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8 de abril de 2024, 4:00 AM
8 de abril de 2024, 4:00 AM

Claudia Vaca| FILÓLOGA Y ESCRITORA

La literatura infantil y juvenil cumple un rol fundamental para el desarrollo educativo y humano de los países. Es evidente que, en países con un alto perfeccionamiento intelectual, mejores posiciones en los rankings de las pruebas PISA (El informe del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes o Informe PISA es un estudio llevado a cabo por la OCDE a nivel mundial que mide el rendimiento académico de los estudiantes en matemáticas, ciencia y lectura).

Además de un progreso notable en los ámbitos político, económico, social, industrial, literario, educativo y tecnológico, la valoración y el respeto hacia la literatura infantil y juvenil son prioridades arraigadas.

Claro está que la literatura escrita para la niñez y juventud no solo entretiene, sino que también despierta la imaginación, fomenta la reflexión, estimula el pensamiento crítico y creativo, cultiva los principios, la ética que guiará a las futuras generaciones de los países.

En Bolivia, la escritura y promoción de la literatura infantil y juvenil es fundamental para cultivar una generación de adultos pensantes y con principios claros, en este sentido la labor de la Academia Boliviana de Literatura Infantil y juvenil (ABLIJ) es fundamental, y lo hacen excepcionalmente, con un amplio reconocimiento por parte de sus homólogas en distintos países del mundo. Hace poco ingresó a dicha Academia, la escritora Carolina Loureiro, cuya obra literaria fascina con sus historias mágicas y evocadoras, es un ejemplo perfecto de cómo la literatura puede inspirar, educar y transformar.

“Hipocleto, el cuidador de sueños” y “El árbol de Anselmo”, son dos obras emblemáticas de Loureiro, encierran en sus páginas un universo de fantasía y magia que cautiva a lectores de todas las edades. Nos sumerge en un viaje onírico donde los sueños se convierten en tesoros que moldean la vida de su protagonista, y las pesadillas atentan con quitarle esos tesoros.

Es un libro clave para cultivar la fuerza de voluntad, el poder de la mente.

Por otro lado, “El árbol de Anselmo” nos transporta a un mundo donde la naturaleza es protagonista, cobrando vida de una manera mágica y encantadora, el desierto que puede ser la vida, la aridez mental, si bien la obra está contextualizada en lugares concretos, cuando leemos a Loureiro, la presencia de metáforas y giros semánticos es inevitable.

Anselmo vive en el desierto, sueña con conocer un árbol real, en su escuela le han mostrado uno, decide viajar con su abuelo, para encontrarse con el árbol. La genealogía familiar, la búsqueda existencial atraviesa esta obra, es una joya literaria para niños y grandes. Por otro lado, en Santa Cruz, Bolivia, tenemos un clásico, poco visitado, pero que refleja la realidad y los temas pendientes con la niñez del país, y es la obra “Paquito de las Salves”, en la versión de poema pastoril de Marcelino Montero, y también la versión de Jorge Suárez.

En conclusión, la literatura infantil y juvenil desempeña un papel crucial en la formación de individuos íntegros y conscientes de su entorno.

Es responsabilidad de todos fomentar el amor por la lectura y garantizar el acceso a una amplia variedad de obras que enriquezcan el crecimiento personal y cultural de cada individuo que habita este mundo, en distintas latitudes del planeta, pero más aún, en países donde el respeto por la niñez y juventud brilla por su ausencia.



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