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8 de mayo de 2023, 4:00 AM
8 de mayo de 2023, 4:00 AM

Por Hernán Terrazas, comunicador

Una encuesta reciente de la empresa Diagnosis (marzo) revela que la intención de voto del presidente Luis Arce (18%) y la de Evo Morales (7%) han ido disminuyendo paulatinamente durante los últimos meses. Si se suman esos porcentajes a los del vicepresidente David Choquehuanca (1%) y el de la alcaldesa de El Alto, Eva Copa (3%), el voto de lo que se conoce como el “bloque popular” llegaría a representar cerca de un 30%, prácticamente la mitad del alcanzado por el MAS en anteriores elecciones.

Si bien Evo Morales es el que más terreno ha perdido, nadie ha ganado a su costa. De hecho, en poco más de dos años desde que fuera elegido con el 55% de los votos, Luis Arce habría perdido casi 38 puntos, David Choquehuanca vería desaparecer cualquier posibilidad de convertirse en una opción y Eva Copa confirmaría que su voto no va mucho más allá de los límites de la ciudad de El Alto. En suma, es el proyecto del MAS el que mermó su respaldo.

Según los resultados del mismo estudio, a la oposición tampoco le va muy bien. Entre Carlos Mesa (16%), Luis Fernando Camacho (3%) y Manfred Reyes Villa (5%), el voto opositor apenas llega al 24%, cuatro puntos menos que el obtenido solo por Mesa en las elecciones de 2020. Pobre cosecha si se considera lo perdido por el partido de gobierno.

Casi la mitad de la población (46%) no se sentiría representada por ninguno de los candidatos que aparece en la lista. El bloque de los “perdedores” reuniría a los que reflejan o expresan la polarización y otras características del pasado, y habría un espacio importante para la construcción de un nuevo proyecto y la aparición de liderazgos que podrían reemplazar a los tradicionales de ambos lados.

Aunque la encuesta no ingrese en temas de mayor profundidad, es razonable pensar que no solo son las personas, sino las propuestas y/o visiones las que muestran signos irreversibles de agotamiento.

El MAS apostó casi todo a los resultados coyunturales de su modelo económico, social, comunitario y productivo. El proyecto político, la narrativa oficial, se redujo casi exclusivamente a los indicadores económicos y ahora que el “blindaje” mostró su fragilidad y los números comenzaron a revelar tendencias negativas, ya no le queda mucho por destacar, salvo sus debilidades para enfrentar la crisis que le estalló este año.

Del otro lado, el “modelo opositor” tampoco puede cantar victoria. No es un extremo decir que su desgaste corrió paralelo al del MAS. Su problema fue que desde hace 17 años esperó que una crisis económica finalmente desnudara la fragilidad del adversario, sin percatarse que no hay ganadores, ni salvadores en una crisis, y sin haber propuesto, a su vez, una “narrativa” propia que abarcara otros temas de interés para la gente.

El “yo no fui” del Gobierno, que intenta ahora sí explicar por la crisis global los desajustes locales, y el “yo lo advertí” de algunos destacados opositores son, en realidad, las dos caras de la misma incapacidad para descifrar la ansiedad colectiva que genera la emergencia económica y otros temas que han sido considerados desde la misma lógica.

En lo que coinciden la mayoría de las encuestas divulgadas en el último tiempo, particularmente en el capítulo de intención de voto, es en revelar lo que la gente ya no quiere, lo cual no deja de ser una ganancia en términos de la necesidad de visualizar otros protagonistas y sobre todo una propuesta también diferente.

Los tiempos electorales son relativamente cortos y las necesidades muy grandes. Los temas no se limitan a la economía, a pesar de las urgencias, ni a la discusión sobre la vigencia o caducidad de los modelos conocidos, sino a los múltiples factores que hoy explican el bienestar de la gente.

Por lo pronto, la tarea ya no es solo de los políticos, aunque más adelante habrá que reivindicar el ejercicio de la política bajo otros parámetros. Las pérdidas que hoy se ven pueden insinuar las ganancias de mañana.

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