9 de marzo de 2023, 4:00 AM
9 de marzo de 2023, 4:00 AM


Falta todavía más de media gestión del quinquenio de Luis Arce Catacora para que se produzcan las nuevas elecciones presidenciales y Bolivia está convertida en un torbellino político que no muestra una buena cara y que podría ser algo insoportable en los próximos años.

Curiosamente no es la oposición “derechista” la que está metida en la gresca, sino las dos facciones antagónicas del MAS, que responden, bajo cuerdas, a Luis Arce y a Evo Morales. Y digo bajo cuerdas, porque hasta ahora, aunque se hacen desplantes y ofensas mutuas, siguen sin mostrarse abiertamente como candidatos presidenciales y continúa el impudor aimara de mencionarse entre ellos como el “hermano” Evo y el “hermano” Lucho, como si nada pasara.

Puñetazos, patadas, silletazos, sucede entre las filas masistas, además de las ofensas verbales, donde cada quien tiene portavoces de lengua viperina que no pierden oportunidad para lucirse en los canales de televisión con un vocabulario troglodita tratando de destrozar la imagen del antiguo dios del “proceso de cambio” o calificando de “derechista” a quien hoy lleva las riendas de un gobierno desbocado hacia el caos. El Facebook no deja de funcionar lanzando fango a uno y otro lado de los masistas en pugna, hasta que 1.600 cuentas han sido suspendidas y los “guerreros digitales” que inventaban infundios han quedado cesantes. Primera vez que en Bolivia se sabía de difamadores profesionales que trabajaban a sueldo.

Mientras el masismo se despelleja estando en el poder y una oscura exdiputada de apellido Patty –profesional en infundios– ha anunciado que hará convocar a Evo Morales para que declare sobre su mal Gobierno, la llamada “derecha” boliviana, es decir la oposición no masista a Luis Arce Catacora, recurre nuevamente a la añeja idea que tiene y que nunca cumple; de buscar un candidato único a la Presidencia el 2025, para sacar con los votos en la mano, a los fraudulentos del MAS.

¿Qué significa buscar un candidato único de oposición en Bolivia? No lo sabemos porque jamás lo hemos visto. Es, más o menos, como buscar El Dorado y encontrarlo. El Dorado provocó la ambición más enfermiza entre los conquistadores españoles, sus hijos, sus nietos y sus bisnietos. Y no lo encontraron nunca. ¿Por qué no lo encontraron? Pues porque no existía. Transcurrieron más de tres siglos en que expedicionarios rebatieron las selvas de Colombia y de otros lugares en busca de la ciudad de oro y no la hallaron jamás.

 Deben existir montes impenetrables que cubrieron con su follaje cráneos y tibias de cientos de aventureros que buscaban la riqueza porque estaban convencidos de que existía. ¿Iremos a encontrar a El Dorado para que en el año del bicentenario pueda echar del Gobierno a la garrapata que está prendida de la yugular de la República? Tenemos que lograrlo y no debe demorar mucho, porque es necesario que el pueblo, que es quien vota, conozca al que enfrentará esa calamidad que nos debilita desde hace tantos años.

De momento no existe un político entre los ciudadanos sensatos (Mesa, Quiroga, Doria Medina) que se pueda vislumbrar como un candidato único. Y el caso de Camacho, además de la aversión que se le tiene en el occidente, está secuestrado en Chonchocoro, maltratado, espiado como a un delincuente, con juicios que le van a ir sumando, en una incierta prisión “preventiva” que no se sabe hasta cuándo se extenderá, y que, por tanto, su participación en una lid presidencial, está hasta este momento coartada.

Por lo menos, por la iniciativa de los patriotas que quedan en el país, algo extremadamente importante se está haciendo, a falta del candidato dorado que no llega, y es la decisión de ir a un referendo constitucional para reformar la justicia, sin lo que ningún mandatario honrado podrá gobernar en el futuro.

Se trata de darle credibilidad y confianza al Tribunal Supremo de Justicia, al Tribunal Constitucional, al Tribunal Agroambiental y al Consejo de Magistratura. Es decir que ya no más magistrados designados por el MAS en la Asamblea, togados deudores de gratitud al partido gobernante y por tanto obedientes a sus mandatos, como no puede ser de otro modo con magistrados sin formación jurídica y escasa moral.

Esos dudosos letrados, cuya mayoría llegan a ocupar altas funciones en la judicatura, con porcentajes que a veces están solo en torno al 2 y 5%, son apabullados por la inmensa cantidad de los votos nulos y blancos, que los descalifican para ejercer tan importantes funciones, pero habilitados por quienes mandan hoy en el país.

Para que el referendo tenga un camino legal es necesario contar con un millón y medio de firmas a nivel nacional que se deberán obtener para lograr adecentar la judicatura nacional y que los bolivianos nos salvemos de tanto abuso, suciedad y estafa. En todos los bolivianos está la responsabilidad de lograr las firmas, para que el próximo mandatario, ese candidato dorado que deseamos, no esté encerrado en esa cárcel dantesca que nos ha armado el MAS, exclusivamente para nuestra angustia y su beneficio.

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