grupo desquiciado de rusos en contra de Ucrania y de cómo ese país cayó al despeñadero acorralado por una hambruna obligada e impuesta por el asesino en masa de Stalin; uno de los peores crímenes de la humanidad planificado y ejecutado por un comunista en contra de millones de ucranianos; con el hambre la violencia, las venganzas, la desesperación, el canibalismo y la locura se apoderaron de todo ese pueblo. Al final, todas las emociones de cientos de miles de ucranianos se apagaron. La historiadora polaca Anne Applebaum en su libro La Hambruna Roja (Debate) nos cuenta cómo la gente se sentaba a morir en los bancos de sus granjas arrasadas, indiferentes e inmóviles.

O huían por las vías del tren hasta que ya no podían más y se derrumbaban o se colgaban en los postes a la vista de los aterrados viajeros. Los cuerpos se amontonaban en las calles de pueblos y ciudades sin que nadie tuviera ni fuerzas ni ganas de recogerlos. Un empleado del ferrocarril recordaba que “todas las mañanas, mientras iba camino del trabajo, me encontraba con dos o tres cadáveres junto a las vías, pero pasaba por encima de ellos sin pisarlos y seguía adelante. La hambruna me había robado la conciencia, el alma y los sentimientos. Al pasar por encima de los cadáveres no sentía absolutamente nada, era como si estuviera sorteando troncos”. Las emociones, el rasgo distintivo del ser humano, había sido secuestrado, desajenado y vilmente asesinado.

Hoy quise escribir sobre las conferencias de prensa, a diario, de los policías y el ministro de área presentando asesinos, violadores, narcotraficantes de poca monta (nunca a los cabecillas. A estos los atrapa la DEA, jamás el Gobierno) y ahora a jueces corruptos desnudando las miserias de todo un sistema nauseabundo. Una romería infame que debiera preocuparnos a todos. Somos una sociedad en decadencia. No es normal y menos meritorio -por parte de las autoridades-, que todos los días, en las tres ediciones de noticieros de televisión y digitales leamos y veamos una pasarela de delincuentes. No importa la investigación del delito, las causas, el diseño de políticas públicas de prevención y protección de la ciudadanía. Solo importa el show. Salir en el noticiero de noche como el gran comisario que mete la mano al fango, saca podredumbre y la enseña orgulloso. Pero no se dice nada sobre educación, prevención. Las cárceles están atiborradas, la justicia sigue manipulada y politizada; los feminicidios no disminuyen, los robos y la inseguridad tampoco. Es un círculo pernicioso y altamente peligroso para todos.

Hoy quise escribir sobre cómo nuestras ciudades están apresadas por los comerciantes informales que hacen de las veredas, calles y calzadas un mercado, arrojan su basura al aire y cae sobre nuestras cabezas; del abuso y extorsión del transporte privado sindicalizado que genera más del 50% de los accidentes de tránsito en las ciudades, provocan caos y violan los derechos de todos de contar con un sistema de transporte municipalizado que funcione las 24 horas, limpio, ordenado y con beneficios para los niños, niñas, colegiales, universitarios y adultos mayores. Lograron firmar un acuerdo de ampliación por otros quince años más de abuso en Santa Cruz de la Sierra gracias a un alcalde populista y extraviado. Taxistas, minibuseros y micreros tienen su pedal aprisionando sobre el cuello de todos los ciudadanos.

Hoy quise escribir de la politiquería estéril y miserable que tenemos; de sus egoísmos, sus corruptelas, sus abusos de poder, de sus megalomanías chatas y desagradables; de una clase con poder que carece de un mínimo de intelecto, de sentido común, o, por último, de ubicuidad. Cargan con todas las desgracias juntas, todos los vicios y representan la miseria misma. Se acusan, se escupen, se abrazan, se emborrachan. Nada les importa, nada les preocupa. Solo aparecer en la televisión.

Hoy quise escribir de estos y otros temas más, pero no hay espacio suficiente ni voluntad para hacerlo. Solo hastío y asco.

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