15 de marzo de 2023, 4:00 AM
15 de marzo de 2023, 4:00 AM

Si bien no es la primera ni será la última vez que un policía cometa un delito de tránsito y vaya a la cárcel de Palmasola, éste no es un caso cualquiera.

Quien debiera proteger y cuidar al ciudadano común de la delincuencia que se campea por la urbe cruceña es un ejemplo digno de una secuencia cinematográfica de los últimos días.

El sargento Saúl Fernández Andrade había comenzado a beber alcohol desde temprano, también de forma irresponsable condujo su vehículo en estado de ebriedad y continuó cometiendo delitos. Lleno de impulsos y sin medir las consecuencias aceleró a fondo y no le importó atropellar a quien estaba desgraciadamente a su alrededor. No estaba solo. Es probable que sintiera la complicidad de sus acompañantes que socaparon su traje de héroe para que pueda soltar su ‘valentía’ a toda velocidad sin medir consecuencias.

Y así fue arrollando gente probablemente con la risa abierta y los ojos bien nublados llenos de chispas coléricas. Después de provocar estragos y causar la muerte de un mototaxista, huyó y siguió huyendo, escondiéndose durante más de una semana. En el anonimato y creyendo ocultar las pruebas de los delitos incendió el automóvil que conducía.

La cobardía, el miedo, la culpa, mellaron su conciencia. Ante la falta de alternativas y encontrándose sin salida se presentó ante la justicia.

El daño a otras personas, a su familia y a la Policía Boliviana es irreparable. La confianza de la institución vuelve a ponerse en tela de juicio por este tipo de actos de irresponsabilidad superlativa.

Poco se supo de otro hecho similar, ocurrido el fin de semana pasado, que puso en evidencia este modus operandi de algunos malos policías, su falta de ética, compromiso y preparación. Ocurrió en inmediaciones del Plan Tres Mil cuando ese policía, Néstor Calisaya, en estado de ebriedad protagonizó un accidente de tránsito e intentó escapar, sin embargo, fue interceptado por vecinos unas cuadras más adelante, en pleno intento de huida, que no pudo concretar porque su vehículo maltrecho no se lo permitió. Beber, chocar, huir, otro ejemplo de la inseguridad cotidiana que sufren los cruceños. La historia se completa con la libertad bajo fianza que un juez le otorgó a las pocas horas de haberse producido el hecho. ¿Cuál es la Policía que cuida y protege al ciudadano de a pie? ¿Están funcionando los filtros de selección de personal o está fallando la formación de los uniformados?

No hace mucho Santa Cruz fue testigo del torpe accionar de las fuerzas policiales que ha cobrado la vida de una persona en su brutal intervención represiva, además de causar decenas de heridos. Los hechos corroboran que en la Verde Olivo las cosas no están funcionando bien. ¿Se están tomando las medidas correctivas o seguiremos barriendo la mugre debajo de la alfombra?

En Bolivia hay 35.000 uniformados policiales, solo 6.000 hay en Santa Cruz, mientras que en La Paz hay 16.000. Parece una distribución poco equitativa tomando en cuenta la población de cada región, sin embargo, el cuestionamiento hoy es sobre la calidad humana y profesional que en la institución reflejan estos actos repudiables. Un repensar en los métodos y en la función que cumple la Policía boliviana sería tan oportuno como reafirmar que la institución debe estar al servicio de la gente y su seguridad en todo el territorio nacional.

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