10 de marzo de 2022, 4:00 AM
10 de marzo de 2022, 4:00 AM


El espíritu de gendarme que tiene Vladimir Putin, esa herencia de agente de la KGB soviética, que lo convirtió en hábil judoca y aficionado en eliminar enemigos mediante el veneno, no le ha permitido comprender lo que es Ucrania y de lo sufrida que ha sido su capital, Kiev. Tendría que saber que la resistencia de Kiev a los alemanes en la Segunda Guerra Mundial, fue terrible, y que, tal vez, esa resistencia feroz, produjo que Hitler atrasara su ataque principal a Moscú en 1941, que perdiera un tiempo precioso, y cuando reiniciara su marcha hacia la capital, su ejército llegaría tarde, cansado y congelado.

El Reich obró muy mal en Ucrania porque ignoró sus ansias de libertad, que era lo que esperaba ese pueblo una vez expulsado el Ejército Rojo. Pero Alemania impuso una administración propia, tiránica, estúpida, y perdió al mejor aliado que pudo tener contra los rusos, un régimen a quienes los ucranianos odiaban, porque los había matado de hambre con las desalmadas medidas alimenticias de Stalin. Aunque fueran muy similares, casi hermanos, Ucrania ha sufrido mucho por su eterna vecindad con Rusia. Además de que las tierras ucranianas fueron ambicionadas desde tiempos remotos por su enorme riqueza agrícola y minera.

Pero el drama de Kiev no terminó con la toma de la ciudad por los alemanes, sino que dos años después, en noviembre y diciembre de 1943, los soviéticos venían victoriosos después de Stalingrado, con ansias de venganza, y se lanzaron contra las sufridas Jarkov y Kiev ocupadas por los hitlerianos. Ambas resistieron ferozmente, cambiando de manos, hasta caer ante el Ejército Rojo. ¿Mas quienes sufrieron durante esta guerra? Por cierto, pusieron su cuota de muertos alemanes y soviéticos, pero, ¿y la población civil? La población de Kiev fue maltratada cruelmente por germanos y rusos.

Décadas de dictadura estalinista ha tenido que soportar Ucrania durante todo el tiempo que perteneció a la URSS. Siendo Kiev una ciudad más antigua y más importante que Moscú durante siglos, tuvo que rendirse ante los tanques. Y hoy nos encontramos ante la patética aparición del napoleónico exsabueso de la KGB, que quiere “pacificar” Ucrania y rescatar a los rusos-ucranianos, dizque sometidos malamente a un trato inferior, exactamente igual como los nazis quisieron “liberar” los Sudetes checoslovacos, alegando que los de raza alemana no eran queridos allí.

En suma, Putin no sabe en qué infierno se ha metido, si es que pensó que la toma de Ucrania sería muy simple. Anunció que se rendiría a Jarkov y sobre todo a Kiev, fácilmente. Sin embargo, ya se cumplieron dos semanas de la invasión y el presidente Volodimir Zelensky, un verdadero héroe, se mantiene firme y con su ejemplo anima a sus compatriotas a no rendirse ante un apostador desequilibrado que, con cartas marcadas, pretende reconstruir un imperio como el que creó Stalin a costa de millones de muertos. Si Putin ha querido convertirse en un nuevo Stalin, ha llegado tarde a un mundo distinto que el de la Conferencia de Yalta.

Hay que censurar rotundamente la irresponsable invasión de Ucrania por los rusos. Para que eso suceda se debe tener la convicción de que Putin es un dictador irresponsable con reminiscencias de grandezas lejanas. Su poder militar, evidentemente, dista mucho del que tuvo Stalin cuando arrasó con Europa del este y ocupó Berlín, que asustó tanto a los propios norteamericanos, pero era un poder obtenido luego de muchos años de una cruenta guerra civil para consolidar su poder y de haber desangrado en cuatro años de guerra a los ejércitos de Hitler.

El ataque ruso a Ucrania no ha sido censurado por el Gobierno del Estado Plurinacional, aunque muchos líderes bolivianos de la oposición sí lo han hecho. La cobardía de este Gobierno y su complacencia con sus aliados pro Putin no tiene calificativo.

Pero, al mismo tiempo, una vez más, su falta de respeto a la letra de nuestra Constitución, provocó confusas declaraciones de un lamentable embajador en Naciones Unidas como Diego Pary y de un canciller ignorante como Rogelio Mayta, fieles herederos de la diplomacia torva y ladina que impera en Bolivia desde que Morales se encumbró en el poder y que nos avergüenza cada día más. El silencio cómplice del presidente Luis Arce y del vicepresidente David Choquehuanca, ha sido un verdadero ultraje a la nación.

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