Opinión

Las AFP y las jubilaciones

4 de enero de 2020, 3:00 AM
4 de enero de 2020, 3:00 AM


Como parte de los procesos de capitalización, en 1997 se crearon dos administradoras de fondos de pensiones (más conocidas por sus siglas AFP), llamadas Previsión y Futuro. Entre ambas se dividieron la torta de la jubilación y marcaron un cambio cualitativo en el sistema, prometiendo -en particular para las nuevas generaciones- una mejora sustancial en la materia. Permaneció una importante masa de jubilados tipo “sándwich” que tuvo un régimen mixto entre el antiguo y el nuevo. 

La promesa era contar con una renta de vejez digna y segura. Los cambios políticos desvirtuaron ese propósito, pues las dos AFP fueron nacionalizadas para crear un nuevo ente gestor de la mano del Estado. En más de 10 años de idas y venidas, cuantiosos salarios para los ejecutivos de turno e inversiones dudosas (como se ha verificado últimamente), el tal ente gestor no arrancó nunca.

A todo esto, la rentabilidad de las AFP -que en su pico máximo superó el 13% anual- ha bajado a niveles mínimos, con lo cual los aumentos en los pagos de pensiones también se han achicado en su crecimiento. Si bien las AFP tienen permiso para invertir hasta el 50% en el exterior, ahora se estudia la posibilidad de autorizar un porcentaje mayor en aras de obtener mejor rentabilidad. Habrá que medir la relación riesgo-beneficio a nivel internacional antes de tomar esa decisión.

Varios conocedores del tema y agrupaciones de jubilados consideran que el sistema de las AFP debería mantenerse y reforzarse, en un marco regulatorio que señale el Estado para tal efecto. Es posible y factible, lo importante es que se hagan las cosas con visión de largo plazo y en consenso, para evitar nuevos cambios que provoquen incertidumbre. 

Para la provisional administración actual existe justamente la posibilidad de iniciar un nuevo cambio o dejar las cosas como están hasta que el Gobierno constitucional que surja de las urnas decida qué hacer. Lo ideal sería iniciar un proceso de reformas consensuado que cuente con sólidas bases de estabilidad jurídica y política. El tema de las jubilaciones es delicado; en otros países (casos Chile y Francia) ha generado inclusive crisis con convulsiones sociales. Es hora en Bolivia de tener un marco jubilatorio adecuado a los tiempos, que respete a las viejas generaciones y les brinde a las nuevas una legítima expectativa de gozar el día de mañana de una jubilación adecuada.

Al presente los trabajadores se jubilan con una fracción de su salario final, salvo los militares, casta privilegiada que recibe nada menos que el 100% de su último salario como monto de jubilación.

He aquí una tremenda desigualdad. Ya suficientes beneficios reciben las FFAA como para agregarle este acto discriminatorio frente a la inmensa mayoría de trabajadores. Por otro lado, la Policía boliviana solicitó una jubilación similar a la castrense y no sería extraño que pronto otros sectores hagan solicitudes del mismo tipo, poniendo al borde del colapso el mecanismo jubilatorio.

Un conocido experto en el tema pensiones, Alberto Bonadona, opina que el Gobierno de Jeanine Áñez podría ejecutar algunas medidas en el sistema para hacerlo más transparente y eficiente. Sobre esa base mínima, la futura administración podrá ejecutar las reformas que corresponda. El tema sigue abierto, es de importancia y reviste interés nacional. Ojalá se marche en este delicado campo por el camino adecuado, para así asegurarle a los trabajadores del país una jubilación equitativa y con buen poder adquisitivo constante en el tiempo.

Tags