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18 de agosto de 2023, 4:00 AM
18 de agosto de 2023, 4:00 AM

Por Freddy Zárate, escritor

En los años setenta del siglo pasado, el Ingeniero Agrónomo Wagner Terrazas Urquidi (1920-1989) fue un gran animador de ideas ecologistas en Bolivia. Terrazas se adelantó a su época y no se adscribió a las modas imperantes de su tiempo, como las teorías de la dependencia –ideas entre marxismo y estructuralismo–, que ensalzaron las metas normativas de desarrollo, industrialización y modernización. Los anhelos de progreso de países subdesarrollados como el caso boliviano, llevó a Terrazas Urquidi a estudiar la problemática ecológica y la destrucción del medio ambiente.

Los datos biográficos de Wagner Terrazas Urquidi, pueden resumirse en estas breves líneas: realizó sus estudios universitarios en Agronomía (Universidad de San Simón de Cochabamba); luego se especializó en el campo de la Piscicultura (Universidad de Michigan, Estados Unidos). 

A su retornó a Bolivia, desempeñó diferentes cargos en la administración pública: Subsecretario de Asuntos Agropecuarios (Ministerio de Asuntos Campesinos y Agropecuarios); promovió la organización del Departamento de Caza y Pesca y regentó el Servicio de Recursos Naturales Renovables (Ministerio de Agricultura); luego se desempeñó como Encargado del Sector de Alimentación y Nutrición, alentando la creación del Grupo Técnico Nacional de Alimentación y Nutrición (Ministerio de Planeamiento y Coordinación).

En el campo institucional, Wagner Terrazas fue parte del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y Técnicas de la Academia Nacional de Ciencias de Bolivia; presidente del Comité de Protección de las Aves (filial boliviana); Secretario General de la Asociación Ecológica Boliviana; Miembro de la Sociedad Latinoamericana de Limnología y la Sociedad de Ingenieros Agrónomos de Bolivia.

Las investigaciones que llegó a publicar Terrazas Urquidi fueron: Problemas de conservación de los recursos pesqueros de Bolivia (Ministerio de Agricultura, La Paz, 1969); Lista de peces bolivianos (Academia Nacional de Ciencias de Bolivia, La Paz, 1970); Bolivia: país saqueado (Ediciones Camarlinghi, La Paz, 1973); La supervivencia de los bolivianos (Editorial Los Amigos del Libro, 1983), entre otros estudios.

La principal labor de Wagner Terrazas fue desmitificar a los políticos y las creencias generalizadas de la sociedad boliviana sobre las grandes riquezas naturales de Bolivia, que afirman con “poses demagógicas y desplantes, haciendo alarde de la enorme cuantía de los recursos naturales, desde luego no comprobadas”. El autor se aleja de la típica diatriba antiimperialista y no cae en la ingenuidad de acusar a países extranjeros por los continuos saqueos y despojos de las riquezas naturales, tanto renovables como no renovables. Según Terrazas, el proceso de destrucción –continúo y acelerado– de todos los recursos naturales renovables, es a causa de sus propios habitantes. Esta aseveración fue corroborada por un estudio comparativo realizado por Terrazas Urquidi, posicionando a Bolivia como uno de los países más destructores de la región.

El ingeniero Terrazas Urquidi puso como ejemplo las desmembraciones territoriales que sufrió Bolivia a causa de las guerras del Pacífico (1879), el Acre (1899) y el Chaco (1932-1935). Sin embargo, las pérdidas por erosión son mayores y permanentes que los conflictos internacionales. La pregunta incómoda e incomprendida que planteó Wagner Terrazas a su generación fue: “¿De qué sirve tener un territorio extenso, si superficies enormes son improductivas?”.

A esto se suma, que los países atrasados como Bolivia son poco prácticos, que sustituyen la ciencia y la técnica con “poses emocionales”, dando paso a la improvisación en todos los niveles, por lo cual, los programas de protección al medio ambiente no pasan del mero discurso de buenas intenciones, carentes de realismo y autocrítica.

La incesante destrucción del medio ambiente es a causa de los afanes del hombre –independientemente de su posición política, cultural y étnica–, que tiene el apetito permanente de explotar los suelos agrarios; depredar los bosques; exceder en la pesca y caza, al grado de llegar a extinguir a varios animales; además, los pobladores de cada región consienten la apertura de caminos; apoyan la acelerada urbanización; y sobre todo, subestiman los efectos contaminantes derivados de las faenas industriales, agrícolas y mineras. 

En fin, todo aquello que conlleve a la explotación de todos los recursos naturales en nombre del anhelado progreso, dando como resultado, un país saqueado.

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