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12 de septiembre de 2022, 4:05 AM
12 de septiembre de 2022, 4:05 AM


Por WWF- Editorial institucional 

Los bancos centrales y los supervisores del sistema financiero deben establecer el marco regulatorio y utilizar todas las herramientas disponibles para encarar las crisis ambientales gemelas y protegerse contra los riesgos financieros y la inestabilidad de precios, contribuyendo así a los esfuerzos de conservación en beneficio de las personas y la naturaleza.

La economía global y el sistema financiero están profundamente arraigados en la naturaleza: dependen de un clima estable y de los ecosistemas. Sin embargo, están en marcha las dos mayores crisis medio ambientales de las últimas décadas, la de pérdida de biodiversidad y la de cambio climático, que plantean riesgos significativos para la estabilidad financiera y de los precios, particularmente los alimentarios.

Los bancos centrales y los supervisores financieros tienen un papel central que desempeñar para proteger de estos riesgos al sector financiero y la economía en general. La combinación de las consecuencias económicas de la guerra en Europa y la lenta recuperación de dos años de COVID, significan que hay una urgencia aún mayor de actuar ahora para impulsar la transformación económica ambiental y socialmente sólida que el país y el mundo requieren.

Bolivia ya sufre de los impactos del cambio climático que, entre otros, exacerban los desastres naturales y las pérdidas económicas que afectan gran parte de la población boliviana. Entre 2002 y 2012, más de un millón de personas fueron afectadas por desastres y emergencias (MPD, 2014), entre los cuales, tres episodios de los fenómenos de El Niño y La Niña sumaron un impacto económico de $us 1.235 millones. A futuro, un aumento de la temperatura global de 2 °C podría tener consecuencias severas para la economía mundial, amenazando la estabilidad financiera y provocando shocks económicos repentinos.

Quizás el costo de la pérdida de biodiversidad es aún menos tomado en cuenta: el Banco Mundial pronostica que la pérdida de servicios ecosistémicos podría costarle a la economía mundial $us 2,7 billones de dólares anuales hasta 2030. En Bolivia, la biodiversidad se encuentra altamente amenazada particularmente por la deforestación y los incendios forestales, aunque no se sepa la magnitud de sus consecuencias económicas. Pero tan solo en el 2019, se estiman que casi 6 millones de animales perdieron la vida en los incendios en Bolivia.

La pérdida de biodiversidad y el cambio climático representan dos caras de la misma moneda denominadas “crisis gemelas”. El cambio climático, junto con la pérdida de hábitat causada por el ser humano y otros factores clave, están acelerando la pérdida de la naturaleza, mientras que la disminución de la biodiversidad y los ecosistemas libera gases de efecto invernadero y socava la capacidad de la naturaleza para capturar carbono, lo que impulsa aún más el cambio climático.

A nivel mundial, estamos siendo testigos de los impactos de esta crisis, y tan solo los daños asegurados por desastres naturales han aumentado un 250% en los últimos 30 años. En Bolivia, los incendios forestales récord del 2010 arrasaron con 6,21 millones de hectáreas de bosque y más de Bs 536 millones de productos maderables (MPD, 2014). En estos últimos años, han recrudecido los incendios forestales y entre 2019 y 2020, arrasaron con 6,57 millones de hectáreas de bosque.

Ante los riesgos y la incertidumbre radical de las crisis gemelas, los bancos centrales y los supervisores pueden y deben hacer más para tomar medidas precautorias urgentes. Actualmente, pueden fortalecer su función de organización del mercado y utilizar todas las herramientas disponibles para limitar los impactos ambientales negativos generados por los actores regulados. Asimismo, es necesario que se establezcan las condiciones habilitantes para la generación de flujos financieros sostenibles.

WWF y otras setenta ONG líderes globales (entre ellas, Greenpeace y la Iniciativa Financiera del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente), emitieron un Llamado a la Acción instando a los bancos centrales y reguladores financieros a hacer todo lo necesario en sus mandatos existentes para garantizar una economía segura para el clima y positiva para la naturaleza.

Las instituciones pueden lograrlo si tratan el cambio climático y la pérdida de biodiversidad como crisis gemelas y activan todos los instrumentos de política monetaria y de regulación financiera disponibles, incluidos los requisitos de capital, los planes de transición obligatorios y las pruebas de tensión relacionadas al clima y a la naturaleza, para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y restaurar la biodiversidad. En el caso de Bolivia, existen avances importantes que lograr en la inclusión de criterios ambientales y sociales dentro de la gestión de riesgos, además del desarrollo de una taxonomía verde que permita identificar la inversión y financiamiento de actividades sostenibles.

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