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5 de mayo de 2022, 4:00 AM
5 de mayo de 2022, 4:00 AM

Recién nomás conmemoramos el Día del Trabajo y la Central Obrera Boliviana (COB) volvió a avergonzar a los sindicalistas, por lo menos a quienes entendemos el sindicalismo como la mejor manera de defender los derechos de los trabajadores.

El razonamiento es así de sencillo: los empleadores y los trabajadores tienen intereses que colisionan entre sí, así que están enfrentados. En Bolivia, el gobierno es el mayor empleador y la COB es el sindicato de los sindicatos, ergo, son enemigos. Cuando el sindicato se pone del lado del empleador, lo primero que pensamos los trabajadores es que sus dirigentes se han vendido al patrón y eso es lo que creemos de la Central Obrera Boliviana desde los tiempos en los que Pedro Montes comenzó a lamer las suelas del MAS y terminó siendo senador por ese partido.

Hoy en día, Juan Carlos Huarachi es el máximo dirigente de la COB solo de nombre. En los hechos, es otro chupamedias del gobierno y, en lugar de confrontarlo por defender los derechos de los trabajadores, lo alaba y está vergonzosamente de su lado.

Ahora bien, si el máximo líder del sindicalismo está vendido al gobierno, que es el mayor empleador, ¿qué podemos esperar del resto?

Pronto será el Día del Periodista y me irrita saber que lo conmemoraremos a la sombra de Héctor Aguilar, un desconocido que un mal día aprovechó una reunión de corresponsales de medios estatales para armar un congreso de la Confederación Sindical de Trabajadores de la Prensa de Bolivia (Cstpb) y hacerse elegir como secretario ejecutivo. En otras palabras, usurpó el cargo y, como el gobierno sabía que le era funcional, se apresuró en reconocerlo. Han pasado ocho años y este individuo sigue ejerciendo el cargo que asumió de manera ilegal y en el que se ha hecho reelegir por sus acólitos, prorrogándose más de lo debido.

El pasado 27 de abril, este sujeto le entregó al presidente de la Cámara de Diputados “la chapa de la Cstpb”, un reconocimiento a nombre de una prensa a la que no consultó antes de “genuflexionar” ante ese dirigente político. Hubiera hecho lo propio con el presidente del Senado, pero este no asistió al acto. La justificación para semejante lamida de suela es que esas autoridades posibilitan que trabajadores de la prensa accedan al título de técnicos medios en áreas de las ciencias de la información. Obviamente, Aguilar y sus lacayos no saben, o fingen no saber, que la Cstpb lleva más de 30 años gestionando la profesionalización de sus afiliados a nivel de licenciatura, con universidades del sistema, sin chuparle las medias a nadie.

Huarachi, Aguilar y todos los que se han vendido al MAS pertenecen a un subgénero de seres humanos que no entienden que no hay dignidad al alabar a las autoridades por el mero hecho de serlo, o entregarles dudosas distinciones (que yo sepa, “la chapa de la Cstpb” no figura en el Estatuto). En lugar de defender nuestros derechos, están lamiendo suelas o, peor, besando los traseros del poder.

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