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Legados y rituales en familia alimentan los lazos y las fiestas de fin de año

Lunes, 18 de diciembre de 2023 a las 19:00
En diciembre desempolvan los ‘tesoros’ y los ponen en el árbol navideño. La noche del 24 no es una fecha más, ni se limita a los regalos, también honra a los símbolos

Para algunos son figuras de yeso, para otros, historia y símbolos de amor. Son tesoros. Con la Nochebuena, Navidad, Año Nuevo y Día de Reyes, se alborota la sensibilidad familiar y se desempolvan objetos que llevan una gran carga emocional. Por lo general, la figura recurrente es la de Dios hecho niño.

Más allá de la decoración y de la estética, en muchas familias perdura la costumbre de poner en el pesebre a Jesús recién nacido. En esos hogares, ese niño tiene historia, digna de ser compartida.

Viviana Vargas espera por el 24 en la noche para poner en el pesebre al niño que le regaló su suegra hace 26 años.

“Yo tenía mi propio niño, que heredé de mi mamá. Cuando me casé, la figura se rompió y, al verme triste porque era un recuerdo de mi mamá fallecida, mi suegra me obsequió el de ella y me pidió que lo cuidara bien”, comparte Viviana.

En todo este tiempo el niño ha perdido dos dedos, que fueron restaurados. “Lo cuido como una reliquia porque es un regalo muy especial”, admite.

La suegra de Viviana está feliz con los cuidados y le agradece, pero también le recomienda que siga con ese mismo cariño cuando ella ya no esté con vida. “Quiere que yo lo herede a uno de mis hijos”, cuenta.

Cada 24 de diciembre, desde hace 26 años, Viviana, su esposo y sus hijos ponen a Jesús en el pesebre y oran alrededor de él, pidiendo salud y bienestar. En ese lugar se queda hasta el 6 de enero.

El mismo Día de Reyes lo llevan a misa para que lo bendigan, y después lo guardan hasta la próxima fiesta.

Antes de caer en manos de Viviana, el niño estuvo por dos décadas en casa de un tío abuelo, es decir que la figura de yeso tiene cerca de medio centenar de vida.

Foto: Viviana Vargas (crédito: Ricardo Montero)

La familia Cortez-Rojas vela el nacimiento del niño Jesús en casa desde hace una década, la misma cantidad de años que tiene el mayor de los dos hijos varones. La Nochebuena es esperada con rezos, galletas y la tradicional cena de medianoche.

Vivian Rojas de Cortez contó que todos los años el niño recibe un regalo de su familia. “Cada 24 de diciembre le obsequiamos algo, un juguete o adorno que colocamos en el arbolito, porque se trata de un infante”, indicó.

Esta familia adora al niño Jesús desde el día que se conmemora el nacimiento, el 24, hasta el 6 de enero del siguiente año. En esa fecha, después de rezar, levantan el pesebre hasta la siguiente Navidad.

Antes de esta tradición solo ponían el arbolito, sin niño, todo empezó con el nacimiento del segundo hijo, y mayor de los varones. “El niño Jesús llegó el mismo año en que llegó mi hijo Jorge Andrés”, compartió el significado.

Fotos: Vivian Rojas de Cortez con sus hijos y su niño Jesús (Crédito: Jorge Gutiérrez)

Hace 40 años que Martha Cortez vive en Buenos Aires, en el barrio La Boca, y como buena boliviana, hasta allá se llevó sus tradiciones.

Su compadre le obsequió un niño de yeso, era de su esposa fallecida, lo adquirió en Bolivia, y desde hace tres décadas, cuando lo recibió, todos los 24 de diciembre Martha lo lleva a misa y lo pone sobre el pesebre de la iglesia Los Inmigrantes. Después le pide al cura que bendiga a su pequeña y simbólica figura, para regresarlo a casa, donde ya lo coloca en el nacimiento que armó en su hogar.

Para Martha, la Navidad es una fiesta familiar, por eso trata de pasarla en casa, pero cada vez que le ha tocado compartir esa fecha en otro lugar, lleva consigo a Jesús.

Según sus tradiciones, el niño es travieso y no hay que dejarlo solo, mucho menos con velas cerca. “Me lo llevo y lo pongo en el pesebre de la familia que me invitó, no lo dejo solo porque es su nacimiento, además hay la costumbre de encenderle velitas, y como el niño es travieso, puede pasar algo. Son creencias de Bolivia”, aseguró.

También agregó que el niño no se compra, que las tradiciones de su país de origen mandan intercambiarlo con algún ser querido.

Freddy Imaña tiene en casa un niñito Jesús de origen cusqueño, que era de su abuela paterna. Ella se lo regaló al ser el varón mayor de esa familia. La imagen tiene más de 50 años de vida, pero la mayor parte estuvieron en manos de la abuela.

Como acostumbran en muchos hogares, en casa de Freddy también se coloca al Jesús cusqueño en el pesebre en la noche del 24, justo cuando se conmemora su nacimiento. 

María Esther Franco heredó al niñito Jesús de su abuelita materna, su ‘mamá Celia’. “Fue una bendición muy grande para mí porque me crie con él”, dijo.

El mismo niño que estuvo presente en los mejores recuerdos de su niñez, hoy está en la sala de su hogar. “Son recuerdos imborrables.

El niñito Jesús pasó a ser parte de todas mis navidades, tanto en casa de mis abuelos, como donde mis padres, y ahora en mi hogar, con mis hijos y nietas. Juntos seguimos la tradición de festejarle el nacimiento, cantándole a medianoche el “Cumpleaños feliz”, se emociona.

El niño fue traído de España, según María Esther, debe tener más de cien años. “Tiene unos ojos bellísimos, parece real”, dice.

Fotos:  A la izquierda, el niño Jesús de María Esther Franco. A la derecha, Martha Cortez, con su niño en Argentina

La ‘otra’ Navidad
Aunque tiene detractores, sobre todo entre los creyentes cristianos, la figura de Papá Noel ha irrumpido en las fiestas de fin de año. Este sincretismo ha ocasionado que convivan los arbolitos con el niño Jesús, y un ‘Santa’ que también se une a la Nochebuena para entregar regalos.

Rafael Suárez es uno de los que personifica a Papá Noel. Su barba inmaculada, sin ‘postizos’, lo han convertido en invitado a varios festejos, tanto en hogares de niños como en eventos eempresariales.

Tiene 70 años, es de Cachuela Esperanza, en Beni, es bisnieto de Nicolás Suárez y ofrece sus servicios en campañas para albergues infantiles, hospitales, hogares, y acontecimientos comerciales.

Hace ocho años que interpreta al personaje navideño, esto empezó porque le encanta la convivencia con los niños, que se vuelven locos al verlo, y más con su barba natural que invita a creer.

Ha estado en varios lugares de Brasil interpretando a este personaje y este rol también le ha permitido conocer la forma de ver la vida de los más pequeños.

Se ha conmovido con el abrazo de niños con capacidades especiales y comparte sus propios deseos, “que el mundo cambie la forma que estamos viviendo. Estamos desvalorizando mucho el amor a los niños”, dice, y confiesa que a menudo los abrazos de pequeños tienen sed de amor. Se derrite con eso.

Foto: Rafael Suárez, un Papá Noel beniano

PARA SABER
NO SE COMPRA
Hay quienes creen que la imagen de yeso del niño Jesús debe ser obsequiada o intercambiada, pero no comprada.

SERVICIOS DE PAPÁ NOEL
Rafael Suárez ofrece sus servicios como ‘Santa’ desde hace ocho años. Su número de contacto es el 755-25438

Fotos: Rafael Suárez (Crédito: Fuad Landívar)

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