Opinión

Las huellas de la conquista española

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19 de diciembre de 2019, 3:00 AM
19 de diciembre de 2019, 3:00 AM

Juan Marcos Terrazas Rojas - Docente de la UMSS

Se dice que el nuevo mundo fue subyugado por el conquistador español, con la cruz y la espada. La espada como símbolo de la fuerza y de la violencia, es decir, como elemento explícito de dominación; y la cruz como distintivo de la supremacía del conquistador en el plano religioso, que se manifestó implícitamente en la imposición del catolicismo. Sin duda, el señorío religioso de la Iglesia católica en el nuevo mundo, atravesó un largo y tortuoso camino, hasta consolidarse; y aun hoy, aunque cada vez más exiguo, verificamos los efectos de su penetración.

A poco de haber puesto su pie sobre el territorio del nuevo mundo, el sacerdote dominico, fray Vicente de Valverde tuvo un encuentro con el entonces emperador de los Incas, Atahualpa. Escoltado por el soldado Mancio Sierra Leguizamo, por si se presentaba un imprevisto, y por el intérprete Felipillo, el dominico encaró a su majestad, en nombre del muy magnífico capitán, Don Francisco Pizarro, pidiéndole sumisión a la palabra de Dios o ley divina, y tributación a favor del dueño de las tierras conquistadas, su sacra majestad de España.

En cuanto a la sumisión religiosa, el inca respondió que no abandonaría sus creencias, su fe en el ser supremo Viracocha, y sus prodigiosas deidades como el sol, la luna, las estrellas y el rayo. Ante la afrenta, el sacerdote le entregó la Biblia, y acotó que en ella se encontraba la palabra de Dios. Con curiosidad, el emperador examinó el voluminoso libro durante un tiempo, y al constatar que de él no salía palabra, lo arrojó con verdadero desprecio, a buena distancia. Atahualpa sintió que estaba frente a un embaucador, un pillo de poca monta, y encolerizado le exigió que él y todos los que le acompañaban devuelvan los bienes saqueados y retornen inmediatamente a su lugar de origen.

El breve relato de este episodio, representa el cerrado rechazo expresado por los pueblos indígenas originarios a abandonar sus creencias religiosas y a someterse de buen grado a la nueva fe impuesta por el conquistador. Por supuesto, el ánimo colonial del español no daría tregua a los indígenas, los sometería al catolicismo a cualquier precio. Con este propósito, inició una cruenta batalla, desigual por cierto; y finalmente, impuso a los nativos su doctrina religiosa. Aunque, corresponde aclarar, ninguna forma de dominio ideológico extirpa totalmente los rasgos más patentes de la cultura dominada; por esta razón, a pesar de la brutal imposición, los indígenas originarios conservaron algunos elementos de sus propias tradiciones religiosas.

Si bien los españoles dejaron sus colonias, que paulatinamente se fueron independizando, tal el caso de Bolivia en 1825, la sociedad señorial cobró vida propia, de manera que las poblaciones indígenas o sus descendientes se convirtieron ellos mismos en reproductores de la doctrina religiosa que les significó tan inhumana represión.

Entonces, algunos intelectuales (como Fausto Reinaga), indignados con esta atrocidad, se lanzaron decididamente a apoyar la “revolución india”, con la ilusión de restablecer la creencia en la Pachamama, recomponer el Tahuantinsuyo y edificar el Abya Yala (Patria grande americana). Sin embargo, hoy en día, las poblaciones de origen indígena en Bolivia parecen estar cada vez más alejadas de estos fundamentos, y más cerca de la cultura traída por el conquistador español, reafirmando la penetración incesante del catolicismo, aunque muy disminuida en los últimos tiempos.

Un ejemplo manifiesto del alejamiento de las poblaciones indígenas de sus propios valores y cultura, es la presencia de un Cardenal indígena en el seno de la Iglesia católica. En fecha 20 de mayo de 2018, el papa Francisco nombró al sacerdote boliviano, Toribio Porco Ticona, indígena de origen quechua, como Cardenal de la Iglesia católica.

El hecho que un sacerdote indígena hubiera alcanzado tan alto cargo en la jerarquía eclesiástica del Vaticano, fue recibido con gran regocijo por poblaciones indígenas quechuas y aimaras de Bolivia, y fue destacado como un mérito mayúsculo, por el gobierno boliviano. En la ceremonia de posesión, el prelado boliviano se presentó orgulloso con una cruz enorme colgando de su pecho y sosteniendo con la mano derecha un voluminoso ejemplar de la Biblia. Se convirtió en un verdadero símbolo de la “revolución india”, un ejemplo de éxito y perseverancia. En realidad, Toribio Porco Ticona es el corolario más acabado y refinado de la conquista española: Un indígena enteramente vencido, incorporado a la cúpula, al servicio de la Iglesia católica

Volvamos al inicio y comparemos: El sacerdote dominico, fray Vicente de Valverde, recién llegado al nuevo mundo, le pidió a Atahualpa sumisión al Dios del catolicismo; el emperador indígena le respondió que no abandonaría sus creencias religiosas y, en señal de rechazo, arrojó la Biblia a buena distancia.

En cambio, el cardenal indígena se inclinó sin complejos al Dios del catolicismo, y con ello el conquistador español logró su propósito con creces. El indígena está hoy más cerca de los valores de la cultura occidental, y paulatinamente está abandonando los postulados de la “revolución india”, como la creencia en la Pachamama, la recomposición del Tahuantinsuyo y la edificación del Abya Yala (Patria grande americana). Entonces, en los hechos, tales postulados son solo una quimera, y están siendo utilizados por políticos de izquierda, como mero instrumento de toma del poder.

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