Escucha esta nota aquí

“Puede faltarles todo, menos sensibilidad y vocación de servicio”, dice Daniela Justiniano, de la organización Alas Chiquitanas, que trabaja codo a codo con los bomberos, consiguiendo donaciones para que ellos luchen con las llamas en condiciones mínimamente decentes.

El año 2019 marcó un antes y un después. Con la catástrofe por el fuego nacieron una serie de grupos de bomberos voluntarios, pero también de organizaciones como Alas Chiquitanas. “Me emociona pensar en ellos. Nosotros nacimos por ellos, porque veíamos la desesperación y el sufrimiento, las autoridades los olvidan”, agrega Justiniano, con la voz quebrantada.

Para ella, los bomberos merecen ser mejor tratados. Cree que cada año deberían renovarles los equipos porque hacen hasta el trabajo de rescatar gatos, perros, ahogados y accidentados. “Hacen de todo y no tienen lo mínimo necesario; no es justo, ellos no tienen color político, no tendrían que ser de un partido para recibir ayuda. Defienden lo que es de todos, el bien común, el patrimonio natural”, aseveró.En estos días, Justiniano ha estado entregando herramientas y algunos Equipos de Protección Personal (EPP). Puso de ejemplo a Los Pioneros de San Ignacio de Velasco, un grupo que se formó hace un par de meses, luego de que los despidieron de la Alcaldía, tras el cambio de gestión, a pesar de que fueron formados por cinco años por la Gobernación de Santa Cruz.

“Todo es por cuoteo político, entra gente nueva que no tiene idea de nada. Los Pioneros se fueron a atender incendios con la ropa que tenían. Lo que vale es la gente que conoce el terreno y los procedimientos, no es nomás sacar a unos por otros”, criticó.

Tito Arana, de la Fundación para la Conservación del Bosque Seco Chiquitano (FCBC), este fin de semana se quedó esperando que asistan todos los nuevos bomberos municipales de San Ignacio a una capacitación. “Son nuevos, sin experiencia ni voluntad para aprender, solo vinieron cuatro de ellos, y por medio día”, lamentó.

Sin embargo, aplaudió la voluntad de los bomberos de las zonas más alejadas, ya que se logró capacitar a 30 voluntarios de 11 comunidades de San Ignacio, y se les entregó equipos para las cuatro brigadas conformadas, para Santa Martha, Candelaria, Villa Cruz (San Miguel) y San Pablo (San Rafael).

Ibis Gómez es el coordinador de Los Pioneros, esta semana recibió antiparras, rastrillos, machetes, guantes, botas, remedios, mochilas, etc., de parte de Alas Chiquitanas y de Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN), pero les faltan los uniformes especiales y un vehículo, aunque saben que primero tienen que sacar su personería jurídica. Tampoco tienen seguro médico, pero no lo tenían ni cuando hacían de bomberos y gendarmes municipales.

A pesar de ser los despedidos de San Ignacio, ya acudieron para apoyar los incendios en la comunidad San Bartolo y no tienen problema con apoyar al municipio. No les interesa que les llamen héroes. “Hacemos voluntariado porque queremos a nuestra región, amamos la naturaleza, nos hemos criado en la zona. El tema medioambiental no solo juega con el futuro de nuestros hijos, con el de nosotros también. Todos son héroes, hasta el que da su granito de arena para que tengamos rehidratante o remedios”, dijo Gómez.

Ibis Gómez tiene 40 años, familia, y se busca la vida como puede, igual que sus compañeros, unos son mototaxistas, otros viven de otros oficios del día a día. En similar situación está Joselito Tomichá (30), capitán de los bomberos voluntarios Saviors Pantaneros, que deja todo, su trabajo como mototaxista, o el eventual como supervisor de barcazas en Puerto Jennifer, cada vez que hay emergencia.

Joselito dice que deja todo por amor a su patria y a la naturaleza, y recuerda que sintió profundo dolor cuando vio animales y flora calcinados en 2019.

No tienen vehículo como agrupación, antes ocupaban los de cada voluntario, pero están en malas condiciones. La mayoría tiene motocicleta, pero no es óptimo para meterse a las zonas de fuego.

Sobre la gente que provoca el fuego y la indiferencia de algunas autoridades, dice que deja todo en manos de Dios. “Hay un Dios en el cielo al que nada se puede ocultar, ve de qué está hecho cada ser humano, es el mismo que nos protege en cada momento que asistimos a los incendios”, sostuvo.

Una de las cosas más molestas para estos voluntarios es la práctica de los cazadores que aguardan detrás de las llamas, esperando que los animales salgan desesperados para dispararles.

“Mientras combatimos el fuego, escuchamos los disparos, como estamos ocupados no podemos seguir a los cazadores, le dijimos a la Policía, que nada hizo. Nos arriesgamos para salvar la naturaleza, nos exponemos, y encima vienen los inconscientes y los matan. Esa es nuestra frustración y desesperación”, se sincera Tomichá.



Le da igual si le dicen héroe, “lo hacemos de corazón”, pero prefiere más ayuda y menos aplausos. Puso como ejemplo que mandaron carta al Ministerio de Gobierno, pidiendo vehículo, “al menos debieron responder para decir que no podían”, sostuvo.

Santos Mamani viene de las alturas, es guardaparques de Cotapata, en La Paz, llegó con una comitiva del Servicio Nacional de Áreas Protegidas (Sernap) para apoyar las labores en la Chiquitania. Con él también llegó Saúl Zambrana, del Parque Nacional Madidi, ambos con conocimientos en la lucha contra el fuego.

Si bien algunos de los guardaparques tienen uniformes por la donación de organizaciones, no es el caso de todos. Por lo general, y de acuerdo a un sondeo entre una docena de ellos, tienen que trabajar con las botas y la ropa con la que se mueven en sus áreas protegidas. Explicaron que les dotan una vez al año con la ropa y los zapatos, y que si se dañan, deben correr con la compra.

Otro de los enviados a los incendios es Marcos Uzquiano, jefe de protección del Madidi, que antes de partir fue notificado por carta, a la que accedió EL DEBER, en la que le dan a conocer su nuevo destino, la Estación Biológica de Beni, misma área protegida a la que renunció Carola Vaca, la primera mujer guardaparque del país, aduciendo la presión de grupos políticos, que denunció públicamente en su momento.

“Por razones presupuestarias se le hace conocer que la entidad no reconocerá pago adicional al presente memorándum”, dice el documento, aludiendo a los gastos para la movilización de una a otra área.

El cambio de Uzquiano se dio después de una carta al Sernap, de parte de la Federación Regional de Cooperativas Mineras Auríferas del Norte de La Paz, en la que exigían la destitución de Uzquiano, por “violencia sicológica y física”. Asimismo, los cooperativistas, en otro voto resolutivo, conminaban al Gobierno a “rezonificar las áreas protegidas”.

De acuerdo a uno de los guardaparques, que prefirió guardar el anonimato, el Madidi es una de las zonas más asediadas por la minería, la tala de madera e incluso por el narcotráfico.

Desde Río de pie, explicaron que en las áreas protegidas piden todo, hasta pasta dental porque todo les falta. “No sirven los vehículos todo el año, pero llegan los incendios y se sienta la falta de los motorizados”, dijeron.

Asimismo, lamentaron que los guardaparques anden a pie, mientras los directores usan los vehículos para movilizarse, o las cisternas están paradas mientras se pide auxilio; pusieron como ejemplo el caso de AMNI San Matías.

La docena de guardaparques sondeados reconoció que cuentan con seguro de la Caja Nacional de Salud (CNS), pero coincidió en que tenían mejores condiciones hasta 2011, y que desde entonces empezaron a quitarles o disminuirles beneficios, como la indumentaria, los equipos para trabajar en campo (cocinillas, linternas, GPS), el seguro de vida que era de 20 mil dólares y hoy es de mil. Además de la falta de capacitaciones, aproximadamente desde 2018.

“Deben dejar de quemar y dennos condiciones mínimas, no somos robots, aspiramos el humo, la ceniza y nuestro ciclo de vida se acorta al ingresar a esos lugares y estar en primera línea, arriesgamos la vida, detrás de cada uno hay familias”, pidió uno de los guardaparques, que pidió no dar su nombre para evitar represalias.

Sobre los militares, Ibis Gómez reconoció que los “soldaditos” son una parte operativa importante en la lucha contra los incendios, pero muchas veces sin el conocimiento necesario. “Se los capacita y hacen lo que se puede, comandándolos nosotros los voluntarios y la Gobernación, porque la instrucción que tienen es pobre”, dijo.

Daniela Justiniano lamentó la condición de trabajo de los soldados. En 2019, cuando hubo fuego en San Javier, dice que los mandaron con una bolsa de mandarinas. “Tuvimos que conseguirles algo para comer, fue un desastre. Además, cómo pueden tener experiencia si cada año son otros nuevos, son muy jovencitos”, indicó, aludiendo a que eso hace más difícil dotarles con EPP, y que además es más burocrático darles a los que dependen de algún nivel del Estado, como también sucede con los guardaparques.“El fuego no espera a la burocracia. No solo son hectáreas, es vida lo que se quema”, dijo Justiniano, que puso como ejemplo el bloqueo que se impone para aceptar donaciones de carros bomberos, si estos no cumplen con cierta antigüedad.

Transparencia cuestionada

La organización Ríos de Pie emitió un pronunciamiento en sus redes sociales, en el que cuestionaba la falta de transparencia en la administración de las donaciones.

“Denunciamos que los incendios no acabarán si seguimos cometiendo los mismos incendios. Entendemos que hay desgaste en el uso de las herramientas para combatir el fuego, pero también falta de transparencia en el manejo de los recursos en los tres niveles de gobierno”, dijeron.

En el pronunciamiento, dijeron que el Ministerio de Defensa anunció importantes fondos, y que a pesar de eso han recibido requerimientos, incluso de los militares, y que sea la ciudadanía la que nuevamente se organice, mientras los bomberos ponen en riesgo sus vidas.

Yovenka Rosado, de la Gobernación, dijo que todo se ha usado para los grupos voluntarios con el control correspondiente, y descargo, y para el fortalecimiento, y que todas las actas fueron remitidas a Usaid, el donante.

Comentarios