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Eran las 7 de la mañana del sábado 6 de septiembre de 1986 cuando Mario Áñez recibió el llamado que lo haría involuntariamente protagonista de una historia que le cambió la vida y de la que todavía le cuesta hablar sin emocionarse. Una historia en la que debió ser destacado por su heroísmo y coraje, pero por la que terminó siendo encarcelado injustamente.

Retirado del servicio militar y con una próspera empresa de aerotransporte, Áñez, esa mañana, atendió el llamado de su amigo Marcelo Somerstein pidiendo que lo asista en la búsqueda de la avioneta perdida en el parque Huanchaca y en la que se transportaba Noel Kempff Mercado y otros integrantes de la expedición en dicha zona.

Apenas había dormido, luego de asistir a un evento social la noche anterior, le aconsejó que acuda a la aeronáutica civil y a la asociación de pilotos civiles para que lo ayuden porque no se sentía en condiciones de realizar un vuelo. Sin embargo, Somerstein fue insistente y le indicó que ya se encontraba en su hangar del aeropuerto El Trompillo junto a la familia del desaparecido científico cruceño.

Finalmente accedió por la amistad con el dueño del aserradero Moira y por la situación angustiante de la familia Kempff.

Horas después, pasado el mediodía, su destreza y coraje salvaba la vida del biólogo español Vicente Castelló, el único sobreviviente de la serranía de Huanchaca, donde perdieron la vida Noel Kempff Mercado, Franklin Parada y el piloto Juan Cochamanidis. Sin embargo, Áñez es modesto y asegura que pudieron salvarse de ser atacados por los narcotraficantes gracias al avión bimotor y al oficio de haberlo pilotado tantas veces.

Áñez cuenta que recibió órdenes de volver directamente a Santa Cruz de la Sierra, pero la angustia y las súplicas de María Corvillo, la esposa de Castelló, que también era parte de la expedición hicieron que primero aterrizara en La Florida, dejara algunos de los pasajeros, embarcara a la bióloga y tomara rumbo a la capital cruceña.

Agotado física y mentalmente por los sucesos, el piloto llegó a su hogar con la esperanza de descansar, pero poco tiempo después varias vagonetas de la Administración para el Control de Drogas (DEA) estadounidense llegaron hasta su casa “Salen unos gringos pidiéndome que los acompañe a Trinidad y en las primeras horas de la mañana estaba en el campamento que tenían los americanos y les doy una explicación de todo lo que me tocó hacer del aterrizaje, y el rescate. Luego me llevaron al comando de la Fuerza Aérea y tiempo después me piden que los acompañe en un Comander 1000 de la DEA a la zona de Huanchaca donde ocurrió el crimen. Volamos a una altura de 3000 pies y con un equipo sofisticado vieron la pista, la fábrica de cocaína e hicieron el registro del lugar. Luego volvimos a Trinidad y el comandante de la Fuerza Aérea le indica que tiene órdenes del Comando Militar de La Paz de no dejarlo ir y que tenía que volver a Huanchaca en el avión militar Arava.

Con más de una década de experiencia como piloto aconsejó partir de inmediato, porque les tocaría llegar de noche “Así fue. Nos tuvieron que poner camionetas del aserradero Moira y otras luces para poder aterrizar. Ya llevaba más de 24 horas sin dormir, cuando el comandante de la Fuerza Aérea de Bolivia me llama y me dice ‘Obligadamente lo voy a tener que poner bajo bandera. Necesitamos que usted tome la posesión militar de la pista, porque tiene la experiencia necesaria’. Era casi increíble, yo un piloto civil tenía que hacerme cargo de la toma militar del lugar del crimen ¿dónde estaban los militares?, pero no me quedó otra que aceptar”, cuenta Añez.

A las cinco de la mañana, del lunes 8 de septiembre, partió el avión militar con un grupo de soldados y las avionetas civiles para el rescate de los cuerpos. Él era el único de los presentes que había visto los cuerpos. Julio Kempff pudo identificar el cuerpo de su tío Noel y al final de la pista se encontraba el cuerpo de Cochamanidis. Sin embargo, no había el cuerpo de Franklin Parada, que más de una semana después fue encontrado también por Añez que para entonces había sido contratado por la embajada estadounidense para hacer vuelos a la zona para llevar provisiones a los de la DEA y a los militares bolivianos que habían tomado el control del lugar.

Añez no se explica qué sucedió con los más de 1000 turriles de precursores que fueron descubiertos en la fábrica de cocaína de Huanchaca y que él pudo ver allí en el periodo que viajó hasta el lugar.

Siete meses después de la tragedia de Huanchaca y cuando regresaba de un vuelo de trabajo Mario Áñez fue arrestado “Cuando entró Juan Carlos Durán, como ministro del interior, la primera acción que hizo fue llevarme preso. Fue lo más triste que pasé en mi vida. Aparecieron cinco tipos en el aeropuerto y a patadas y puñetes me llevaron a La Paz, me enmanillaron de pies y manos sin darme alguna explicación. Por suerte la familia Kempff y otros amigos intercedieron para que me liberaran. Frente al reclamo me dejaron libre sin explicaciones ni motivos. Si hubiera sido peligroso estaría detenido”, cuenta emocionado el exmilitar.

Según Marcelo Somerstein el motivo fue un ticket con el nombre de una mujer que encontró Áñez y el entonces presidente de la Unión Juvenil Cruceñista en el primer vuelo a la zona del crimen y que luego fue entregado a dirigentes del Comité Cívico y estos lo habrían hecho llegar al entonces presidente Víctor Paz Estenssoro.

Sin embargo, el piloto cree que fue un arresto extorsivo para tratar de sacarle dinero, ya que en esos días en prisión se acercó un militar pidiéndole una alta suma de dinero para su liberación.

Otra visión

Sin embargo, el exministro Juan Carlos Durán deslinda responsabilidades sobre este hecho y todos los que lo vinculan con el caso Huanchaca “Yo era muy amigo de Mario Áñez y se volvió mi enemigo gratis. Recuerdo muy bien que llamé al coronel responsable de las fuerzas de antinarcóticos y al jefe de la DEA, que le habían tomado declaración para saber el motivo de su arresto y me indicaron que su nombre había aparecido en una agenda de narcotraficantes o algo así. La verdad es que se pasaron, que fue un abuso, pero ¿quién se animaba a decirle que no a la DEA en ese tiempo?”, explica Durán desde Estados Unidos, donde está recibiendo tratamiento médico por una enfermedad que padece.

Pese a su resistencia a hablar del tema, Durán insiste en que no tuvo nada que ver en el arresto de Áñez y sobre el caso Huanchaca “el presidente me ordenó que el tema del narcotráfico lo derive a la DEA y al coronel de la lucha contra el narcotráfico ‘Usted mientras menos se meta mejor’”, cuenta que le dijo Paz Estenssoro.

Comenta que cuando ocurrieron los sucesos de Huanchaca el presidente hizo llamar al ministro del interior Fernando Barthelemí y le preguntó qué era lo que estaba pasando con Santa Cruz. “Él, en vez de agarrar e irse a la Fuerza Aérea y ordenar que los helicópteros salgan y se vayan a Huanchaca hizo gestiones con el embajador estadounidense, resulta que el embajador estaba jugando golf en Panamá y tenían que tener la orden de los gringos. Lógicamente esa demora o tardanza en dar una solución al problema le costó el cargo y el presidente lo cambió con el que estaba más a mano que era yo”.

Acerca de los turriles de precursores químicos que Áñez y otras personas cuentan que desaparecieron de la fábrica de Huanchaca, indica que todo ocurrió en la gestión de su antecesor. “No era mi gestión y a alguien se le ocurrió decir que era durante mi gestión que habían desaparecido esos turriles, pero eso no es verdad, porque con el tema Huanchaca yo solo participé en la investigación y cuando se dio con los autores de la muerte del profesor”, señala Durán y agrega que a raíz de la muerte de Noel Kempff Mercado se tomó en serio la lucha contra el narcotráfico y que fue él quien aprobó la Ley 1008 contra el narcotráfico, “lo que me costó que pusieran una bomba en mi casa y me ametrallen el auto”, relata el exministro del interior.

Para Áñez todavía hay muchos cabos sueltos de unos sucesos que marcaron su vida y que por un buen tiempo no lo dejaron descansar en paz, sobre todo la sensación de injusticia y de humillación que vivió con su encarcelamiento. Durante mucho tiempo no quiso hablar del tema, pero cree que ahora es tiempo de hacerlo y para que las nuevas generaciones lo conozcan.

“Me entristece en forma reiterada, pero es como un deber para nosotros también recordarlos.

Es importante, porque recordar cosas tan funestas nos hacen, a nosotros y a nuestro pueblo, poder decir ojalá que no vuelvan a pasar, afirma Áñez, que por cosas del destino, le tocó ser nuevamente parte de esa trágica historia, ya que fue el encargado de traer desde la frontera de Bolivia con Brasil, a los dos asesinos materiales del triple crimen de Huanchaca, de los que tal vez él pudo ser una víctima más.

Datos del Caso

LABORATORIO

Según los datos aportados por uno de los involucrados en el crimen de Huanchaca, Antonio Costa (Balao) el laboratorio producía un promedio de 700 kilos de “cristal” cada 15 a 20 días. El precio estimado en laboratorio por kilo de cocaína en aquel tiempo era de $us 3.000.

SIN APOYO

El rescate de los cuerpos de las víctimas de Huanchaca estuvo a cargo de familiares y civiles que ayudaron en ese fin. En ningún momento recibieron apoyo de militares ni de otras entidades de gobierno. Los cuerpos fueron transportados, como se pudo en avionetas civiles.

DUDAS

La DEA nunca informó acerca de las investigaciones que realizó en la zona, ni tampoco aportó con datos del destino de los precursores. Algunas teorías, sin comprobar, indican que el laboratorio de Huanchaca formó parte del caso Irán- Contras, que implicó a personeros del gobierno de Ronald Reagan en la utilización del narcotráfico para financiar a los grupos de insurgentes terroristas, la conocida como Contra, que se oponían al gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional en Nicaragua.

PRIMERAS REACCIONES

El 27 de octubre de 1986 la comisión investigadora presentó un documento en el que afirma que los asesinatos fueron el resultado de la presencia de narcotraficantes, que hubo negligente actuación de los organismos policiales responsables de la lucha contra el narcotráfico, que la intervención de las tropas norteamericanas fue irregular y perjudicial, y que los funcionarios de la DEA eran indirectamente responsables por el triple asesinato.

El Congreso censuró al ministro del Interior, Fernando Barthelemí, y la comisión recomendó la expulsión de esas tropas estadounidenses.

LOS ASESINOS

El 12 de junio de 1993 son presentados en Santa Cruz de la Sierra los ciudadanos brasileños Antonio Costa y Almiro de Souza. Ambos confesaron ser los autores materiales del triple asesinato. Sin embargo no se sabe con certeza quienes eran los propietarios de la fábrica de cocaína, pero con los años se fueron desvelando nuevos datos de personas involucradas de manera directa e indirecta. Todavía quedan muchos cabos sueltos.

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