El Deber logo
11 de marzo de 2024, 4:00 AM
11 de marzo de 2024, 4:00 AM

Por Claudia Vaca/Investigadora en Educación y Cultura

En el territorio boliviano la violencia estructural y la desigualdad se manifiestan de manera contundente a través de la alarmante prevalencia de la violencia de género. Según datos de la CEPAL en 2021, Bolivia lidera las estadísticas de feminicidio e infanticidio en Sudamérica, con al menos 200 mujeres víctimas cada año, una sombría realidad que destaca la urgencia de abordar este problema.

El panorama de violencia contra las mujeres en Bolivia es desolador, con 7,5 de cada 10 mujeres experimentando algún tipo de violencia a lo largo de su vida, desde la infancia hasta la vida adulta. Más que cifras, estas son experiencias que marcan profundamente la realidad cotidiana de las bolivianas, dejando cicatrices imposibles de borrar y heridas difíciles de cicatrizar.

Ante este desafío apremiante, Bolivia ha emprendido un ambicioso programa de dos años en colaboración con el Sistema de las Naciones Unidas (ONU) para fortalecer los mecanismos de financiamiento a nivel nacional, departamental y municipal. Este programa, alineado con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), busca prevenir, atender y sancionar la violencia contra la niñez y las mujeres, reconociendo la importancia de un enfoque multisectorial, pero los avances son lentos y no hay señales de mejora, solo mediatización y máscaras, todo es show para decir que hacen algo, persisten las muertes por feminicidio, violaciones a niñas y niños, impunidad de los verdugos, penas mínimas en prisión, un código penal caducado y viciado en materia de género.

Este esfuerzo sin resultados visibles y contundentes refleja una crisis política e ineficiencia gubernamental, pero, sobre todo: una sociedad enferma que no respeta, ni cuida a su población mayoritaria: mujeres, niñas y niños.

La comunidad internacional está llamada a ayudar a cambiar esta realidad remover estructuras gubernamentales y apoyar la lucha de los colectivos que están en situación de vulnerabilidad mientras luchan por los derechos de mujeres, niños y niñas.

Es urgente superar las narrativas y discursos políticos sobre la realidad y asuntos de género, para construir un futuro donde mujeres, niñas, niños y adolescentes puedan vivir libres de violencia, es necesario actuar desde la tolerancia cero a estas violencias visibles, simbólicas, sexuales, psicológicas, económicas, intrafamiliares, jurídicas etc., empezando por las mismas estructuras gubernamentales, que cometen delitos.

 Es urgente la implementación efectiva de políticas inclusivas con recursos para seguir apoyando la movilización activa de la sociedad civil, para hacerles entender que esta violencia es un problema de todos, los feminicidios, infanticidios que suceden cada día en Bolivia son problema de todos, afectan todas las capas socioeconómicas del país, afectan a hombres que pierden a sus hijas, a padres que entierran a sus hijas, a madres que luchan por sobrevivir los golpes cotidianos en sus hogares, ante la indiferencia del vecindario.