Escucha esta nota aquí

Por: Manuel Seoane

En medio de la crisis sanitaria ocasionada por la pandemia y ante la falta de apoyo estatal para la prevención y tratamiento de la enfermedad, comunidades indígenas de tierras bajas se vieron obligadas a buscar sus propias maneras de combatir al virus.

Con el apoyo del Fondo National Geographic de Emergencia Covid-19 para Periodistas, el fotógrafo boliviano Manuel Seoane estuvo de visita en algunas comunidades de los territorios indígenas TIM y TIMI, en el departamento del Beni, registrando imágenes y testimonios sobre las medidas adoptadas por dichas poblaciones para enfrentar la enfermedad.

En primera persona

Bernardo Muiba, presidente de la Subcentral del TIM, hizo una reseña de cómo el Covid-19 les puso de cabeza la rutina.

“Cuando empezó la pandemia mucha gente decidió retornar a sus comunidades, a sus chacos, para sembrar; eso fue bueno. Entonces nosotros comenzamos a movilizarnos, buscando a los abuelos de las comunidades para consultarles cómo podíamos tratar la enfermedad cuando esta llegara. Ellos tenían conocimientos y experiencia porque en el pasado habían combatido enfermedades como el cólera y el paludismo, usando la medicina natural. Así fue que generamos una base de información sobre las plantas que se podían usar”, cuenta.

El primer caso se dio en la comunidad de Retiro, donde llegó un joven que vivía en Santa Cruz y que estaba contagiado. Y aunque la Organización Mundial de la Salud había recomendado no utilizar otros medicamentos, como en las comunidades no tenían acceso a remedios, la familia se empezó a tratar con plantas.

“Vimos que lograron controlar la enfermedad. Entonces comenzamos a informar a las demás comunidades para que todos se aprovisionaran. También se pusieron trancas en los caminos para controlar que no entraran extraños a las comunidades y que los que sí pasaban cumplieran sus cuarentenas”, agrega.

A pesar de los esfuerzos, el virus igual entró con fuerza y la mayor parte de la gente se contagió. Muiba, junto a la dirigencia, estuvo visitando todas las comunidades, acompañando, ayudando, llevando algún medicamento que se tenía.

“No queremos acudir al centro de salud, si ni siquiera hay médicos, ir al hospital es ir a morir nomás, en casa nos vamos a curar. Nos mostraban los jarabes que habían hecho, nos explicaban los ingredientes, e incluso nos regalaban algunas botellas para llevar a otras comunidades”, recuerda el líder.

Cada receta era distinta, pero en general se preparaban con jengibre, hoja de guayabo, piñón, miel de abeja, cáscara de toronja, lima agria, limón, caracoré, hortelana, motocutuqui, albahaca, cuatro cantos, matico, eucalipto, etc. También se usaban alcohol quemado y tabaco para frotar el pecho, diferentes tratamientos. “Y así, poco a poco le perdimos el miedo a la enfermedad”, dice.

Muiba y sus compañeros indígenas no quisieron alarmar a los medios de comunicación ni las autoridades porque se asumían abandonados.

“Daba lo mismo quedarnos callados. Solo tenemos dos médicos y siete enfermeros en todo el territorio. Nadie nos apoyó con medicamentos, solo algunas ONG. Un día nos visitó la hija de la presidenta Jeanine Áñez con medicinas y ropa que había recaudado con estudiantes de medicina de La Paz, no fue mucho, pero sirvió para dar algo a los mayores de 50 años”, comparte.

La medida que consideran más importante fue la creación de cápsulas informativas en lenguas trinitaria, ignaciana y chimán, sobre qué era el virus y cómo podían protegerse.

Las cápsulas fueron hechas con ayuda del Centro de Estudios Jurídicos e Investigación Social (Cejis) y transmitidas diariamente, mediante un convenio con Radio San Ignacio, llegando a casi todo el territorio. “Esa fue la única manera que tuvimos para informar a las comunidades”, argumenta.

Creen que la gente se contagió más al salir a cobrar los bonos. “Agradezco a Dios que estuve sano y pude trabajar durante la etapa más dura. Me enfermé cuando estaba bajando el contagio, me sentí muy mal, paré, y me fui a mi comunidad. Tenía mucha fiebre y sentía que mi cabeza iba a partirse. Hasta la vista se me hizo borrosa, y la memoria. El único doctor que me visitó dijo que estaba grave y que me fuera al centro de atención Covid-19, pero yo pensaba que si iba era a morir. Me quedé y mi esposa me trató con jarabes naturales. Consumía mucho pescado y aceite de caimán. Fue desesperante, pero poco a poco me recuperé, después de 26 días en cama”, recuerda.

Muiba tiene certeza de que la medicina tradicional salvó a los pueblos indígenas. Solo murió uno en todo el territorio, un profesor que no quiso consumir los jarabes. “Prefirió ir al centro de salud Covid-19 y ahí falleció. Incluso la gente comenzó a vender los jarabes a Bs 70 la botella, muy solicitados en la ciudad, y con eso también la gente recuperó algo para su economía”, celebra.

El Covid-19 los ha fortalecido como comunidad, “frente a las autoridades que nos dejaron a nuestra suerte. Seguimos vivos y recuperamos los conocimientos ancestrales”, cierra Muiba.

Foto: Comunarios de Pueblo Nuevo limpiando el camino después de meses de haber estado trancado por precaución

Foto:  El presidente de TIM, Bernardo Muiba, saluda a algunas personas en el pueblo de San Ignacio

Foto: Celia Rapu Campos, del TIM, 'sobando' (acariciando) el pecho de un niño, mientras la familia mira

Foto: "Para hacer nuestras medicinas, solo necesitamos conocimientos ancestrales y un machete", frase de Bernardo Muiba, presidente del TIM

Foto: Comunarios oran en la parroquia de San Miguel del Apere

Foto: Un niño escuchando la radio en Bermeo

Foto: Eleuterio Temo de la comunidad de Bermeo, durante la celebración de una novena para un difunto

Foto: Juan Carlos Semo intentando contactarse con una comunidad chimán del territorio

Foto: Bernardo Muiba, Juan Carlos Semo y otros trabajadores de la subcentral TIM instalando una antena de radio para comunicarse las comunidades dentro del territorio

Foto: Petronila Ipamo ayudando a traducir una de las cápsulas radiales informativas que se difundieron en idioma trinitario

Foto: Jarabe para Covid-19 en plena preparación; la receta lleva jengibre, toronja, ajo, piñón y hojas de guayabo