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Es accesible y amable, pero hablar con ella es difícil. Asume una posición defensiva muy fácilmente. Con esa actitud pareciera hacerle frente a la presión que carga sobre la espalda. Sus correligionarios la respetan y lo dicen, pero también es evidente que marcan distancia cuando se refieren a Lidia Patty, la exdiputada del MAS, de 52 años, que proviene de Charazani, la tierra de los Kallawayas y que soporta el peso de ser el rostro acusador por los delitos de terrorismo, sedición y conspiración contra la expresidenta Jeanine Áñez. En sus acusaciones también figuran exministros, líderes opositores y ex jefes militares y policiales. Por este caso, Áñez se encuentra con detención preventiva en el penal de Miraflores desde hace más de cuatro meses.

Patty fue dirigente de la Nación Kallawaya, concejal del municipio Charazani, secretaria de la Federación de Mujeres Bartolina Sisa y educadora en Sedeges, antes de ser diputada suplente del MAS en el período 2015-2020.

Su mandato parlamentario concluyó a finales de octubre del año pasado. Fue prácticamente anónima en la Asamblea Legislativa. Cobró notoriedad con la denuncia en contra de la expresidenta Áñez.

La exlegisladora se resiste a informar a qué se dedica actualmente. “Los desafío a que investiguen (en qué trabajo). Tengo conocimientos de artesanía y de docencia. No hay nada que ocultar. Tampoco diré en qué trabajo ni cómo me sostengo, averigüen”. El abogado de Jeanine Áñez, Luis Adolfo Guillén, la menciona como la exasambleísta “denunciante de lo que supuestamente ocurrió durante la sucesión constitucional y que la Fiscalía le concedió equivocadamente la calidad de víctima, porque nunca se especificó en qué fue afectada”.

En esa denuncia, Patty no fijó su domicilio procesal en la ciudad de La Paz, sino en la comunidad Niño Corín, provincia Bautista Saavedra, Charazani. “Mi municipio es conocido por la nación kallawaaya, que somos nosotros”.

Según la Unesco, la actividad principal de los kallawayas es el ejercicio de una medicina ancestral a la que están asociados diversos ritos y ceremonias que constituyen la base de la economía local. La cosmovisión andina de la cultura kallawaya abarca todo un acervo coherente de mitos, ritos, valores y expresiones artísticas. Sus técnicas medicinales, basadas en los sistemas de creencias de los antiguos pueblos indígenas de los Andes tienen reconocimiento en Bolivia y en numerosos países de América del Sur, donde ejercen los médicos-sacerdotes kallawayas.

Este arte de curación, que está reservado a los hombres, procede de un conocimiento extraordinario de la farmacopea animal, mineral y botánica.

También tienen facultades como predecir el futuro, a través de la lectura de coca. “Las mujeres también formamos parte de estos conocimientos, pero de forma más reservada. El Kallawaya nace con sus conocimientos, se pasan de generación en generación”, dice ella.

Lidia Patty comentó que “vemos la coca, curamos con plantas medicinales”. Sin embargo, cuando se le preguntó si había visto a través de la hoja el resultado del juicio en contra de Jeanine Áñez, y probablemente contra políticos opositores, como Carlos Mesa y Luis Fernando Camacho, respondió: “Todavía no he visto nada relacionado con eso”.

Conocidos

Juanita Ancieta, exejecutiva de las Bartolinas y actual asambleísta departamental de Cochabamba, tiene un alto concepto de Patty. “Es una hermana a la que conocemos de años, mujer valiente, que mostró su firmeza como denunciante en el proceso contra la dictadura”. Pero, cuando se le preguntó si el contacto que mantiene con ella es cercano, admitió que no. “Coordinamos a nivel organizacional y alguna vez nos vemos en los eventos nacionales”, dijo.

El expresidente de Diputados Víctor Borda (MAS) la considera una mujer “valiente, que inició un proceso para establecer la verdad histórica de los sucesos de 2019”. Recordó que Patty fue diputada suplente de Manuel Canelas y que asumió la titularidad en 2018, cuando el asambleísta fue designado viceministro de Planificación y Coordinación.

“Recuerdo que se sentaba en el primer curul, a la izquierda de la testera. Se pasaba horas investigando hechos para exponer en el pleno. Era una de las pocas colegas que hablaba permanente. Otros iban a calentar el asiento”, dijo.

Sin embargo, no mantiene contacto con ella, pese a que la anterior semana él estuvo en La Paz y declaró como testigo en la Fiscalía por el caso de terrorismo, sedición y conspiración. “La última vez que hablé con ella fue hace seis meses atrás, me marcó para consultar si podía colocarme en la demanda como denunciante y yo acepté”.

Ni Evo Morales ni Álvaro García Linera, las principales “víctimas” de la acusación, según la Fiscalía, tienen contacto con ella. “Yo he pedido varias veces, mediante los medios de comunicación, que vengan a declarar como víctimas, voluntariamente, pero quizá el expresidente teme”, manifestó Patty. El 5 de julio, Morales adelantó que no corresponde que sea citado a declarar. “No tengo ninguna información ni tampoco corresponde que me llamen”, aseguró.

Procedimientos

Tras la denuncia de Lidia Patty, el primer convocado fue Óscar Antonio de la Fuente Amelunge, considerado uno de los testigos claves para que la Fiscalía configure este caso contra Áñez. Personas relacionadas con el proceso dijeron que De la Fuente es “muy cercano” a la exlegisladora y, en realidad, es quien estaría detrás de ella en el proceso. En su declaración del 21 de diciembre de 2020, De la Fuente asistió a declarar porque el abogado de Lidia Patty lo había llamado para ofrecerlo como testigo.

Relató que acudió el 12 de noviembre de 2019 a la Asamblea Legislativa convocado por varias asambleístas del MAS, a las que identifica como ‘de pasillo’. “No les cobré ni un centavo, me llamaron por mi experiencia en los hechos de 2003, en los que fui asesor porque ese año era dirigente del Banco Central”.

Afirmó que cuando se encontró con los legisladores del MAS ese 12 de noviembre, tenían una instrucción, “no sé de quién, para que renuncien. Los convencí de que no lo hicieran. Yo declaré porque fui testigo de lo que pasó ese día en la plaza Murillo, del comportamiento de la Policía y de las FFAA, que habían sacado tanques y aviones de guerra volaban por la ciudad”.

La declaración de este testigo, incurre en la misma inexactitud de la exdiputada Susana Rivero (MAS) porque afirma que entre la renuncia de Evo Morales y el día que asumió Áñez había tanques y aviones sobrevolando la ciudad, lo que no fue evidente.

Luego complementó: “Soy un conocido de Lidia Patty. No soy su amigo, nunca fui a su casa, no sé dónde vive. Habré hablado con ella cinco veces en toda mi vida. No soy empleado de ella ni tampoco nunca trabajé en el Estado”.

Marca más distancia de ella y lamenta que la Fiscalía hubiera utilizado su declaración para sustentar procesos en contra de la expresidenta Jeanine Áñez, sus exministros y otras autoridades.

“Yo hablé de los abusos policiales y militares que pude ver esos días. Ni siquiera se menciona la palabra golpe en el proceso, sino terrorismo, sedición y conspiración”, manifestó el testigo.

“Ni siquiera hablé de Jeanine Áñez; vea mi declaración, en ningún momento la menciono y me ponen de testigo clave para su detención. No entiendo”, dijo.

Pero luego, sale en defensa de la principal acusadora. “A la señora Lidia Patty nadie le paga un peso, tampoco a su abogado, para que inicien y sostengan este proceso. Supe que ella le paga algo de sus recursos al jurista”.

Lamentó que la ataquen, la discriminen y la juzguen por todas partes. Primero, estableció con total seguridad, que no le pagaron.

Segundo, confirmó que Patty recibe seguridad del Estado. “Sé por su abogado que ella ha pedido medidas de protección, por los ataques que recibió. El Ministerio de Gobierno sí se la ha asignado”.

Explicó que no es un guardaespaldas las 24 horas del día, sino que cuando está ante un evento o siente su seguridad amenazada en determinado lugar. “Le dieron un número telefónico para que ella solicite que la acompañen. No es que tiene un matón al lado. Siento que ella sigue siendo una víctima”, aseveró.

Cuando se le preguntó lo mismo a Lidia Patty, ella señaló que la seguridad no es permanente. “No le voy a decir a quién tengo que llamar, si es al ministro o a otra persona, porque ustedes los periodistas tergiversan”.

Luego señaló que un don que ella tiene es leer las miradas. “A través de ellas reconozco a la gente”. Reiteró que no tiene casa en La Paz. “Cuando llego para las gestiones del proceso, me quedo en un lugar o en otro. Tengo mucho miedo, porque soy perseguida, pero quiero justicia”, señaló.

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