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20 de junio de 2024, 4:00 AM
20 de junio de 2024, 4:00 AM

Con mi esposa tenemos varias cosas en común; y una es que nos encanta aprovechar los tiempos libres para reposar y ver televisión. Esto se agudizó con la pandemia. Tenemos algunas series en conjunto, como “The Crown” o “Bridgerton”, como también intereses separados.
En mi caso, ocasionalmente me gusta ver series de ficción como “House of Cards” o “Desginated Survivor”. Pero, sobre todo, me gustan los documentales como “Al filo de la democracia” o “El dilema de las redes sociales”, para comprender crisis políticas cercanas o el efecto de las redes en la democracia.
Sin embargo, me llamaron la atención dos series. La primera es “Cómo convertirse en tirano” que está relacionada con el libro “El manual del dictador” de Bruce Bueno de Mesquita y Alastair Smith.
El documental muestra cómo varios líderes políticos se convirtieron en dictadores con énfasis en Adolf Hitler (Alemania), Saddam Hussein (Irak), Idi Amin (Uganda), Joseph Stalin (Unión Soviética), Muammar Gaddafi (Libia) y Kim Il-sung (Corea del Norte).
Para los interesados en alcanzar la tiranía hay pasos esenciales (alerta de spoiler). Primero, adquiera el poder. Después, elimine a sus rivales. Luego, reine mediante el terror. Posteriormente, controle la verdad. Entonces, cree una nueva sociedad. Finalmente, asegúrese de gobernar para siempre.
Me preocupan que algunos detalles o tácticas de estos pasos los veamos a todo nivel y en casi todos los lugares. Por ejemplo, las opciones para alcanzar no sólo incluyen golpe de estado o revolución, sino manipulación del sistema político existente.
En el segundo punto, el dictador desea neutralizar a cualquier persona que amenace su autoridad, ya sean enemigos políticos, antiguos aliados o grupos de oposición. Y la mejor estrategia que usan es la descalificación.
En el tercer caso, se aconseja utilizar el miedo y la represión para mantener el control. Esto se ve plenamente en las dictaduras cubana, norcoreana y venezolana; pero en nuestros países aumenta la intención de sembrar miedo y descalificar. Eso va desde el desprecio por neoliberales/zurdos, según sea el caso, hasta el amedrentamiento y prisión para los opositores.
Donde tengo una preocupación legítima es el control de la verdad. El manual aconseja que se manipule la información y se controle los medios de comunicación para asegurar que la narrativa sea la única aceptada. La propaganda y la censura son las herramientas principales. Como dicen, una mentira repetida mil veces se convierte en verdad, y los autoritarios definen esa verdad.
Ese tinte o tufillo arbitrario lo veo en casi todos los círculos sin importar de quien sean. Todos se creen dueños de la verdad. Existe una intención premeditada de hacer ver que cada uno tiene la verdad absoluta y que el resto son “el enemigo”. Es el populismo en todas sus variedades. Esto da pie a que todos creamos la narrativa que escuchamos sin considerar su factibilidad.
Después está la creación de una nueva sociedad. Como prescribe, moldear las leyes, reescribir la historia y establecer normas sociales que fortalezcan el poder. Eso también lo vemos en las narrativas de refundación, liberación y enfrentamiento a la opción pasada.
El otro documental que me inquietó fue “Hitler y los nazis: La maldad a juicio”. Es la crónica de como un político mediocre, pero con impresionantes dotes de orador, llega al poder y genera el conflicto bélico mundial con mayor número de muertes.
Viéndolo en perspectiva, el mensaje de Hitler era pésimo: odio, extremo nacionalismo y racismo. Y, pese a ello, triunfó electoralmente; y un contexto favorable para él lo convirtió en un dictador poderoso.
Lo que me perturba es que casi nadie en su círculo interno tuvo la valentía para detener la demencia fascista y que el dictador fue cada vez más obstinado para creer sus propias ideas, pese a que significaron la destrucción de su país y otras naciones.
No sé si las democracias están en crisis, pero sí sé que nuestras sociedades lo están. En una de autoritarismo y populismo.

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