25 de octubre de 2022, 4:00 AM
25 de octubre de 2022, 4:00 AM


Cuesta encontrar en la relación de los sucesos conflictivos tan propios de Latinoamérica, acciones de protesta como las bolivianas, quizá unas más o menos violentas como las acaecidas en Chile a fines de 2019 que paralizaron la capital del país trasandino y provocaron el inicio de un proceso reconstituyente. Similares protestas se dieron en Colombia y Ecuador en 2020 y 2021, en ninguna de estas protestas se dieron paros absolutos, a diferencia de nuestro peculiar país, donde el segundo deporte nacional, después del fútbol, es el bloqueo de carreteras y paros absolutos (lockout), siempre en busca de reivindicar nuestros derechos o en reclamo a carencias muchas de ellas estructurales, en detrimento del derecho de los demás ciudadanos al trabajo y la libre circulación.

Es tan irracional el paro y el bloqueo a la actividad económica diaria de una región o un país, que en sí mismo atenta de manera brutal contra los derechos que se reclaman, con la única excusa de que ésta es la única forma en la que quien ostenta el poder, atiende sus reclamos. No es racional protestar por salud cerrando un hospital o impidiendo que enfermos crónicos puedan atenderse, no es admisible impedir que un niño o joven pueda educarse un día, esto es atentatorio a su futuro y el desarrollo del mismo país, de igual manera que es inhumano impedir que la gente menos favorecida lleve el sustento del día a su hogar. El bloqueo y el paro que obligan a la sociedad a sumarse a la protesta, más allá de su legitimidad, debería ser calificado como un crimen atentatorio a la vida.

Las sociedades más educadas, o quizá más civilizadas, han innovado de manera efectiva sus formas de protesta y en ningún caso algunas de ellas atentan contra sus propios derechos y menos aún afecta el derecho de los demás ciudadanos, que pueden estar de acuerdo con el reclamo, pero tienen la libertad de participar, o no, de la protesta. Por ejemplo, los trabajadores europeos en general protestan con horas de paros programadas hasta el extremo de la huelga de determinada cantidad de días a la semana y en último caso indefinidas. Las protestas sociales más amplificadas por derechos universales suelen realizarse en determinadas horas de forma masiva y pacífica durante varios días o semanas de forma repetitiva, sin afectar de ninguna manera su subsistencia y el trabajo diario que valoran en alto grado.

Las ideas innovadoras y el conocimiento deben ser las armas de las nuevas sociedades cultas y pacíficas para reclamar y reivindicar libertades y derechos ciudadanos que los gobiernos menos democráticos son propensos a menoscabar en aras de sus propios intereses. La primera tarea es comunicar, convencer y contagiar a la comunidad de la validez e importancia del reclamo de manera que gran parte de la ciudadanía se identifique con la demanda y la haga suya. El apoyo a lo demandado debe ser proporcional a su alcance, si es nacional deben estar convencidos la mayoría o todas las regiones y ciudades principales del país.

Las formas de protesta pueden ser diversas y deben ser graduales, sin embargo, todas deberían partir de una consigna, mantenerse en la legalidad y no afectar los derechos, también legítimos, de quienes no comulgan con nuestro reclamo. Por ejemplo, las huelgas de los sectores laborales debidamente anunciadas y programadas, las protestas masivas que congregan a las personas en determinados lugares de forma recurrente, la difusión masiva y programada en los medios de prensa y redes sociales, las acciones legales en contra de autoridades que incumplen su deber, la rebeldía fiscal concertada aun en el marco de la legalidad, la demanda internacional a organismos reguladores de los derechos que se reclaman, son todas medidas que hacen parte de una demanda sustentada en argumentos y con la fuerza de la legitimidad que da la mayoría ciudadana.

Cualquier reclamo debe también estar debidamente respaldado en el conocimiento pleno sobre las causas y efectos de la ausencia o incumplimiento de lo que se reclama, deber haber siempre una propuesta con sustento técnico y científico, debe estar respaldada en las normas y regulaciones nacionales e internacionales, esto nos da la posibilidad no solo de cuestionar y demandar, sino de proponer soluciones y ser parte de la construcción, la restitución o atención de lo que se está demandando. Es también fundamental que la protesta se justifique en el bien mayor de la ciudadanía y que su logro implique un beneficio para la sociedad y el país en su conjunto.

Bolivia no necesita más paros a tontas y ciegas, y menos que nos lleven a mayor inestabilidad social y política, porque estos terminan dañando nuestra imagen y credibilidad, además de la posibilidad de una recuperación económica plena que nos permita salir del último vagón del desarrollo económico en la región.

Solo los atentados a la democracia, la libertad, la vida de nuestros hijos y nuestra integridad como país justifican paros absolutos donde no hay espacio para otra cosa que no sea armarnos de valor y salir a las calles, o donde fuera necesario para defenderlos, aun a costa de nuestras mismas vidas, porque además, es deber de todo hombre de bien luchar por conservar lo que en justicia tiene ganado.

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