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9 de noviembre de 2023, 3:00 AM
9 de noviembre de 2023, 3:00 AM

Luis Arce Catacora ya comenzó su cuarto año de mandato y lo hizo con un extenso mensaje al país. El contexto está marcado por un escenario de conflictividad que se impulsa desde una corriente masista, convertida en la principal fuerza opositora, en las calles y en el Legislativo. El primer mandatario sabe que tiene al frente a un adversario de peligro y así lo ha reflejado en su discurso al utilizar palabras que reflejan inquietud: guerra híbrida, sabotaje e incluso mencionó que hay quienes sueñan con un acortamiento del mandato presidencial.

Lo que ha quedado muy claro es que el presidente está orgulloso del Modelo Económico Social Productivo y que está convencido de que es un mecanismo capaz de adaptarse a cualquier coyuntura interna o externa. Esa postura responde a quienes lo critican por no adecuar el timón a las aguas turbulentas por las que atraviesa la economía. Eso sí, en esta ocasión, Luis Arce admite que “la economía de Bolivia enfrenta problemas y desafíos”.

El más importante, para su gobierno, es lograr la industrialización, a la que ve “morosa”, pero considera que es el mayor reto de este momento. Arce se ha vanagloriado de que en su gestión se crearon 150 plantas industriales (se infiere que todas son estatales) y comprometió una inversión de más de 2.800 millones de dólares en plantas de carbonato de litio, biocombustibles, etc. El presidente resalta la participación del Estado como actor económico, pero no toma en cuenta la falta de capitales extranjeros e internos privados en la economía nacional.

A lo anterior hay que decir que es una buena señal que el sector agropecuario y el Gobierno tengan conversaciones y que estén avanzando en temas que antes eran mala palabra, como la biotecnología por ejemplo. No obstante, aún se espera que el Gobierno y su conductor entiendan la importancia de liberar las exportaciones como una forma de incentivar la productividad y calidad.

Esta vez sí mencionó el narcotráfico y aseguró que su gobierno avanza, tanto en la interdicción, como en la integración de organismos multilaterales que demandan que los consumidores también asuman su parte de responsabilidad y en la búsqueda de coordinación internacional para capturar a los narcotraficantes.

Luis Arce también hizo anuncios importantes: la intervención de Derechos Reales para reformar esta entidad, la demanda de que 100.000 abogados se alineen con principios básicos de la Constitución para mejorar la justicia, así como la evaluación de los estudiantes de primaria y secundaria para tener un diagnóstico, quizás una de las mejores noticias del político.

Casi al final del mensaje parafraseó a Marcelo Quiroga Santa Cruz, cuando habla de estar dispuesto a pagar el precio (de ser líder político) y de que quieren anularlo, aun físicamente.

El mandato de Luis Arce entró a la recta final y el escenario es complejo (él lo sabe); por eso cuestionó los bloqueos y a sus detractores. De las comunicaciones, no son los medios los que le preocupan, sino las redes sociales.

El año que viene será político y electoral. Es previsible que la conflictividad escale muchos peldaños y al presidente se lo ha notado preocupado por la gobernabilidad. Ahora el MAS no tiene mayoría legislativa ni puede imponer leyes, tendrá que aprender a dialogar para hallar consensos. Todo esto plantea un escenario diferente y nuevo, la democracia tiene una nueva oportunidad para fortalecerse, aunque para ello habrá que dejar atrás la imagen de gobierno autoritario, debido a la cantidad de presos políticos.

En todo caso, los dos últimos años antes del Bicentenario son desafiantes. Es de esperar que recorrerlos implique escuchar las voces ciudadanas y darles respuesta; que se acaben los presos políticos; que la justicia deje de ser el grillete de la democracia y que los bolivianos reciban el impulso para dar fin a la confrontación. Por ahora es una ilusión que puede hacerse posible. Eso sí cambiaría la historia a fondo.

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