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De lo malo siempre puede salir algo bueno, así sea solo un aprendizaje. Justamente, esto ha ocurrido en el año 2020, cuando en medio de la pandemia, y a pesar de todos los avatares que supuso la cuarentena rígida en Bolivia y el mundo, un sector brilló con luz propia en el país -el agropecuario- un bálsamo en medio de las malas noticias que continúan dándose hasta el día de hoy.

En efecto, en medio de todas las arideces derivadas de la cuasi paralización de los mercados y el aparato productivo por causa del coronavirus, la producción agrícola, pecuaria y agroindustrial no paró en Bolivia sino que garantizó el abastecimiento interno, generó excedentes para la exportación y contribuyó a que la balanza agropecuaria del país registrara un generoso superávit por cerca de 700 millones de dólares durante la gestión 2020, algo que definitivamente nos debería alegrar a todos, sin excepción, y ahora explicaré, por qué…

Si hay un sector productivo que es vital -porque tiene que ver con la vida misma- es el agro, y cuando nos referimos a él, no estamos hablando, sino, de la conjunción de esfuerzos que se da a lo largo de la virtuosa cadena productiva agrícola, pecuaria y agroindustrial para atender las necesidades del ser humano que precisa alimentarse, indefectiblemente, cada día.

Para que ello ocurra, alguien debe preocuparse de producir alimentos, para que haya una amplia oferta en el mercado, a precios accesibles, además: eso se llama seguridad alimentaria. Si a ello se añade el hecho de generar excedentes para la exportación, estaremos hablando entonces de soberanía alimentaria que se diferencia de la primera porque aquella se puede lograr importando productos, lo que lleva a una dependencia del abastecimiento externo (como el caso del trigo) mientras que la soberanía alimentaria implica producir por encima de nuestras propias necesidades y alimentar a millones de bocas en el mundo, como ocurre con la soya y sus derivados, que con un 20% nos basta y sobra para atender la demanda interna y el restante 80% se exporta.

Pero el mérito de la agroexportación en Bolivia no se limita solo a la soya, sino que entre los productos que tuvieron un destacadísimo crecimiento en 2020 -pese a la pandemia y la cuarentena- figuran: girasol y derivados, quinua, carne, azúcar, bananas, leche, frejol, palmito, café y cacao.

De tan importante grupo de alimentos que generó más de 1.300 millones de dólares por la exportación de 2,7 millones de toneladas, hay uno que merece ser especialmente destacado debido a su vertiginosa trayectoria: la carne bovina.

Según datos oficiales, la producción de carne de res en Bolivia era de 98.500 toneladas el año 2005, en números redondos. El trabajo de erradicación de la aftosa, el mejoramiento genético y la enorme inversión del sector ganadero a fin de atender un mercado interno en expansión, y con la mira puesta en la exportación, hizo crecer su producción hasta promediar las 200.000 toneladas en el último quinquenio, con un crecida del 50% desde entonces.

Un dato a destacar es que, entre el 2005 y 2020, la participación de Santa Cruz en la producción de carne bovina subió del 40% al 67%...¡digno de felicitar!

Ahora viene lo mejor: la exportación de carne de res en 2005 era de solo 1.125 toneladas por 2,2 millones de dólares; creció hasta superar los 10 millones en 2013; llegó a 24 millones de dólares con 5.144 toneladas en 2019, y el último récord de exportación -pese a la pandemia y la cuarentena- fue en 2020 lográndose 70 millones de dólares por casi 17.000 toneladas ¡como para tirar cohetes!

La exportación de carne de res entre 2005 y 2020 creció 3.137% en términos de valor y 1.381% en cuanto al volumen, dando cuenta que el éxito exportador se debió tanto al incremento del quantum como a la mejora del precio, ya que el promedio de venta de éste subió 120%, desde 1.923 $US/ton a 4.203 $US/ton. Este éxito tiene nombre y apellido: sinergia público-privada para abrir el megamercado de la China, que compró el 84% del total, en 2020.

Lecciones aprendidas durante la pandemia del COVID-19: 1) Así haya crisis sanitaria o económica, igual la gente debe comer; 2) La agropecuaria merece la mayor consideración, dada su importancia estratégica; 3) Juntos lo hacemos mejor: el trabajo público-privado es imperativo para producir más y abrir nuevos mercados externos; 4) La exportación ayuda a crecer, captar más divisas, generar más empleos e ingresos para el Estado boliviano; 5) Se puede exportar libremente sin descuidar el mercado interno; y, 6) En 2020 hubo exportación récord de carne y no faltó para la olla…¡ni para el churrasco!



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