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16 de diciembre de 2022, 7:00 AM
16 de diciembre de 2022, 7:00 AM

No sé si mis colegas periodistas habrán sentido escalofríos el pasado lunes, luego de leer las reseñas de los discursos pronunciados por el presidente del Estado y el comandante general del Ejército, Gral. Juan José Zúñiga, en los festejos conmemorando un aniversario más de esa arma de las FFAA y, al día siguiente, una declaración del ministro de Defensa, Edmundo Novillo, pues de inmediato recordé a los mandamases de las dictaduras militares de turno.

En uniforme de guerra, Zúñiga aseguró a su “hermano presidente” que neutralizarán “todo intento de desestabilización a la patria y a la democracia, esta patria no se toca, el Ejército de Bolivia será una garantía para precautelar la unidad del territorio”.  A su criterio, “no podemos quedarnos en silencio ante los aprestos desestabilizadores de pequeñas logias oligárquicas que van contra la unidad de la patria, vendepatrias que no cesan en su afán estéril de dañar los intereses de esta bendita patria, a todos ellos, decirles que fracasarán en sus intentos separatistas, los militares de la patria y este general pondrán sus vidas si es necesario ante las amenazas de intentos separatistas y de ruptura del orden constitucional”, acotó.

No se quedó en esas. Con mucho de prejuicio e irresponsabilidad, y poca información, dijo perlas como estas: “el federalismo muy fácilmente puede llevar a independencia y esto a la creación de nuevas repúblicas y seguidamente a la anexión de estas (a) potencias extranjeras regionales” (cuando dice potencias externas regionales, me pregunto si en su cabeza estarán Brasil, Argentina, Perú, Chile o Paraguay, o tal vez México, Venezuela o Colombia). Y que “la razón para esto siempre es la presencia de un recurso natural estratégico”, afirmación que se encuentra en cualquier manual básico de formación de cuadros adolescentes.

El hermano presidente respondió en el mismo nivel. Advirtió, por ejemplo, que “el enemigo interno no descansa y pretende oponerse a las ansias de libertad de nuestros pueblos, mediante conjuras antipatrióticas que se expresan en intentos de división y separatismo”, que “el Ejército es, en esencia, el pueblo en armas, decidido a conquistar y defender la soberanía de su patria, incapaz de aceptar la dominación extranjera como un destino fatal” y que él “no vacila ni vacilará en defender la heredad nacional, en combatir con energía y patriotismo cualquier intento interno o externo de poner en peligro la obra de creación de nuestros libertadores”. Cambiando algunos términos, ambas arengas parecen haber sido copiadas de algunos discursos de dictadores militares que asolaron al país.

Para rematar, el ministro de Defensa dijo en tono mayestático que quienes “Hemos escuchado algunas voces discrepantes, cuestionadoras del discurso de nuestro comandante del Ejército (…) me sorprende porque son aquellos que precisamente pertenecen a la orientación de aquellos que se aferran a la historia oficial, a la historia de la dominación mental a ocultar la verdad histórica”.

Nunca olvido cuando el Novillo de su época evista, el 2016, haciendo campaña por la reelección indefinida, afirmó que si se perdía el referendo, ya verían en el gobierno y el MAS otras formas de hacer entender a la gente que la permanencia de Morales y García Linera en el poder es lo que le convenía…

Volviendo a nuestros guerreros, como han señalado varios entendidos, con su discurso el comandante violó la Constitución y la Ley de las FFAA. Respecto al primer caso, hay plena impunidad si de autoridad masista se trata. Pero, violar la Ley de las FFAA puede acarrearle algunos problemas.

Además, el discurso del militar da para hacer algunas inferencias. A saber, que este general ha sido elegido comandante precisamente por no sobresalir en su carrera militar.

Otra, que, como muestran varios episodios de nuestra historia, cuando algún jefe militar promete a un presidente su lealtad eterna y, más todavía, su disposición a morir en la defensa de los valores que postula, normalmente al poco tiempo comienza a conspirar.

Por lo dicho, me permito aconsejar al presidente y su ministro que en sus cuartos de guerra no solo deshojen margaritas preguntando si le creen, no le creen, poco, mucho, nada al apoyo del general… sino que se den cuenta que nos están conduciendo a un peligroso pantano…

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