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8 de agosto de 2022, 4:00 AM
8 de agosto de 2022, 4:00 AM

Arma es todo instrumento destinado al ataque o a la defensa. Ofensivas o defensivas, las armas suelen, sin excepción, entenebrecer a la Humanidad; desde el delito inserto en un ordenamiento jurídico hasta la guerra, sin excluir  a las personas  autorizadas  para portarlas al servicio del bien y de lo justo.

La lucha  de las mujeres  contra  las agresiones físicas y psicológicas hasta decantar en el horrible feminicidio, que es la denominación actual a un homicidio  específicamente perpetrado en una mujer, es monolítica e irrenunciable y data  desde  tiempos inmemoriales debido a la persistencia de las  sociedades anacrónicas de mantener la supremacía del hombre y al patriarcado como  institución enraizada similar a una maleza en los hogares.

En  mi opinión  las mujeres  no necesitan armarse  para consolidar sus derechos  que día a día avanzan inexorablemente en su equiparación al hombre; además, armarse  para las mujeres sería una regresión  a su imagen  diáfana e inmaculada que ha  irradiado al mundo y la  ilumina como mujer, madre, profesional, inventora  investigadora o simple ciudadana.

Todas las mujeres  son imagen de paz, de guía y construcción de espiritualidad y, como único ser que genera vida, el más importante de la creación, sería una antinomia  que la pierda.

La mujer va conquistando progresivamente sus espacios  invadidos arbitrariamente por la propia humanidad y lo hace con pasión, acción que debe entenderse   en su sentido psicológico  como esa disposición de la vida  afectiva y apetitiva de  justicia para reaccionar  intensamente   y eliminar las agresiones físicas, psicológicas y sexuales cuando los hombres no entienden que no es no y callar es también no.

Además las mujeres están estableciendo la igualdad plena de derechos y oportunidades  con los hombres, la eliminación de la ominosa brecha salarial y la paridad de curules en las cámaras de representantes (senadores y diputados), y  en los puestos de dirección de la administración pública, comprendidos los dos poderes restantes: el ejecutivo y el judicial.

La mujer mantiene  esa pasión muchas veces en forma explosiva  e invadiendo el alma, empero, conserva, dominando a plenitud la vida anímica  para su control y jurisdicción, con  tranquila e implacable tenacidad, produciéndose en esta última frase la figura retórica del oxímoron.

Entonces, por lo expuesto, es consecuente y de un nivel elevado de raciocinio concluir por plena convicción de ellas que, no necesitan armas.

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